Cultura

‘Lorca en La Habana’: la libertad que Federico García Lorca halló en Cuba

Cine

A 90 años de su asesinato, el documental ‘Lorca en La Habana’ reconstruye los tres meses de libertad, arte y felicidad que vivió el poeta en Cuba.

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Los 90 años del asesinato de Federico García Lorca traen consigo, una vez más, el reclamo de justicia ante este crimen político perpetrado por sublevados franquistas. Hacer justicia implica no sólo encontrar sus restos, sino honrar la memoria —antítesis del fascismo— de un hombre libre.

Observador y sensible, Lorca sublimó constantemente en su obra los entornos que lo marcaron: la raíz trágica del folclore andaluz, la intelectualidad de Madrid y la vanguardia desgarradora de Nueva York. Pero en pocos lugares fue tan libre como en Cuba.

García Lorca pisó La Habana por primera vez el 7 de marzo de 1930. Venía, de cierta forma, huyendo de la podredumbre de Estados Unidos, donde había estado (entre Nueva York y Vermont) casi nueve meses. En contraste, pasó apenas tres meses en Cuba, pero fue suficiente para que el poeta dejara su huella en la isla y la isla en él, como retrata el documental Lorca en La Habana (Antonio Manuel Rodríguez y José Antonio Torres, 2025).

Cuba dejó de ser colonia española el mismo año del nacimiento de Lorca (1898) y formó parte de su imaginario desde su infancia, mitad recuerdo y mitad mito, entre relatos de soldados repatriados, melodías habaneras e influencia literaria. Asimismo, cultivó en Madrid una estrecha relación con figuras como José María Chacón y Calvo, quien publicó por primera vez en Cuba la poesía de Lorca en 1928, o la etnóloga Lydia Cabrera, a quien dedicó “La casada infiel”, de su Romancero gitano.

Interpretados por actores, estos y otros intelectuales y artistas cubanos “dan su testimonio” sobre la visita de Lorca a la isla en entrevistas a lo largo del documental. Forma parte de una apuesta arriesgada que integra el teatro y la actuación en su manera de narrar, y que al hacerlo consigue pintar una imagen mucho más vívida. Como en una obra de teatro, el documental pide al público que suspenda un momento su incredulidad y que su imaginación le permita emocionarse al ver a Nicolás Guillén decir “Soy de los agraciados que conoció personalmente a Federico García Lorca cuando vino a La Habana” y al propio Federico cuando revela que nunca fue “más vivo, más amante, más alegre y más feliz” que allí.

Fascinado por el verde brillo del Valle de Yumurí, Lorca se adentró en el mundo guajiro y recorrió cinco de las entonces seis provincias de la isla, presenció los rituales abakuá, disfrutó de la cultura popular en el Teatro Alhambra y vivió alegres y ruidosas noches en La Habana, ciudad que describió como “una mezcla de Málaga y Cádiz”: la fuerte raíz española de Cuba lo hacía sentirse como en casa, pero con una posibilidad de libertad completamente nueva.

El motivo original de su viaje, sin embargo, no había sido el placer sino el trabajo: una serie de aclamadas conferencias cuya forma y fondo impactaron profundamente en los escritores cubanos. Recupera el documental las impresiones de José Lezama Lima: “La seguridad de su voz en el recitado le prestaba un gracioso énfasis, un leve subrayado. La voz entonces se agrandaba, abría los ojos con una desmesura muy mesurada, y su mano derecha esbozaba el gesto de quien reteniendo una gorgona, la soltase de pronto”.

Desde el presente, en el Centro Andaluz de la Habana, académicos desarrollan el paso de Lorca por ese país en un momento de creciente renovación cultural y compromiso social en ambos. A la vez que sus maneras no tradicionales de expresar sus ideas y compartir su obra fascinaban a Cuba, Lorca se unía a los reclamos de los cubanos ante el racismo de las élites. Llegó el punto en el que el intercambio se convirtió en mezcla y Lorca, en palabras de Emilio Roig, se había “aplatanado”.

La alegría que Lorca encontró en Cuba contrasta con lo trágico de su destino y el dolor con el que José María Chacón y Calvo (interpretado por el actor Javier Vergara) relata que fue él quien le prestó las 250 pesetas del boleto de tren que conduciría a su amigo a la muerte en Granada. Pero el poeta español más leído de todos los tiempos es inmortal también en Cuba, donde, como si nunca hubieran acabado esos tres meses, es uno de los autores más queridos y celebrados por los músicos, cantantes, actores y otros artistas cubanos, corazón del documental.

“Lorca le escribió a su madre una carta que decía: ‘Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba’”, dice Anthony Bernal Ruesca, director teatral independiente, originario de Matanzas, a cargo del proyecto El Trébol Gitano. “Eso significa que él aquí fue ridículamente feliz. Y a nosotros nos hace tan felices poder representarlo y representarlo para Cuba. Evocarlo, sentirlo, decir que Federico está con nosotros”.

Lorca en La Habana puede verse en línea en CanalSur Más.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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