Cultura
  • Pedro Infante bajaba del cielo: la isla que lo adoró sobrevive entre recuerdos y abandono

La isla de Pedro Infante. Vive de su leyenda y resiste al olvido | Portada

En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas, el paraíso que lo enamoró sobrevive con nostalgia.

DOMINGA.– Miró por la ventana de la avioneta. Observó los manglares, el mar, la selva en la frontera costera entre Yucatán y Campeche, de la (hoy llamada) Reserva de la Biósfera de Celestún. Al volar por los cielos pudo ver el Golfo de México y su hogar, Isla Arena, una pequeña comunidad en el norponiente de Campeche.

Onésimo Elías Pérez Navarro, ‘Pato Lecho’, era un niño, no recuerda su edad –quizás unos 12 años; hoy dice tener 88–, pero sí quién era el piloto: Pedro Infante.

–Si se muere él, nos morimos con él –pensó don Pato Lecho.

Desde el cielo miraban los charcos, los flamencos, los bancos de sal, los cocales, Real de Salinas y el pueblo de Celestún. Se veía todo clarito: los tonos azules de las aguadas (depósitos de agua) y los cenotes, el mar verde del golfo y unas cuantas casas de madera del pequeño pueblo de Isla Arena.

Han pasado siete décadas desde esos viajes a bordo de la avioneta de Pedro Infante. Hoy la isla tiene un puente que la conecta con tierra, aunque tiene poca señal de celular e internet. Es agosto, hace calor. Me reúno con los antiguos de la isla: don Pato Lecho, su hermana Blanca Esther y su prima Eleuteria. Son octogenarios. Nos sentamos en el patio de una casa, bajo una mata de uva de mar que suelta sus frutos morados y dulces, son las vides del Caribe. La sombra de la uvita nos da fresco.

Pedro Infante
A lo largo de su carrera, Pedro Infante hizo un total de 61 películas | Fototeca Milenio

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Menos de mil personas habitan Isla Arena. Su población es pescadora, aunque algunos jóvenes migran hacia la cabecera municipal, Calkiní, a la capital del estado –San Francisco de Campeche– o a algún otro rincón de la península. Los adultos y las personas mayores han tomado el camino de la pesca que, en estos días de verano, es la del pulpo. Sólo cuando hay brisa salen a capturarlo. Otro tanto se dedica al ecoturismo: hospedajes como Carey en la playa o Wotoch Aayin, una unidad de manejo ambiental del cocodrilo ‘Moreletii’ donde se puede comer la carne del reptil, observar a los miles de infantes y los cuatro adultos tiranosáuricos, en el mangle.

Isla Arena tiene unos 200 metros de ancho, cruzarla de este a oeste toma un par de minutos y dos kilómetros y medio de largo, una caminata de menos de media hora. Hacia el norte la isla –en realidad una península minúscula de difícil acceso por los pantanos cenagosos– está el basurero local y más allá se encuentran manglares habitados por cocodrilos y aún más allá Can Balam, un cementerio maya en el bosque petrificado de la ciénega; y 20 kilómetros al norte (o dos horas en carretera) está el puerto de Celestún. En la punta sur se encuentra el faro y el Complejo Turístico y Cultural, a cargo de Administración Portuaria Integral (API) de Campeche; hasta hace unos años ese edificio alojó el Museo de Pedro Infante.

En algún año de la década de 1950, Pedro Infante aterrizó en Celestún, el pueblo vecino de Isla Arena. La fecha específica no la saben don Pato Lecho ni Blanca Esther ni doña Eleuteria. Existen dos versiones sobre lo que motivó a la gran estrella del cine mexicano de oro para llegar a Isla Arena.



–Lo obligaron a cantar en Celestún. Le pusieron la guitarra y eso fue una ofensa –dice doña Eleuteria, que eso le contaba su mamá.

La otra versión –que cuenta Hipólito Can Gómez, ‘Polo’, vecino una o dos generaciones más joven, y que se repite entre otros habitantes– es que “en Celestún un señor no lo conocía y le tocó el fundillo y se chivió Pedro Infante. Y se subió a su avioneta y se dejó venir para acá. Como había una explanada, como de dos kilómetros, bajó y vino y acá lo atendieron a cuerpo de rey”.

Otra versión añade que uno de los pescadores le pidió que se quedara, platicaron y el pescador lo invitó a Isla Arena en su cayuco, a lo que el actor respondió “Yo traigo mi avioneta”, y cumplió su promesa de visitarlo en su aeronave color amarillo. El actor era un apasionado de la aeronáutica, aunque eso conllevara accidentes casi mortales (como el del 22 de mayo de 1949, cerca de Zitácuaro, Michoacán, que terminó con una fractura de cráneo intervenida con una placa metálica). De modo que Pedro Infante acudió a la casa del pescador a comer pámpano asado y pan de cazón.


Los habitantes no lo reconocieron al instante hasta que alguien se fijó en la esclava de oro de su muñeca con su nombre: Pedro Infante. Sus viajes a Isla Arena son un mito escondido en la península de Yucatán.

Había fotos, contratos y trajes en el Museo de Pedro Infante

En junio de 2023, la Agencia EFE difundió una nota que fue retomada en la prensa nacional con encabezados como “Cierre del Museo de Pedro Infante pega al turismo de Isla Arena en Campeche” y “De ser descubierto por Pedro Infante al colapso económico, el paraíso Isla Arena”. Hasta principios de 2021, los medios reportaban que el museo se encontraba abierto: exponía trajes del actor como el que usó en Los tres huastecos, contratos de filmes como el de Necesito dinero, fotografías, retratos, guitarras, guantes de boxeo, pósteres de las películas y una estatua de bronce.

Desde su inauguración, en 2012, el espacio estuvo administrado por los gobiernos estatales hasta que dejó de funcionar el Museo de Pedro Infante.

Carlos Sanguino fue presidente municipal de Calkiní entre 2009 y 2012, en sincronía con la gubernatura de Fernando Ortega Bernés. El gobierno estatal estableció contacto con Lupita Infante, hija de Pedro, a través de la Secretaría de Turismo, para construir el museo con una inversión de 23 millones de pesos.

–El museo se pensó que era el lugar ideal porque la gente de la comunidad de Isla Arena siempre nos comentaba que Pedro Infante iba a Isla Arena las veces que venía a Mérida, Yucatán –me cuenta Sanguino en su casa en Calkiní.

En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece ser memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas.
Isla Arena es una pequeña comunidad en el norponiente de Campeche | Paul Antoine Matos

Entre los vecinos de Isla Arena, destacaba don ‘Chicote’, quien aportó fotos y pruebas de la presencia de Pedro Infante para sustentar el proyecto de la API. A la inauguración, en febrero de 2012, acudieron los familiares de Pedro Infante. Sanguino recuerda que “dio un repunte en ese momento, pero no se pudo seguir conservando en las siguientes administraciones”.

Don ‘Caballito’ tiene 81 años. Me reúno con él en el exterior de su casa, donde tomamos el fresco. Para la inauguración, un biólogo amigo suyo lo invitó a cantar una canción de Infante. Se subió al escenario y preguntó al mariachi cuáles eran las que se sabían. Pasó la velada recordando la voz del actor. A trece años de distancia, tras el cierre del museo, en Isla Arena sus habitantes cuentan que el gobierno campechano no llegó a un acuerdo con la familia Infante para pagar las regalías por el uso de su imagen. Sin embargo, lo que sí quedó es la memoria de sus habitantes más antiguos.

En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece ser memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas.
La isla de Pedro Infante mantiene vivo su recuerdo | Paul Antoine Matos

Pedro Infante quiso llevar la luz eléctrica a Isla Arena

“Quiero llegar oliendo al paraíso”, decía Pedro Infante después de comer pámpano asado en la isla. Tras ser descubierta su identidad, le agarró cariño a Isla Arena y los habitantes le respondieron de la misma forma. Cuenta don Pato Lecho que el cantante dijo: “Si me hacen mi campo, vengo a visitarlos”. Tras esas declaraciones, los vecinos fueron a buscar su hacha, su machete, su pala, su pico, su coa y antes de la puesta del sol ya habían enterrado todo, la tuna, la pitahaya, para construir una pista de aterrizaje para su avioneta.

Isla Arena es un pueblito en el Golfo de México, a mitad de camino entre el centro del país y Mérida, la ciudad donde vivía junto a su pareja Irma Dorantes. Pedro Infante recorría el cielo peninsular y en los medios de comunicación se mencionan versiones que transportaba contrabando desde la Honduras Británica, hoy Belice, en la frontera suroriental de México, hasta Chetumal. Que traía licores exóticos que no se conseguían en el país, que seda. En la isla don Caballito dice: “Un hombre tan famoso, cómo crees que va a estar contrabandeando”.

Pedro Infante regresó a Isla Arena algunas veces durante la década de 1950. Unos me cuentan que viajó allá en varias ocasiones, durante años, hasta su accidente mortal en Mérida; otros que fueron cuatro o cinco, ocurridas en un par de años. Coinciden en que el actor se enamoró de la isla y quedó cautivado por sus habitantes.

En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece ser memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas.
Onésimo Elías Pérez Navarro, ‘Pato Lecho’, viajó de niño en la avioneta del actor | Paul Antoine Matos


​“Tomaba agua de coco; acariciaba a la gente que tenía su pelo blanco”, dice don Pato Lecho. Pedro Infante se ganó pronto la confianza y el cariño de los locales: a una señora vendedora de merengues la bautizó como la ‘Tía Merengues’; también llegaba con bloques de hielo para compartir con los isleños, subía a los niños y niñas a su avioneta y recorrían el cielo para mostrarles el mar y la selva, como cuenta Pato Lecho que se montaba a la aeronave a los 12 años; y tras almorzar Pedro Infante cantaba tres canciones, ni una más ni una menos.

Pedro Infante quiso llevar la luz a Isla Arena, una isla que en los años cincuenta no tenía acceso por tierra, nomás a través de cayucos con el continente o por las lanchas de pescadores hacia Celestún o la costa campechana hacia el sur. Le encomendó la tarea a don Miguel López, compadre del papá de Pato Lecho, pero se equivocó. La planta eléctrica terminó en otra isla, unos dicen que en Isla Mujeres, frente a las costas de Cancún, otros que en Isla del Carmen –Ciudad del Carmen– en Laguna de Términos. Avergonzado por su error, el compadre no regresó a Isla Arena.

Aunque la planta eléctrica no llegó, Pedro Infante decidió que se construyera una casa de huano para él en la punta sur de la isla, donde hoy se encuentra el faro. Don Pato Lecho expresa:

–Quería decir que Pedro Infante todo el tiempo quería estar acá.

En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece ser memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas.
Los isleños recuerdan a Pedro con cariño | Paul Antoine Matos

Los 360 cromos perdidos de Pedro Infante

De entre todos los vecinos de Isla Arena, había uno que presumía ser el mejor amigo de Pedro Infante: don Chicote. Murió hace un par de años, pero la agencia EFE logró entrevistarlo en 2023 y declaró: “Pedro Infante fue mi amigo, venía procedente de Mérida a pasear, a disfrutar del sol, el mar y la naturaleza [...], no sé si tengo 90 o cien años, pero sí puedo asegurar que Pedro ayudó a los habitantes, no sólo económicamente, sino regalando cariño”.

Pero a don Chicote lo recuerdan como “pedilón”, un vecino que pedía dinero a cualquiera y que se acercó a Pedro Infante e insistió en hacerse amigo de él, a través de adulaciones. Llegó a visitar al actor hasta su casa de Mérida, donde el cuidador, un señor llamado Ruperto, no lo dejaba entrar. En la isla cuentan que cuando el cuidador mencionó el nombre de Chicote, Pedro Infante respondió que lo dejara pasar, lo conocía de la isla.

–Tanto quiso a la isla que mandó a hacer unos cromos [unas fotografías] donde está haciendo ejercicio, cantando, con su guitarra, fueron unos 360 para darles a todo el pueblo. Resulta que el señor ese al que se lo dio, don Chicote dice que se lo robaron –me platica don Caballito.
En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece ser memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas.
Doña Eleuteria es una de las habitantes más antiguas de la isla | Paul Antoine Matos

Pedro Infante regaló a los habitantes de la isla una serie de fotografías donde aparecía caracterizado en sus personajes del cine. Esas fotos desaparecieron y los pocos recuerdos físicos que tenían de Pedro Infante sólo son unas fotos que Polo conserva en las que el actor aparece con los niños isleños de entonces, aunque –me aclara él mismo– no se trata de la original.

La noticia del avionazo de Pedro Infante sonó en la radio

En los años cincuenta, sólo un vecino tenía radio en Isla Arena. Don Basilio Gómez, tío de Pato Lecho, era el que sintonizaba las estaciones de la época. El lunes 15 de abril de 1957, la radio transmitió la noticia de que a cien kilómetros de distancia, en Mérida a las 7:45 de la mañana, había caído la avioneta de Pedro Infante.

Los habitantes de Isla Arena se amontonaron alrededor de la casa de don Basilio hasta entrada la noche. Escucharon las actualizaciones sobre el accidente: el avión cayó en la calle 54 con 87 del centro de la capital yucateca, los tripulantes se quemaron, identificaron a uno de ellos por una placa metálica en el cráneo –producto de un accidente previo en 1949–, así como su esclava de oro con el nombre “Pedro Infante” grabado en ella.

En Isla Arena, Campeche, el paso de Pedro Infante parece ser memoria viva. Entre relatos de su avioneta, canciones y promesas cumplidas.
Don Caballito recuerda que el actor y cantante mandó a hacerse unas fotografías para regalar al pueblo | Paul Antoine Matos

Al terminar de comer su pámpano asado –un pez que por cierto ha desaparecido de las costas de Isla Arena–, a Pedro Infante le ofrecían lavarse las manos cuando le quedaban llenas del pescado. Pero él rechazaba la invitación, se limpiaba con una servilleta de tela antes de emprender el vuelo y respondía:

–Quiero llegar oliendo al paraíso.


GSC


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