Cultura

De fórmulas y crédulos

Los paisajes invisibles

La mentira política encuentra en la credulidad a su mejor aliada. Los clichés políticos funcionan como fórmulas de persuasión que, según Savater, prosperan donde falta una mirada crítica.

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En La vida eterna (2007), Fernando Savater reflexionó sobre la verdad, esa noción estrictamente subjetiva que sostiene o justifica un hecho y sus evidentes o intrincadas circunstancias. Al explorar las creencias religiosas, políticas, ideológicas o científicas, y los resortes de la fe con que intentamos modificar un resultado incierto en algo verdadero, Savater identifica como elemento capital de un dogma la propensión humana, demasiado humana, de incurrir en la mentira. Por eso, el filósofo español aclara: “es preciso distinguir al charlatán del embustero. Este último conoce la verdad, la valora pero la oculta y la desfigura para obtener algún tipo de ventaja: a fin de cuentas miente por aprecio a la verdad, que considera un arma valiosa cuyo conocimiento concede poder sobre los engañados”.

Esa genealogía que señala Savater es el combustible de fanfarrones con talento para espetar mentiras y atizar pasiones, emocionar multitudes, espolear el fanatismo e inclusive incitar fenómenos extremos, sean la enemistad sobre quien no piensa igual que uno, la polarización rabiosa, los atentados terroristas.

Nadie ignora que una falacia repetida al infinito se disfraza de verdad, pero no sucede lo mismo con las fórmulas verbales que, al invocarse hasta la náusea, desenmascaran al embustero. Pensemos en los clichés que se oyen últimamente, para limpiar la cara de quien los dice: “con la frente en alto”, “con la conciencia tranquila”, “con la dignidad intacta”, “con la tranquilidad de haber hecho lo correcto”. Fraseos que ya de nada sirven pues, en vez de refrendar el orgullo o la dignidad de un probable pillo, recalcan su negrura de conciencia porque, citando otra máxima del repertorio de patrañas, “tonto es el que cree que el pueblo es tonto”.

Y qué decir de fórmulas como “no nos vamos a rendir”, “ni un paso atrás”, “hasta las últimas consecuencias” o “no nos van a doblar”, que en vez de resistencia ante la adversidad confirman que el barco hace agua o que se mueve sin tripulación pero con un montón de ratas.

“Por el bien de todos”. Esa es una perla que indica lo contrario. Lo mismo que lugares comunes como “poner a la gente en el centro”, “cumplir la palabra empeñada”, “responder a la confianza depositada en nosotros”, “no les vamos a fallar”. Dichos que la experiencia obliga a aplicar la psicología inversa, pues son simulaciones del tipo “tender puentes”, “dejar de lado nuestras diferencias”, “por encima de los intereses partidistas”, “nadie se va a quedar atrás”, fingimientos del tamaño de un elefante como “que nadie esté por encima de la ley”, “no habrá impunidad”, “caiga quien caiga”.

Y qué de los decires recurrentes del político embustero al estilo de “la historia nos juzgará”, “no podemos fallarle a la gente”, “el país nos necesita”, “tenemos una responsabilidad histórica”, “es tiempo de unidad”, “estamos escribiendo una nueva página” o la promesa favorita de campaña: el cambio.

Escribe Savater: “el crédulo está dispuesto siempre a tragarse lo inverosímil, lo raro, lo chocante… o lo que le resulta más conveniente para halagar su vanidad o conservar sus privilegios. Los crédulos prefieren en todo caso aceptar lo maravilloso o lo truculento a lo que exige un esfuerzo de comprobación y confirma aspectos poco vistosos de la realidad. Suelen creerse dotados de gran imaginación cuando en realidad se alimentan solo de caprichos y carecen de la auténtica imaginación que se basa en explorar todos los rincones de lo posible sin salirse nunca de ello”.

El discurso del político jamás prescindirá de los clichés, por gastados o vacíos, carentes de cualidad simbólica. Su libreto es tan limitado, quizá porque sabe que la fantasía solo es posible de sembrar en el ser acrítico, en el crédulo que toma decisiones aun cuando su efecto resulte pernicioso para sí mismo.

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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