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Miércoles , 24.04.2019 / 19:56 Hoy

Cine cutre

Café Madrid

Vamos a un recorrido por filmes tan malos que resultan hilarantes; entendiendo las diferencias entre las películas que desde el comienzo, por su carencias de recursos, se burlaron de sí mismas y aquellas que son simplemente malas
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En España se utiliza el término cutre para referirse a algo de mala calidad, de mal gusto, de aspecto descuidado, pobretón, cochambroso, roñoso. Cuando en México nos encontramos ante algo con esas características suele decirse que es “muy chafa”. Hay objetos y creaciones y acciones y actitudes humanas calificadas así, y en la historia del cine mundial también hay un montón de películas que caben en este concepto. Se trata de filmes que, sin pretenderlo, acaban siendo comedias involuntarias debido a su bajo presupuesto, guiones absurdos, exceso de vísceras, sangre, muertes violentas sin sentido y carencias técnicas e interpretativas. 

Hace casi dos décadas surgió un sitio virtual para ocuparse de la bazofia del séptimo arte (cinecutre.com) y en 2011 sus fundadores decidieron celebrar la popularidad de su hazaña reuniendo a sus fans. Como consecuencia del éxito de esa convocatoria, al año siguiente hubo que hacer un maratón de cinco días para ofrecer una digna sobredosis de bodrios audiovisuales y, desde entonces, es una cita obligada para los militantes del frikismo. 

“Defendemos y difundimos el cine cutre porque existen películas tan mal rodadas e interpretadas que, vistas en compañía y en el ambiente adecuado, pueden resultar divertidísimas”, me dijo Carlos Palencia, director de la CutreCon, al invitarme a ver sus sesiones de culto. Añadió que estaría muy contento de tener entre los asistentes a un mexicano como yo porque, cómo no, mi país ocupa un lugar destacado en la cutrería fílmica. No supe si debería sentirme halagado o soltarle un puñetazo a ese osado friki pero, conforme seguíamos hablando, su profundo conocimiento y la seriedad de sus palabras hicieron que me decantara por lo primero. “Ustedes tienen a Mario Almada o a Lola La Trailera y, sobre todo, a ese mito internacional que es el Santo. En el festival, uno de nuestros grandes hits ha sido Santo contra los asesinos de otros mundos, una película para troncharse de risa, donde unos alienígenas con forma de sábana mal cosida y con agujeros tratan de conquistar la Tierra. Quizá sea la peor de todas las protagonizadas por el enmascarado de plata y por eso merece que se le rinda un alto tributo”. 

A la exhibición de cine cutre de todos los tiempos se va predispuesto a pasársela bien, a disfrutar de un rato de catarsis. Porque aquí el silencio acostumbrado en las salas de cine es algo desconocido. Aquí se permite hacer comentarios, chistes, aplaudir y cantar. Aquí impera el desmadre con ayuda de los organizadores que, en la entrada, reparten objetos para lanzar a la pantalla como cucharas de plástico o aviones de papel. Pero no crean que a este evento acude gente ignorante en materia cinematográfica. “La mayoría son personas que han consumido tanto cine a lo largo de su vida que se han dado cuenta de que este tipo de películas también tienen su punto y se puede aprender de ellas”, subraya en su defensa Carlos Palencia. 

Este año, en la CutreCon han podido verse desaguisados sin paliativos como Choque de las galaxias, una descarada reinvención turca de Star Wars, filmada en un terreno baldío cualquiera, aderezada con fotogramas originales de la saga creada por George Lucas y temas musicales de Indiana Jones. O la filipina Súper Mario contra Son Goku, proyectada con éxito en el país asiático y que no subestima al ridículo. O El retorno de Superman, una aberración con música “prestada” de otras películas, planetas recreados con bolas de Navidad y muñecos Ken tuneados, una muestra perfecta de la desvergüenza que alcanzó el cine otomano de los años setenta. O Birdemic, una “adaptación” de Los pájaros de Alfred Hitchcock, donde los pajarracos, hechos por aficionados de los efectos especiales en Galicia, se asemejan más a un gif. Pero la sesión estrella de este festival fue la que exhibió cuatro películas seguidas de ecos de King Kong y El planeta de los simios, como El gorila ataca o Queen Kong, la versión más feminista del famoso mono, con barra libre incluida, por si alguien necesitaba emborracharse para aguantar este tipo de abortos cinematográficos. 

“Una cosa es el cine que se hace con escasos medios y no se toma a sí mismo muy en serio, lo cual permite al director hacer locuras, y otra el cine malo: el que intenta hacer una maravilla y lo que le sale es una basura”, me explicó Palencia, mientras yo salía del cine con dolor de cabeza y el estómago revuelto. 


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