Cultura

Los Nobel de Medicina, Física y Química

Ciencia

Cada año, la Academia Sueca realiza un ritual que celebra el pensamiento libre, la investigación paciente y la dedicación al conocimiento.

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La primera semana de octubre se ejecuta en Estocolmo un antiguo ritual en el que se confiere reconocimiento a la inteligencia humana, la curiosidad y la compasión. Se quiere mostrar de esa manera que una parte de nosotros se inclina hacia la luz, que algo en nosotros admira la virtud del estudio y la dedicación al conocimiento y que no somos indiferentes ante las ideas y la comprensión que nos salva y libera.

Fue el temor a ser recordado como el inventor de la dinamita —un material de destrucción inigualable en su momento— lo que llevó a Alfred Nobel a crear una ceremonia que es también gesto de contrición y esperanza. Convirtió entonces la fortuna que se acumulaba con el poder explosivo de la dinamita en un premio a quienes empujan cada año los límites de lo posible en la Física, que revela el tejido del universo, la Química, que construye y reconstruye la materia, la Medicina, que alivia el sufrimiento, la Literatura, que nombra lo inasible, y la Paz, que insiste en dialogar cuando todo indica que es imposible hacerlo.

Lo que pasó esta semana es la imagen de lo que podemos ser en un mundo gobernado por el vértigo, el ruido y la división. Celebramos la persistencia de una idea: que el pensamiento libre y la investigación paciente pueden cambiar el curso de las cosas.

El lunes 5 de octubre comenzaron los anuncios del Comité Nobel que anunció el galardón de Medicina para Karl Deisseroth, Georg Nagel y Peter Hegemann por sus estudios fisiológicos que permitieron el comienzo de lo que hoy se conoce como optogenética. La grandiosa historia comenzó cuando Georg Nagel y Peter Hegemann encontraron una proteína especial a la que se conoce como canalrodopsina en un alga unicelular. Esta molécula natural funciona como un interruptor para las células nerviosas. Es sensible a la luz y permite al alga que la contiene nadar hacia lugares iluminados.

Más tarde, Karl Deisseroth introdujo el gen de la canalrodopsina en las células nerviosas de ratas y pudo ver que al iluminarlas con luz azul se activa una señal nerviosa. Luego pudo hacerlo en ratones vivos activando circuitos neuronales y controlando por primera vez un sistema nervioso con luz. Actualmente, se pueden identificar regiones del cerebro que regulan recuerdos y emociones. Estos hallazgos están dando una mejor comprensión de los trastornos neuronales y psiquiátricos. En fechas recientes se comenzó a usar la técnica para la restauración de la visión en personas con discapacidad. Se usa ya para corregir la retinosis pigmentaria, y la tecnología promete mucho en la recuperación de la visión de quienes la perdieron.

El segundo día de la semana Nobel se anunció que será Francis Halzen, un belga nacionalizado estadunidense, quien recibirá en diciembre el Premio Nobel de Física. Halzen nació, creció y estudió en Bélgica, trabajó en el CERN (Centro Europeo de Investigaciones Nucleares) y emigró a Estados Unidos, donde es profesor desde 1972. Cuando Francis Halzen escuchó que los científicos rusos querían detectar neutrinos en el hielo de la Antártida empezó a trabajar en un experimento piloto llamado Amanda. La prueba de lo que sería un experimento fue un éxito y pasó a formar parte de un proyecto mayor llamado Ice Cube, un arreglo cien veces más grande que llegó a alcanzar el tamaño de un kilómetro cúbico. La observación particular que le hace merecedor del Premio Nobel se anunció en 2013, cuando el detector midió neutrinos procedentes de fuentes astrofísicas con energías que nunca habían sido observadas.

El Premio Nobel de Química fue anunciado el tercer día de la semana. Fue otorgado al francés Henri B. Kagan y al japonés Kenso Soai “por el descubrimiento de los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica”. Las reacciones químicas desarrolladas por estos investigadores se consideran entre los experimentos químicos más elegantes jamás realizados.

A principios de la década de 1990, se conocían algunos ejemplos de reacciones autocatalíticas, pero ninguno era asimétrico. Tras experimentar con numerosas moléculas distintas, Soai logró encontrar una sustancia quiral —el 5-pirimidil alcanol—, capaz de autogenerarse. En una publicación de 1995 partió de un exceso del 2 por ciento de un enantiómero del 5-pirimidil alcanol y terminó con un exceso del 87 por ciento. Durante otros ocho años, Soai continuó su búsqueda del proceso autocatalítico definitivo. En 2003, logró presentar una reacción química que generaba un exceso de un enantiómero, el cual, a su vez, producía copias de sí mismo. Fue la primera vez, desde los albores de la vida, que se lograba crear quiralidad a partir de una combinación de moléculas no quirales.

Aunque estas reacciones no son los procesos que llevaron a la formación de vida sí representan mecanismos que explican la manera en que la quiralidad izquierda pudo dominar la construcción de material orgánico. De esta manera, se resolvió el viejo problema de la quiralidad: ¿por qué la vida está formada por aminoácidos izquierdos?, ¿por qué hay un desbalance de moléculas quirales izquierdas y derechas en la materia orgánica?

Las reacciones químicas que Henri B. Kagan y Kenso Soai estudiaron son indicadores de lo que ocurre en la síntesis asimétrica.


AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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