Café Comercial, establecido en 1887, Glorieta de Bilbao, 7, Madrid
Se abre una puerta corrediza. Un hombre calvo se inclina para salir del baño designado para “Señoras”.
“No pasa nada”, le dice una mujer desde atrás en la fila. “¿Pero usted sabe que ese es el sanitario de mujeres?”. El hombre, con acento germánico, murmura algo que no se puede descifrar y se va.
Le digo “con permiso”, al estilo mexicano, a la misma mujer, quien sigue en la fila cuando salgo por la puerta.
“¡Hombre!”, me responde. “Claro”. Algunas frases aquí ni si dicen.
El Café Comercial es de los más antiguos de Madrid, famoso por sus tertulias tradicionales, lugar de encuentro para artistas ilustres desde finales del siglo XIX. Los que han pasado una y otra vez por su pesada puerta giratoria van desde reconocidos políticos y grupos esotéricos hasta los más grandes escritores españoles. Aquí, los espíritus de Antonio Machado y Camilo José Cela están presentes.
El Comercial cerró repentinamente en 2015, abrió de nuevo en 2017 rejuvenecido, luciendo un esplendor más allá de lo que imagino tenía incluso en su época de oro.
Regreso del baño para señoras al salón principal, donde un hombre de pelo blanco, sentado solo en una mesa para seis, se levanta sobre sus rodillas tambaleantes para saludar a cada miembro del grupo que se le une.
Cinco mujeres mayores en la mesa de al lado conversan en voz baja. Los hombres que llegan pasan enfrente de ellas sin decir nada. No sé por qué eso todavía me sorprende.
En mis primeros tiempos de estancia en Madrid, a finales de los 80, solía tomar un café aquí mientras leía o estudiaba. El famoso Kiosko Glorieta Bilbao estaba siempre a la vista, si no a través de un ventanal, en uno de los gigantescos espejos en la pared.
No buscaba compañía. Disfrutaba del ambiente bohemio, la sala principal bañada en una luz ligeramente anaranjada, el aire nublado por el humo de los puros y los Ducados que fumaban los hombres sentados en las mesas de mármol —ese material, según Cela, rescatado de las lápidas de los cementerios de Madrid en la posguerra.
Hoy, cuando los seis hombres se van, estrechando manos y palmeando espaldas, las cinco mujeres ya han desaparecido. Es como si la puerta corrediza del sanitario se abriera y cerrara sobre sus mundos separados.
Cuando me preparo para irme, me doy cuenta que también han desaparecido los dos hombres que estaban sentados a mi lado conversando de manera ruidosa.
Claro, si nadie saluda, tampoco se despide. Ni cuenta te das, cuando se van.
La comunicación que buscaba, de todas formas, era con mis propios fantasmas, los que viven y siguen en el aire de los lugares que amo, aunque no se asomen a saludarme. A fin de cuentas, un verdadero fantasma, te salude o no, nunca te dice adiós.
* Dorothy Dean Walton nació en Colquitt, Georgia. Graduada como B.A. en Letras Inglesas en la Universidad de Chicago, formó parte del consejo editorial de poesía de la revista The Chicago Review. Escribe ficción, guiones para cine y no-ficción creativa.
** Estos relatos también pueden encontrarse, tanto en inglés como en español, en el blog Third Place Cafe Stories (https://www.thirdplacecafestories.com), enfocado en “terceros lugares”, o espacios públicos informales que sirven de lugar de reunión y conexión para la comunidad.
AQ / MCB