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Domingo , 24.03.2019 / 07:47 Hoy

María Zambrano y el valor de la imaginación

Libros

Junto a Amparo Zacarés, Rosa Mascarell trabaja en un proyecto editorial para celebrar los 80 años de Filosofía y poesía, el libro capital de la filósofa española.
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El pensamiento de María Zambrano revitalizó la filosofía clásica en un momento en el que el racionalismo se encontraba en crisis, y apostó por dar entrada a una filosofía que no desdeñara el conocimiento que aportaba la percepción de los sentidos, el cuerpo y la poesía, como recuerda la escritora y artista valenciana Rosa Mascarell, quien fuera su secretaria durante los últimos años de su vida. 

“María Zambrano —dice Mascarell— lo resumía en una frase de gran profundidad: pensar es descifrar lo que se siente, una idea que reivindica el papel de la creación artística y la poesía como traducción de lo que es el sentir”.

Mascarell trabaja desde hace dos años, junto con Amparo Zacarés, profesora de Estética de la Universidad Jaume I de Valencia, en un proyecto para celebrar los 80 años de la publicación de una de las obras cumbre de María Zambrano, Filosofía y poesía (1939), un libro que marcó definitivamente la línea de pensamiento y reflexión que siguió la filósofa hasta el final de su vida, y un texto que desarrolló y concluyó durante su exilio mexicano en Morelia, donde fue profesora en la Universidad Michoacana de San Nicolás. 

Por esa razón, dice Mascarell, “esta conmemoración tiene el doble valor de recordar la obra de Zambrano, así como de expresar y reconocer la gratitud por el apoyo mexicano a los exiliados republicanos que ahí fueron no sólo acogidos, sino que recibieron trabajo”, y agrega que uno de los principales valores de este proyecto radica en “mostrar qué representó ese libro para María Zambrano en su trayectoria filosófica, y destacar su vigencia”.

La obra, adelanta Mascarell, “será un tanto ecléctica, porque hay una parte de reflexión filosófica que da contexto teórico a la idea de que el pensamiento y el nombre de María Zambrano (1904-1991), que tendría que ser reconocida como la filósofa de la Generación del 27, debe entrar en los libros de historia de la filosofía, estudiarse en el bachillerato y profundizar más en su pensamiento en los estudios universitarios; es decir, este libro quiere servir para que se recupere su figura en el mundo académico e intelectual”.

Por otro lado, indica, en ese libro hay una parte visual que Mascarell está creando para ilustrarlo, a partir de una serie de palabras clave de Filosofía y poesía, al tiempo que escribe una serie de textos que tratan de aportar la memoria de sus conversaciones cotidianas cuando trabajó codo con codo con Zambrano

“Esos textos han sido trabajados en forma de prosa poética, tratando de rescatar la voz de María en medio de la reflexión más académica, recuperando la idea de la filósofa María Elizalde, quien fue la primera que estableció que María Zambrano debía ser reconocida como la filósofa de su generación”.

Aunque el libro no está del todo terminado, Mascarell señala que su edición tendría como sello ideal el Fondo de Cultura Económica, ya que fue esta editorial la que publicó por vez primera Filosofía y poesía. “También se podría hacer en la editorial Pre-Textos de Valencia, que ha publicado importantes obras de María Zambrano y tiene interés, aunque todo está un poco en el aire”.

Mascarell relata que conoció a María Zambrano en 1988, cuando realizaba estudios de Estética y teoría del arte en la Universidad Autónoma de Madrid y contactaron con ella porque la filósofa necesitaba una persona que organizara su archivo y su biblioteca y pudiera asistirla en su trabajo.

“María había vivido en diferentes lugares del mundo y tenía sus libros y sus manuscritos repartidos en cajas y maletas; tenía todo disperso. Y en primer lugar hubo que salvar todo eso y revisarlo y catalogarlo. Como tenía muchos proyectos pendientes con editoriales, hubo que ayudarla a pasar en limpio y preparar esos materiales escritos”.

El boceto que hace Mascarell de la María Zambrano que encontró en ese momento y la relación que estableció con ella, recuerda, “es casi el de una abuela con su nieta. Ella era una mujer de principios, y, pese a la fama que tenía de ser una mujer con mucho genio, era muy dulce conmigo. Las conversaciones que sostenía cada día con ella eran como una lección; era una pedagoga nata. Me descubrió infinidad de autores; me hizo reflexionar sobre mí misma y sobre la vida. Le debo mucho a María, porque tenía una forma muy especial de establecer un diálogo y conocer y escuchar a la persona que tenía enfrente. Un maestro de filosofía es eso: alguien que está a tu lado y te hace conocerte a ti mismo”.

En cuanto a la vigencia del pensamiento de María Zambrano —cuyos principales hitos están contenidos, además de en Filosofía y poesía, en obras como Delirio y destino (una autobiografía escrita en tercera persona), El hombre y lo divino (una de las obras favoritas de Albert Camus) o Claros del bosque—, Mascarell afirma que en estos momentos es muy importante rescatar sus reflexiones filosóficas, que se apartaban del encorsetado racionalismo de su época, defendiendo y sustentando teóricamente una postura que hoy en día está discutiéndose de forma muy vehemente en las universidades y los círculos filosóficos posmodernos. 

“Parece que hoy la ciencia tiene la última palabra, pero tanto los científicos como los filósofos y los poetas comparten algo que está en la base de todo su trabajo: la imaginación, y darle el valor que merece la imaginación fue uno de los postulados fundamentales de María Zambrano. Sin imaginación no somos nada, ni ciencia ni pensamiento ni poesía, y ella pensaba que era indispensable recuperar esa dimensión y darle su debida importancia. Ese fue uno de sus grandes aciertos”.

María Zambrano, observa Mascarell, “sabía que era indispensable volver la vista a nuestras emociones y sentidos, a esa parte interior, sin la cual perdemos algo muy importante y nos quedamos en la superficie. Así que entender esa parte de las entrañas, como decía ella, y darle el valor que merece, es dar voz a todo un saber. El conocimiento es algo más que el intelecto, es un camino a la sabiduría, y para eso debemos recuperar la parte interior de nuestro ser”.

Otro de los esfuerzos de María Zambrano, expone Mascarell, “fue romper los dogmatismos en filosofía. Lamentablemente, a María le costó y le sigue costando mucho entrar en el mundo académico. Pero ya en los años sesenta, un filósofo como José Luis Aranguren la reivindicó cuando nadie la conocía en España. Y en esto hay que destacar el trabajo de Alfons Roig, quien visitó a una serie de exiliados republicanos, entre ellos María Zambrano, y difundió el trabajo de María en diversos círculos filosóficos, entre ellos el de Aranguren, que desconocían su obra. Por desgracia, y pese a que cuando volvió a España en 1984 se le rindieron diversos homenajes e incluso recibió el Premio Cervantes y el Príncipe de Asturias, sigue sin estar presente como se debe en los estudios de filosofía, sigue sin figurar en la historia de la filosofía española que narran los libros de texto. Pero su voz es imprescindible, y el interés por su pensamiento y su obra sigue creciendo en muchos círculos”.

Mascarell añade que se trata de una figura sobre la que han pesado, además, diversos factores de discriminación, como el hecho de que se tratara de una mujer exiliada y que escribía ensayo. “Si ahora es difícil para una mujer publicar ensayo, imaginemos lo que fue para María Zambrano en los años treinta, cuarenta y cincuenta. Tuvo esa dificultad, por supuesto, y por eso es imprescindible reivindicar su lugar en el contexto histórico de la filosofía y dar oportunidad para estudiarla como es debido en las universidades, porque de esta forma habrá más trabajos sobre su filosofía y ello tendrá como consecuencia que se le incluya en los libros de texto del bachillerato y la secundaria”.

Finalmente, sobre la consideración que se ha hecho de la obra filosófica de María Zambrano, Mascarell observa que hay un factor adverso más, y es que la filosofía en castellano ha sido minusvalorada y siempre queda disminuida por la obra de pensadores que escriben en otras lenguas. “Pero en filosofía todos los pensadores dialogan entre sí, y con ese descuido solo se desprecia lo que tenemos en casa. Así que tendríamos que hacer un ejercicio de autocrítica y rescatar lo nuestro, porque es tan válido como lo que se ha hecho en otras latitudes”, concluye.

ASS

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