Cultura

‘No te olvidaré’: nada más que ‘fast food’

Cine

‘No te olvidaré’ recurre a fórmulas conocidas y frases superficiales. Lejos de explorar el amor o la memoria, termina siendo una comedia ligera que se agota pronto.

Hay algo humano en la necesidad de recordar. Debe ser algo realmente neurótico ¡y lo peor! Uno suele recordar y sentir nostalgia por muchas cosas que no valieron la pena. Este es el caso de la película No te olvidaré. Salí del cine e incluso miré a mi acompañante avejentado: la comedia romántica que acabábamos de ver, llena de veinteañeros tratando de convencernos de que sienten algo al interior de la pantalla era lo que nos había envejecido y no directamente la edad. Supongamos que tomamos una cucharada de Woody Allen y siete cucharadas de azúcar refinada para hacer este guion. Sería una decisión cruel, una nota a pie de página sospechosamente larga sobre todo lo que es necesario vivir. Ahora bien, si uno lo piensa, el título es bueno en tanto maldición: No te olvidaré. Como las relaciones que suelen tenerse al inicio de la vida adulta.

​Pero vamos a los dispositivos narrativos de esta película. La primera tragedia de No te olvidaré es que no trata sobre la memoria sino sobre la incapacidad de olvidar fórmulas narrativas. Durante la primera escena sucede: chico conoce a chica. Estamos en una cafetería diseñada por uno que ha visto muchas comedias románticas, pero ninguna cafetería real. La luz, faltaba más, respira desde las tazas. Se trata de que su humito serpenteante ondule en espiral hacia fuera de Cámara. Aquí se encuentran, Él y Ella. Los nombres no importan y, mejor, olvidarlos. La idea de la directora y de los protagonistas es que cuando uno conoce a la media naranja debe sacar del pozo de sus recuerdos (para seguir el método Stanislavski) un ataque de pánico. Luego sabemos que no, que se han gustado y las tazas siguen humeando en contrapunto tibial con el aire. Ella, para parecer interesante, le comenta algo infumable: Kierkegaard o algo así. Y conforme avanza la trama y vienen encuentros y desencuentros, cualquier filosofía del paso del tiempo, de la memoria o el desamor, deje de ser importante. Porque ni siquiera con el guion más sutil la mejor actriz del mundo puede establecer para el espectador una tesis emocional. Pienso en Bergson. Para él, la memoria era un flujo vivo e impredecible. La de No te olvidaré es como un celular repleto de fotografías y videos que a nadie le interesa ver. O una memoria ZIP de esas que uno guarda para olvidar. Pensemos en esta otra escena que tiene lugar bajo la lluvia —¡por supuesto!—. Para legitimar cualquier emoción, los directores inexpertos hacen que sus protagonistas reciten tonterías bajo un chubasco más o menos regular: prométeme que no me olvidarás, dice ella. Uno tiene ya ganas de levantarse en la sala y gritar: ¿pero por qué no? Por qué tanta insistencia en recordar cosas estúpidas y, en suma, cualquier frase estúpida. El olvido es legítimo cuidado mental, criba cualquier emoción nuestra. Pero ellos discuten. O más bien, intercambian frases que han sido cuidadosamente diseñadas para ser citadas en redes sociales.

En un sentido emocional, No te olvidaré es fast food; hecha para que se recuerde como una gran atracón. Después de una hamburguesa hay cierta satisfacción, cierta sonrisa (sincera) de todos los empleados. Pero se olvida de inmediato. Así pasa con No te olvidaré: predecible, digerida, diseñada para satisfacer sin nutrir. En el caso de la comida rápida, se ha mostrado que atrofia el hígado de quien la come. Creo que, de modo mucho más sutil, películas como esta producen el mismo resultado fatal.

¿Dónde ver No te olvidaré?

La película dirigida por Vanessa Caswill se encuentra en la cartelera de cadenas comerciales del país. 

No te olvidaré

Dirección: Vanessa Caswill | Estados Unidos, 2026.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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