Hay aplicaciones y sitios de internet que ofrecen distintos ruidos de calles para poder concentrarse y trabajar; al parecer el silencio distrae (y asusta, recuerdo en la pandemia el silencio punteado por ambulancias), quizá tanto como los pájaros, y por lo visto a los citadinos el ronroneo de los autos nos reconforta, nos hace sentir que no estamos solos y para el cerebro cumple la función de eso a lo que llaman ruido blanco. El asunto del ruido a domicilio es tan especializado que hay mapas en los que uno puede buscar el sonido de una calle de París o el de un pueblo amazónico. Y es verdad que una ciudad también son sus ruidos, los ladridos de los perros, las motocicletas, los gritos, las conversaciones, la campana del camión de la basura, la música que escuchan los vecinos y los conductores de autobús; cada sonido cuenta algo de lo que está pasando.
La descansada vida, al contrario de lo que decía Fray Luis de León en su “Oda a la vida retirada”, es ahora la del que está al alcance del mundanal ruido, pero a mí me gusta escuchar a los pájaros. Siguiendo con aplicaciones, el querido amigo C. nos recomendó una que sirve para identificar el nombre de los pájaros que cantan donde uno esté. La abro junto a mis ventanas y quedo maravillada y sorprendida: calandrias y tortolitas, pero también tordos, mirlos y pinzones aparecen en la pantalla a todo color, además de colibríes y cardenales, palomas y esos zanates negros que arman tanto escándalo sólo para avisar que se van a dormir. A primera hora en las mañanas o por las tardes, antes de que anochezca, la algarabía pajareril alcanza a cubrir un poco el rugido de los motores; me alegra poderlos identificar en la pantalla y saber cómo canta cada uno, aunque sea difícil distinguirlos en la realidad, pues muchos de ellos se disimulan y se esconden entre las frondas y los huecos de los árboles. Da esperanza pensar que a pesar de todo lo que les hacemos a nuestras ciudades, los pájaros hallan la manera de seguir en ellas, pequeños pájaros de esta ciudad que en su labor pequeña la rescatan, con los insectos.
Me pregunto cómo sonará la ciudad ahora con el mundial del futbol, hasta qué colonias se oirán los alaridos de quienes logren pagarse el asiento el Estadio Azteca y llegar a él. La otra parte estará algo silenciosa por aquello de que debemos practicar el home office para que los turistas paseen a gusto; quizá los obligados oficinistas caseros escucharán sonidos de ciudad en sus aplicaciones para poder concentrarse. Y para los turistas seguro habrá música en todas partes y ajolotes de color morado que los acompañarán mudos, pues que yo sepa, son animales bastante silenciosos.
AQ / MCB