A Víctor Manuel Mendiola
Ciudad entre ciudades, ahondé Roma,
descubrí lo insólito en cada piedra antigua,
aun la historia del Tíber hecha música,
pero no hubo aquello que buscaba.
Aquello que buscaba lo inquirí en Viena
—que me fue ermita, jardín y biblioteca—,
pero tal vez se alejó por atajos y senderos
hacia bosques o en el larguísimo Danubio.
Lo busqué en París, donde el sol no se extingue,
y no lo hallé, se fue a contracorriente del Sena,
en la víspera del Adviento, donde surge el manantial.
En el andar de Cristo, en Galilea, no dejé de buscarlo,
pero oí que el Jordán lo llevó hacia las aguas del bautismo.
Lo busqué esencialmente en América Latina, pero
fue como buscar un anillo en el Plata o el Amazonas.
Viajé —digo, oigo, lo dice el mirlo, oigo—, hallé un mundo
por el mundo, pero desgraciadamente, tristemente,
no fue lo que buscaba.
Este poema forma parte de un libro en preparación.
AQ / MCB