Mucho antes de su espectáculo del medio tiempo del Super Bowl LX en febrero pasado, el cantante Bad Bunny y su álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS (2025) atrajeron la atención de la lingüista, lexicóloga y miembro de número de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, Maia Sherwood Droz. “Las canciones de este álbum proyectan sentimientos complejos sobre lo que ha sido, es y será Puerto Rico, que han tocado la fibra emocional de otras nacionalidades”, expone la directora del proyecto Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico en línea (www.tesoro.pr), auspiciado por esa Academia.
El ABC de DtMF. Diccionario de palabras de Puerto Rico y referentes culturales en DeBÍ TiRAR MáS FOToS recoge el trabajo de Sherwood Droz sobre las diecisiete canciones del álbum de Benito Antonio Martínez Ocasio (Bayamón, 1994), el cuarto en alcanzar el primer lugar en la lista de Billboard 200.
La especialista en idioma y tecnología, que desde 2018 dicta en Madrid el curso de Diccionarios Electrónicos en la Escuela de Lexicografía Hispánica de la Real Academia Española (RAE), concede una entrevista a Laberinto después de participar en el debate “Bad Bunny y la palabra boricua: música, lengua y libertad” del Congreso Internacional de Escritores de Bellas Artes de Caguas, en Puerto Rico.
El volumen de ochenta páginas recoge 415 entradas, con trescientos palabras o frases y 115 referencias culturales en las que incluso aparece “Frida Kahlo”, citada en la canción “NUEVAYoL” (“Porque pasan los año’ y sigo dando palo’ [“lograr un gran éxito”]/ Vendiendo disco' como cuadro ‘e Frida Kahlo).
No es la única intelectual que se ha ocupado del artista de reggaeton. La novelista y periodista Mayra Montero y el dramaturgo, narrador y ensayista Luis Rafael Sánchez han escrito sobre Bad Bunny. En el foro celebrado del 23 al 25 de abril pasado se refirieron al cantante los escritores colombianos Juan Gabriel Vásquez y William Ospina, y el director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero.
El diccionario de Sherwood Droz guía hacia expertos en ese laberinto llamado Bad Bunny, y ya es referencia para otros estudios, como el de P FKN R. How Bad Bunny Became the Global Voice of Puerto Rican Resistance (P FKN R. Bad Bunny y la música como un acto de resistencia, Planeta, 2026)”, de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, académicas puertorriqueñas en Estados Unidos que abrieron la plataforma electrónica www.badbunnysyllabus.com, donde recolectan todo lo que se ha publicado en torno al cantante de “Nadie sabe lo que va a pasar mañana”.
Cualquier fanático o fanática de Bad Bunny se sorprenderá del significado de palabras en sus letras como “acho”, “anormales”, “AP”, “bajar”, “bellaquear”, “bichote”, “cazar”, “comer”, “culo”, “janguear”, “picher”; o expresiones como “dar deo”, “aquí mataron gente por sacar bandera”, “no sé si son petardos o son tiros”, “ojitos chiquitos”, “totito”; o nombres como “Tokischa”, “Ousi” o “P FKN R”. La canción “VeLDÁ” requiere consultar cada palabra en el diccionario para su cabal comprensión.
El flechazo léxico de Sherwood Droz con Bad Bunny empezó con la herramienta electrónica Tesoro.pr. “En ese proyecto que tengo el gusto de dirigir hemos coleccionado 65 diccionarios del español de Puerto Rico. Y hay más de ochenta mil palabras con una muy buena representación de diccionarios publicados en el siglo XX y algunos anteriores, pero el siglo XXI está todavía un poco al descubierto, así que hay un trabajo importante por hacer sobre el actual español puertorriqueño.
“Esto para mí es siempre una preocupación. Y lo fue más cuando Bad Bunny empezó a generar tanta curiosidad lingüística en el mundo, con tanta gente mirando a Puerto Rico con preguntas sobre el significado de las palabras. Como lingüística y lexicógrafa, me sentía aproblemada porque nos toca a nosotros dar esas contestaciones”, expone la representante de la zona de las Antillas en la Comisión Interacadémica encargada del Diccionario de la lengua española y del Diccionario fraseológico panhispánico.
Con ese espíritu, la doctora en Lingüística Teórica por la Universidad Complutense de Madrid inició un proyecto sobre el habla actual en Puerto Rico usando letras de canciones como corpus de estudio. “Me había orientado hacia el reggaeton y géneros urbanos, porque ahí hay una productividad tremenda, son léxicamente muy ricos. Dentro de ese movimiento fui llegando a Bad Bunny por su popularidad y por curiosidad lingüística. Creé una base de datos de todas sus canciones —creo que 148 previas a DeBÍ TiRAR MáS FOToS— con el ánimo de recoger el español vivo de Puerto Rico.
“DeBÍ TiRAR MáS FOToS salió en enero de 2025, y me di cuenta de que estábamos ante algo diferente que está alcanzando públicos más amplios, porque salió del grupo joven que eran los fans de siempre y alcanzó a las generaciones mayores en Puerto Rico”, apunta.
A pesar de ser un álbum “tan puertorriqueñista”, en opinión de la también editora Sherwood Droz, tocó “la fibra emocional de otras nacionalidades”. Para muestra, solo en la Ciudad de México el Conejo Malo reunió entre quinientos mil y quinientos veinte mil personas en sus ocho conciertos de diciembre pasado, que dejaron una derrama económica de 3 mil 228 millones de pesos (177 millones de dólares al tipo de cambio de entonces), según calculó la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco).
Sherwood Droz destaca que cada entrada de El ABC de DtMF, como abrevia su diccionario, abre una ventana a la experiencia puertorriqueña contemporánea, especialmente la de los jóvenes. “Las palabras hablan de romances pasados y presentes, de sexo, alcohol y drogas; de amistades, festejo y música; de emigración, desplazamiento y resistencia; de nuestra historia y actualidad sociopolíticas; de tradición y nostalgia; del amor inefable hacia la patria inmediata y la extendida”, señala.
DeBÍ TiRAR MáS FOToS es el colofón de una carrera de éxitos del cantante boricua, con ocho álbumes de estudio, que alcanzaron todos ellos el primer lugar en la Lista Billboard Latin Albums.
Según refieren en su libro Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, más de cien canciones del artista, todas cantadas en español puertorriqueño, han llegado al Billboard Hot 100 y quince entraron a su Top 10.
“Me di cuenta de que estábamos ante algo diferente y decidí usarlo como objeto de estudio, enfocarme en ese disco y extraer todo lo que fuera fuente de una interrogante. Empecé con el léxico (palabras, frases, expresiones), pero luego comprendí que debía incluir los referentes culturales, así que al final hay nombres de personas, de lugares, marcas comerciales, referencias musicales e históricas o a la cotidianidad de Puerto Rico”, comenta Sherwood Droz.
Los títulos de las diecisiete canciones requieren en su mayoría estar en el diccionario de Sherwood Droz: “NUEVAYoL”, “BAILE INoLVIDABLE”, “PERFuMITO NUEVO”, “WEILTITA”, “VeLDÁ”, “EL CLúB”, “KETU TeCRÉ”, “BOKeTE”, “KLOuFRENS”, “TURISTA”, “CAFé CON RON”, “PIToRRO DE COCO”, “LO QUE LE PASÓ A HAWAII”, “EoO”, “DtMF” y “LA MuDANZA”.
El tiempo apremiaba a la académica con el lanzamiento a principios de enero de 2025 de “DtMF”, siglas del tema que da título al álbum y que puso en la escena mundial la plena puertorriqueña (“género musical autóctono de Puerto Rico que fusiona influencias españolas y africanas y que se interpreta con instrumentos de percusión como el pandero, el güiro y la caja”, según define la autora).
La idea era el Diccionario del Español de Puerto Rico actual, pero entonces Bad Bunny anunció su famosa residencia en San Juan “No me quiero ir”, una serie de treinta conciertos del 15 de julio al 14 septiembre de 2025, nueve exclusivamente para puertorriqueños, que reunieron a más de seiscientos mil personas. “Bad Bunny anuncia la famosa residencia en Puerto Rico, un anglicismo que ya todos integramos. Y ahí me dio un deadline. Así que fueron seis meses de trabajo intensivo para tener el diccionario antes de que empezaran los conciertos en Puerto Rico”, cuenta Maia.
¿Por qué juzgó que DeBÍ TiRAR MáS FOToS era algo nuevo en la discografía de Bad Bunny?
Marca un punto de inflexión. Hay una ampliación musical, ya no estamos solo con ritmos del reggaeton y del trap, sino que hay salsa, plena, bomba, géneros autóctonos; hay música que llamamos típica o campesina. Así que hay una ampliación musical y una ampliación temática. Si bien están presentes los temas que asociamos con Bad Bunny o con el reggaeton —la sexualidad, la juerga, el alcohol y las drogas—, hay otros temas que han alcanzado a un público más amplio, muchos de los cuales retratan emociones profundas de los puertorriqueños de hoy.
¿Cuáles son estos temas?
Por ejemplo, la emigración. La emigración en Puerto Rico ha sido dramática en los últimos veinte años, en particular después del huracán María en 2017, y es diferente a la que vemos en otros países latinoamericanos. Los puertorriqueños tenemos el pasaporte de Estados Unidos, pero la emigración no deja de ser desgarradora para las familias que tienen que romperse. De mi generación de primos y hermanos, once, quedamos dos en Puerto Rico, los demás viven en Estados Unidos. También están los desplazamientos urbanos por la presencia de capital extranjero a raíz de una ley que incentiva a los estadunidenses y otros extranjeros a establecerse y que ha dislocado el mercado de bienes raíces, más los airbnbs, toda esa industria. Muchas personas que vivían en un espacio tuvieron que salir. Y luego está la privatización de recursos naturales.
Mencionaba “emociones profundas” de los puertorriqueños.
La resistencia de permanecer en la isla es otra de las emociones que se consignan en el disco. Hay una nostalgia que permea el álbum, una nostalgia pasada y una futura. La residencia se titula “No me quiero ir de aquí”. Así que ahí se retratan muchas emociones que compartimos muchos puertorriqueños, en la isla y en la diáspora. Hay también cosas bonitas. Hay un retrato de una puertorriqueñidad en toda su complejidad. El disco es un espejo muy honesto que no busca embellecer nada, sino que retrata la puertorriqueñidad con todas sus contradicciones, y sin permearla de juicio.
¿Cómo se representó eso en los conciertos?
El concierto comienza en el campo, en un extremo de todo el escenario, y termina en la ciudad, en la casita unifamiliar de cemento que importamos de Estados Unidos. Unos jibaritos, nuestros campesinos emblemáticos, empiezan a bailar con su ropa típica y terminan perreando. Muchas cosas se combinan en ese proyecto y creo que por eso nos hemos sentido visibilizados. Y no solo una generación. Hay una inclusión consciente de esa generación mayor en la figura de Jacobo Morales y en la invitación a músicos como Gilbertito Santa Rosa o Rubén Blades, que vino, y que pertenecen a otros géneros musicales. Hay un ánimo muy incluyente que en el Super Bowl se amplió para incluir a Latinoamérica.
¿Qué características tiene el español de Puerto Rico?
Las características del español de Puerto Rico se explican por la historia del país. Nuestro español es una variedad caribeña, atlántica y americana. Es el resultado vivo de procesos históricos que combinaron el español meridional y canario, el taíno arahuaco, lenguas africanas occidentales, inglés e ingenio local. En el nivel léxico, hay presencia de voces africanas, indígenas, taínas, en la toponimia; y muchos anglicismos y mucho humor local.
¿Cómo incorpora Bad Bunny esas características en sus letras?
En DeBÍ TiRAR MáS FOToS vemos muchos puertorriqueñismos; 25 por ciento de las palabras son de uso puertorriqueño. Hay palabras que todos usamos; hay palabras soeces o de origen inglés, que retratan un español juvenil, que no es exclusivo de Bad Bunny. Hay rasgos fonéticos que distinguen el español de Puerto Rico que él toma deliberadamente y eleva a condición de título gráfico al poner “VeLDÁ” como título de una canción. O el “NUEVAYol” con la “l”. No creo que sea una propuesta ortográfica de Bad Bunny, sino un comentario: “Este soy yo, así hablo, así creo y así me voy a presentar ante el mundo”.
¿Cómo se inserta este diccionario en la tradición lingüística y lexicológica de Puerto Rico?
En el Tesoro lexicográfico están recogidas 65 fuentes. Algunos trabajos se enfocan en el español del país en general, pero otros en municipios particulares. Este trabajo es muy específico, enfocado en una obra: el disco y sus diecisiete canciones. Técnicamente, es un glosario porque mira esas palabras en su uso y valor en un contexto. Es un trabajo muy reducido: trescientos palabras de las 415 entradas. Un diccionario del español actual, de puertorriqueñismos, podría ser de ocho mil palabras, mirando otros comparables, como el de República Dominicana o Cuba. Así que es un trabajo muy acotado, pero que planteo como un retrato lingüístico y cultural de ese momento. El disco y el concierto y esta producción han logrado capturar un momento emocional, lingüístico, cultural, para Puerto Rico. El Tesoro lexicográfico sería como el álbum de familia en el que vemos a los bisabuelos, los abuelos y esta foto reciente que se añade.
Hace cincuenta años, uno de los grandes escritores latinoamericanos, puertorriqueño, Luis Rafael Sánchez, publicó La guaracha del Macho Camacho (Ediciones La Flor, 1976), que se ocupa del español puertorriqueño, pero también de la música y la cultura en la isla.
La guaracha del Macho Camacho se distingue por un uso deliberado del español puertorriqueño y de los puertorriqueñismos. También se usa el lenguaje soez de manera consciente. Próximamente saldrá una edición conmemorativa de la RAE y la Asale (Asociación de Academias de la Lengua Española), y, curiosamente, yo estaba trabajando en ambos libros a la vez, porque me tocó colaborar en el glosario de La guaracha del Macho Camacho y un índice onomástico de las referencias culturales.
Es un proyecto de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española que ha dirigido José Luis Vega; él hizo la mayor parte del trabajo, yo solo colaboré, miré el glosario, le di un poco de estructura; otra compañera trabajó el índice onomástico. Fue curioso que miráramos a esos dos autores a la vez. Por supuesto, la novela es una construcción de una complejidad que no se puede menospreciar. Las canciones son textos breves. Y, por cierto, Luis Rafael Sánchez ha escrito un par de columnas sobre Bad Bunny (en su espacio “Testigo informal”).
En México, varios antropólogos y sociólogos han abordado la música de los corridos e incluso los narcocorridos, como José Manuel Valenzuela en su estudio Corridos tumbados, bélicos ya somos, bélicos morimos (Ned Ediciones, 2023). ¿Cómo trabajó la interdisciplinaridad?
El trabajo fue principalmente lingüístico, pero a mí me hubiera encantado incluir la iconografía, porque tanto el disco, como los videos y el concierto, están tan preñados de simbología significativa para Puerto Rico que casi me daban ganas de incluir la palabra “concho” y hablar del sapo concho que está en peligro de extinción; o de las sillas blancas, que usamos para el junte familiar o la congregación o reunión comunitaria, pero que son dos sillas blancas que están vacías en la portada del disco; o la casita de cemento con la evocación de la urbanización de Puerto Rico a partir del modelo norteamericano. Claro, lo lingüístico no se puede desasociar de lo social y lo cultural, así que hice muchas entrevistas a jóvenes y busqué en bases de datos. El análisis de Bad Bunny tiene que ser mucho más amplio, empezando por la iconografía.
¿Cómo se logra dar seriedad a un fenómeno tan mediático como Bad Bunny y no pensar que es un producto comercial, cuando se ve la iconografía que pareciera muy planeada?
Yo digo: incluye tantas cosas pero ¿por qué no se siente folclorista? Hay muchos espectáculos que se hacen en la isla, que representan todos los géneros musicales pero se sienten un poco artificiales. ¿Por qué esta representación que tiene bomba, plena, salsa, reggaeton, que tiene el campo, el pueblo, no se siente artificial? Hay algo que se siente genuino y auténtico en esa representación, que no busca embellecer, sino retratar una cotidianidad con la que nos identificamos.
También está el lenguaje. No es un español puertorriqueño que busca ser cuidado sino que retrata la espontaneidad y la informalidad de una comunicación cercana, que nos hace sentir como en un barrio, en el sentido de una comunidad de lazos estrechos y que se conoce por generaciones. De momento, los tres millones de puertorriqueños en la isla y los cinco millones afuera compartimos una experiencia muy clara.
Como estudiosa de la lengua, ¿qué representa el fenómeno del Super Bowl, con un Bad Bunny cantando ahí por primera vez, ya no en inglés, sino en el español de Puerto Rico?
Es un hito. Plantea un disloque en lo que han sido los poderes lingüísticos a nivel mundial en los últimos ciento cincuenta años. Es un reto a la hegemonía del inglés como lengua franca y lengua de la cultura a través de la cual hay que pasar para acceder a ciertos espacios. Posiciona el español en un mismo plano de iguales, reclama el espacio para otras lenguas más allá del inglés en los espacios internacionales, normaliza el multilingüismo. Lo vemos en las entrevistas en las que Bad Bunny se siente más normal: un entrevistador que empieza en inglés y el cantante le contesta en español y en inglés, y luego el entrevistador tira alguna palabrita en español. Hay una normalización de la diversidad lingüística.
¿Y eso cómo repercute en el español de Puerto Rico?
Hay una validación de las variedades dialectales. Bad Bunny no emplea un español como aquel que llamábamos “español de Univisión”, un español neutralizado, que tiene la función de asegurar la comunicación y la inteligibilidad entre todos. Muchos puertorriqueños han sentido una validación, una aceptación de su variedad dialectal que históricamente ha recibido críticas, de nosotros mismos y del exterior.
Ha habido un sentido de inferioridad e inseguridad lingüística. Se nos ha dicho que hablamos mal o peor que España, que usamos muchos anglicismos. Al ver que en Puerto Rico se puede tener un éxito global, hay un sentido de validación y dignidad. Además de los mensajes que Bad Bunny ha lanzado, está la forma. En cuanto al contenido, hay un comentario al derecho de existir lingüísticamente en condición de iguales.
AQ / MCB