La manzana me parece fruta poco apetecible. No me gusta comerla y menos me gusta que alguien la ande mordisqueando cerca de mí; no sabe guardar silencio como un mango. El jugo de manzana está bien para los alemanes, pero no para la civilización. En sus andanzas, Alejandro Magno dio con una tribu de melófagos, o sea, comedores de manzanas. Eran peludos y bastante salvajes. Atraparon a uno y le presentaron una mujer para ver qué hacía con ella. La devoró.
Su etimología tiene desvíos en distintos idiomas. La palabra latina es malum, pero con ella tiene más cercanía el melocotón. Nosotros la tomamos de un cultivador de manzanas llamado Cayo Matio. Matio-matiana-manzana, o algo así. Creo que los franceses la llaman pomme porque era el nombre genérico de las frutas de árboles, y a la papa le llaman manzana de tierra y nosotros le llamamos pomo al de las puertas por su clásica forma redonda y afrutada. Y el diccionario etimológico en inglés se va remontando al pasado hasta que acaba por admitir la falta de certeza, aunque apple también solía denotar cualquier fruto.
Así entendemos por qué el fruto cualquiera de Adán y Eva pasó a ser una manzana.
No tiene la manzana buena historia. Por ella fue expulsado el ser humano del paraíso y dios, en vez de perdonarnos con el paso de los siglos, mandó a su hijo a padecer torturas varias.
La famosa manzana de la discordia es la que arrojó la diosa Eris con la inscripción “Para la más bella”, y se armó la rivalidad entre otras tres diosas de la que salió ganadora Afrodita al ofrecerle a Paris el amor de Helena y de ahí vino lo de la guerra de Troya.
Manzana de la discordia se le llama a quien mete conflicto dentro de un grupo. También se le conoce como Yoko Ono. Y manzana podrida es algo parecido.
A Blancanieves le dan una manzana envenenada, pero el cuento dice que no se acaba de envenenar sino que se atraganta y despierta cuando por accidente se le sale el trozo que tenía en el cogote, aunque tengo la idea de que las versiones más populares confunden este cuento con el de la Bella Durmiente y el antídoto contra el veneno es un beso del príncipe.
Gregorio Samsa muere por las complicaciones de un manzanazo. La manzana se le clava y se va pudriendo sin que nadie se la saque.
En 1951, la falta de una manzana hizo que William Burroughs pusiera sobre la cabeza de su mujer un vaso con sidra. Sin arco ni flecha, usó una pistola. A diferencia de Guillermo Tell, Burroughs falló y la mató. Así acabó la bonita fiesta que se celebraba en el departamento 10 de Monterrey 122 en la colonia Roma.
Más de uno ha muerto por un golpe en la manzana de Adán. A otros los han matado cuando salen a dar una vuelta a la manzana.
Mi manzana favorita es la que cayó sobre la cabeza de Newton con una aceleración de 9.81 metros sobre segundo cuadrado.
AQ / MCB