Cultura

Nicolás Pereda, director de ‘Lo demás es ruido’: “Me divierte reírme de mi mundo”

Entrevista

Entre las tensiones del gremio artístico y las relaciones familiares, Nicolás Pereda construye en ‘Lo demás es ruido’ un retrato irónico del mundo de la música clásica contemporánea y rinde homenaje a su madre, la compositora Marcela Rodríguez.

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Su filme Lo demás es ruido (2026) viene de ganar los premios en largometraje de ficción a Mejor Director para él y a Mejor Actriz para Teresita Sánchez en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), que ya en 2007 galardonó a su ópera prima, ¿Dónde están sus historias?, como Mejor Película. Hijo de la compositora Marcela Rodríguez y del filósofo Carlos Peralta; hermano de la productora y directora teatral Catalina Pereda y sobrino de la actriz y también directora de escena Jesusa Rodríguez, Nicolás Pereda (Ciudad de México, 1982) enfoca su más reciente trabajo en el gremio artístico, el de las compositoras clásicas, en lo que reconoce como “un homenaje” a su madre. Aclara a Laberinto que el título alude a Hamlet a través de la lectura del estudio del crítico musical Alex Ross, The Rest Is Noise: Listening to the Twentieth Century (2007), que se contrapone a la última frase del personaje de Shakespeare (“The rest is silence”), pero que Luis Gago tradujo para la editorial Seix Barral como El ruido eterno. Escuchar el siglo XX a través de su música.

“Ross lo tomó de Hamlet y yo lo tomé de su libro. No hay vínculo directo con Hamlet. El título de mi película hace referencia a The rest is noise”, puntualiza Pereda, sobre las palabras del príncipe de Dinamarca que el poeta francés Paul Verlaine parodia en el último verso de su poema “Art poétique”, en el que antepone la música al resto de las cosas e incluso a la misma poesía: “Y lo demás es literatura”.

Después de su estreno mundial en el Fórum de la Berlinale en febrero pasado y de su éxito en Morelia en octubre, Lo demás es ruido forma parte de la selección de premieres del Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM), que se lleva a cabo del 5 al 15 de noviembre en distintas sedes y que entrega la Medalla Filmoteca de la UNAM a los cineastas July Delpy y Ryūsuke Hamaguchi. Ya en el Ficunam Pereda obtuvo reconocimientos a Mejor Película por El palacio, en 2014, sobre 17 mujeres que viven en una casa, y por Minotauro, en 2016, sobre tres treintañeros en un departamento.

Con la tropa de actores que lo acompañan desde hace veinte años (Teresita Sánchez, Rosa Estela Juárez Vargas, Luisa Pardo, Lázaro G. Rodríguez, Francisco Barreiro) y producción de su hermana Catalina Pereda y Kristina Konrad, la historia parte de un guion del cineasta y de Juan Francisco Maldonado, pero con caprichos del azar durante el rodaje, muy frecuentes en su cinematografía.

La primera escena, la única en exteriores, parece una larga coreografía desesperada de automóviles atrapados en el tráfico en un crucero de Ciudad de México, vista desde lo alto, presuntamente desde la ventana del departamento donde transcurre la acción, mientras las notas de un violonchelo anticipan a quienes serán las protagonistas de la película: tres mujeres dedicadas a la música contemporánea.

Con sus personajes siempre llamados con los nombres de los actores que los interpretan y que juegan a la no actuación, la trama se basa en que la compositora Rosa pide a su colega Teresa que le permita recibir en su departamento a un reportero y a un camarógrafo, que le harán una entrevista que se complica por apagones, ladridos, un vecino que pide silencio porque la música de chelo le suena a ruido. Al grupo enclaustrado se suma Luisa, hija de Teresa y compositora, que vive en pugna con su padre.

Violeta García está a cargo de la música y Guido Berenblum y Gerardo Kalmar del sonido.

Pereda ya casi termina de rodar su próxima película, “mucho más aburrida y pesada”, sobre el mundo académico en Estados Unidos, ambientada en la universidad en la que trabaja, junto al actor Lázaro G. Rodríguez.

Voy a robarle una pregunta al personaje del periodista que en su película intenta hacer la entrevista a la compositora: ¿cómo se le ocurrió ser director a Nicolás Pereda?

Me interesa el arte porque crecí en una familia en la que mi mamá es compositora de música clásica, mi papá es filósofo, tengo una tía que hace teatro y muchos amigos escritores. Había mucho universo artístico en mi casa, pero yo no tenía ningún tipo de aptitud para el arte. El cine es el único arte al que uno llega sin saber si tiene capacidad o no. Sabes que no sabes pintar, tocar instrumentos, escribir o bailar desde muy chico. En el cine no sabes si eres bueno o no porque nunca tienes oportunidad de hacerlo. Así que hacer cine fue mi última posibilidad.

Me parece que Lo demás es ruido es su primera película en la que aborda el tema del arte como tal, con personajes que son intelectuales o músicos. Hay un nivel sociocultural muy distinto al de sus filmes anteriores. ¿Por qué ahora le interesó ese ambiente?

Ya en dos de mis películas anteriores, Fauna (2020) y Lázaro de noche (2024), los actores interpretan a actores, algo más cercano a la vida misma de los actores que la interpretan. Es algo que me interesa cada vez más: hablar un poco más de mi mundo, de lo que me rodea, no tanto porque lo conozco o lo entiendo mejor, sino porque me divierte reírme de mi mundo.

Siempre me ha interesado tener una perspectiva sobre las clases sociales en México. Al hablar de este mundo tan pequeño, artístico e intelectual, intento ponerlo dentro de una sociedad desigual. Esta película habla un poco sobre del nivel de privilegio que hay en el universo artístico, de gente que puede dedicarse a las artes.

Pero en ese universo de privilegios hay muchos dramas. ¿Cómo los va uniendo en su película?

Quizás hay jerarquías dentro de este mundo de privilegio. Todos son una bola de privilegiados, pero hay unos más que otros. Hay muchos roces, muchos conflictos. Hay mucha diferencia generacional y de género. Dentro de este pequeño universo, mirando las jerarquías, me interesaba encontrar las distintas fricciones. También está el universo de la familia, algo que toca la mayor parte de mis películas, como la relación entre padres e hijos, un poco más universal. Los conflictos interfamiliares existen en todos lados. En la película, pese a que hay fricciones entre los compositores más famosos y los que no lo son, entre los compositores y las compositoras, es importante cómo Luisa se lleva con su mamá y cómo se lleva con su papá, y cómo Teresa y Rosa Estela se llevan entre sí.

Además de la ironía en el título y de que afuera del departamento hay ruido, aunque al vecino (Andrew Leland Rogers) le molesta el chelo, ¿cómo fue el proceso de integrar el humor en el guion y en la película, en una historia que parece salida del teatro del absurdo?

Hay algo de la primera escena, del primer plano, los autos en el tráfico, que es muy esclarecedora de mi proceso creativo y que tiene que ver con ser visto desde arriba. Todo lo que ocurre allá abajo es gracioso, en tono de comedia, con la patrulla de tránsito que está atorada, coches que llevan parados mucho tiempo, alguien con una bicicleta poniéndose unas bolsas en los pies... El entramado de los autos es gracioso visto desde fuera, pero pensándolo desde dentro, como cada una de las personas al volante, se trata de un infierno. Algo de ese sistema dicta el camino de la película.

Es gracioso cuando a los personajes se les va la luz, pero los que hacen la entrevista viven una pesadilla porque no pueden hacer lo suyo, y las compositoras quieren que se acabe la entrevista, pero nada avanza. Lo mismo pasa con el perro, con el vecino, con una serie de cosas que, vistas desde afuera, generan gracia. Siento que la humanidad funciona de esa manera: muchas veces nos reímos de situaciones que ya no estamos viviendo.

Nicolás Pereda
El cineasta Nicolás Pereda. (Cortesía)

¿Cómo encontró esa primera escena?

Sucedió afuera del departamento donde filmábamos todas las mañanas. Dormía ahí, me despertaba a las 5 de la mañana y empezaba a ver cómo se acumulaba el tráfico. Una de esas mañanas, antes de que llegara todo el mundo, me puse a grabar y supe que habría algún lugar en el que podría insertarse. En el guion, el inicio era distinto. Veíamos zonas de la casa y escuchábamos el chelo. En la edición, vi ese plano que grabé, un poco para divertirme, y me di cuenta que estaría bueno para el principio. No fue fácil tomar esa decisión porque toda la película sucede dentro del departamento. Era un poco raro empezar afuera si todo lo demás ocurriría adentro, pero funcionó como si fuera un prólogo.

Regresa al espacio cerrado, a un departamento. ¿Por qué los espacios agobiantes?

Por un lado, prefiero filmar adentro y que nadie me vea. Hay algo del exterior que me pone nervioso. Puedo hacerlo en zonas rurales, donde no pasa nada, o en una carretera. Me siento cómodo filmando donde nadie me vea. Hay algo de hacer una película que sucede en la Ciudad de México que me da vértigo. Por otro lado, me gusta simplificar; entre más sencillo es el proceso de producción, más me entusiasma, no solo porque prefiero procesos sencillos, sino porque solucionar las cosas con lo menos posible me genera la sensación de que encontré la llave del meollo del asunto. Si necesito complicar la producción es porque hay algo que no he pensado lo suficiente.

¿Esa búsqueda de seguridad no es contradictoria con cómo construye sus guiones, incluso con la participación del azar en el rodaje?

Hay una apertura a ver qué cosas suceden en el rodaje y cómo lo real se mete dentro de las películas de ficción. Por otro lado, se trata de escribir guiones muy cerrados, que se sostengan y no necesiten de otros mundos. Esa contradicción hace que el proceso de rodaje siga siendo muy interesante. Hay guiones que están bien armados y un proceso de producción con bastante apertura. Ahí cobra sentido el proceso de hacer películas: el guion se transforma gracias a que entra el universo de lo real. Y eso real no consiste solo en que ocurran accidentes, sino en la interpretación de los actores, pues casi no hablamos de las películas antes de filmarlas. Envío el guion y cuando empezamos a filmar, observo qué se les ocurrió en relación con lo que leyeron.

¿Cómo mantiene esa relación con su tropa de actores; son casi veinte años? Acabo de ver a Teresita Sánchez en Cocodrilos. ¿Cómo repercute en sus filmes que participen en tantos proyectos?

Imagino que tiene que ver con haber trabajado desde que éramos muy chicos. Los actores y las actrices que aparecen en las películas tienen un cariño especial a nuestros procesos de trabajo, porque cargan un aire a reencuentro familiar. Hay otra parte: cómo se hacen estas películas con presupuestos pequeños. Somos muy pocos en el set, hay una sensación de libertad y de un grupo impermeable al exterior. Además, mis rodajes son muy cortos, Lo demás es ruido se filmó en cinco o seis días, así que, aunque tengan muchas cosas que hacer, podemos encontrar una o dos semanas para filmar.

Además, mi relación con Lázaro es de mucho trabajo, más allá de la actuación. A él le interesan las películas porque me ayuda a pensarlas. Teresita, a quien ahora le va muy bien, le salen mil películas, está en todos lados. Yo hice con ella tres o cuatro largometrajes antes de que tuviera éxito. Tiene cariño a nuestras películas porque le dieron la posibilidad de entrar a otro mundo y, claro, es una gran actriz.

¿Cómo inserta lo autobiográfico en sus películas, dado su contexto familiar con una compositora, actrices, un filósofo?

Pertenezco a un gremio artístico más allá de mi familia. El mundo de los cineastas es un gremio en el que hay un montón de roces, amistades, envidias, humillaciones, conflictos de género, generacionales, egos muy fuertes. También está la historia de mi mamá, de la música clásica, de las mujeres que fueron la primera generación de compositoras en México. Tuve esa historia en cuenta, juntando ambos mundos. Además, me han entrevistado en muchos lugares del mundo para diversas películas. Pensé en esas entrevistas. Con todo eso, mi experiencia personal y lo que me contaba mi mamá sobre los chismes de ese mundo, se armó algo muy personal.

Al recordar las carcajadas finales de las compositoras, madre e hija, quisiera preguntarle: ¿Lo demás es ruido es un homenaje a su mamá, Marcela Rodríguez?

Sí, es un homenaje a mi mamá. Ella tiene una actitud ante su lugar en el arte, la misma que tiene Teresa, que está muy orgullosa de las cosas que ha hecho, está muy involucrada, compone todos los días, se sienta a escribir, estrena muchas obras, ocupa un lugar en el mundo de la música clásica contemporánea en México. Al mismo tiempo, no le importa ganar premios o que le estrenen en el extranjero. Mamá no tiene envidias hacia otros compositores. Un poco de todo eso hay en el personaje de Teresa. Evidentemente, Teresa no está interpretando a mi mamá, que tiene otra personalidad, pero está inspirada en la idea de involucrarse con el mundo de la música, aunque también con la intención de reírse del gremio.

Las carcajadas son la tónica de todo el filme, el humor voluntario o involuntario. Como cineasta, ¿siente solidaridad hacia los personajes a los que les pasan todo tipo de desgracias: el apagón, los ladridos...?

Me identifico con los personajes masculinos. He estado en situaciones parecidas a las de ellos, por más ridículas que sean. Me divirtió también burlarme de mí mismo y de mi universo. He estado muchas veces en circunstancias que no me permiten filmar, con ruidos o vecinos con música, y tengo que negociar. Me solidarizo con los personajes, pero, sobre todo, me río de mí mismo. Hay algo de generar una estructura dramática a partir de las pequeñas peripecias que me ayudan a estructurar el guion que, vistas desde fuera, son el motor de la comedia.

Lo demás es ruido ganó dos premios importantes en Morelia, para usted y para Teresita. ¿Qué representa tener reconocimientos para su cine artesanal, de autor, y para sus actores?

Ya hice muchas películas. Y no es que no me importen los premios; me ponen contento y está bueno. Pero tengo una pequeña distancia, un entendimiento. Más allá de si me alegro o me pongo contento, se parece más a ganar la lotería que la obra sea reconocida, en el sentido de que he estado en jurados, sé cómo funcionan las cosas. Puede ganar quien sea, es muy arbitrario, no tiene sentido competir entre nosotros. Dependiendo del jurado que te toque, así se reparten los premios. Si gano me voy de fiesta, voy a bailar con amigos y la pasamos bien porque siempre es bueno celebrar por cualquier razón. Pero en términos de mi carrera intento no pensarla en relación a los premios porque el día en que me los dejen de dar voy a deprimirme.

Lo que sí tiene importancia es que hay muchos jóvenes que van al festival de Morelia. Y hay algo que puede ser inspirador: ver una película hecha con treinta o cuarenta veces menos que el presupuesto del resto, y entender que se pueden hacer cosas interesantes que están en el mismo espacio que esas otras películas más caras. Para la gente que no le acomode hacer películas de gran presupuesto puede ser inspirador entender que se puede hacer películas chiquitas que también tienen un lugar en el mundo y que los premios les dan relevancia. Quizás hay gente por ahí que se anime a hacer las cosas de otras formas, gracias a que sí se puede. Mis producciones son parte de un enjambre de películas y de cineastas que trabajan poco.

AQ / MCB

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José Juan de Ávila
  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.
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