Platicar con Cecilia Fiel (Buenos Aires, 1975) es adentrarse en un universo donde la filosofía y el cine no sólo conviven, sino que colisionan con una urgencia política ineludible. La directora argentina nos invita a romper la caja en la que, culturalmente, nos hemos confinado, planteando preguntas que hoy parecen más necesarias que nunca.
Nuestro encuentro ocurrió en un domingo lluvioso, bajo el refugio de la Cineteca Nacional. Allí, en el corazón de la meca del “cine de arte”, la realizadora diseccionó su pieza más íntima: el documental dedicado a su compatriota, el filósofo e ilustrador Enrique Dussel (La Paz, Mendoza, 1934 – Ciudad de México, 2023).
Más que una entrevista, la charla se convirtió en un intercambio de impresiones sobre la resistencia cinematográfica y la memoria viva. Al hablar sobre el cine que habita, Fiel sentenció:
“Si vos me preguntás a mí, te digo que quiero un cine político aunque en un sentido amplio, que piense desde América Latina, cuestionando y transformando el sentido dominante de nuestras realidades”.
Es esa misma convicción la que guía este perfil sobre una cineasta que, incluso sorteando la fragilidad física y la burocracia de la industria, ha logrado capturar el espíritu de uno de los maestros del pensamiento crítico más trascendentales del siglo XX.
El Dussel que no habita los libros
Viendo el trabajo de Fiel, podemos apreciar la intimidad y la óptica que está puesta en el documental de 102 minutos. Dentro de las tomas, se ubica al filósofo dentro de su estudio, en su biblioteca personal, dando recorridos en los patios de Ciudad Universitaria y hasta una explicación magistral sobre la construcción del México colonial; Dussel protagoniza planos geográficos y medios —bajo la dirección de cámara de Agustín Elgorriaga— donde da a conocer su visión de la política y cómo la filosofía de sus trabajos vive de forma casi impregnada en los procesos históricos de nuestra nación.
El trabajo documental va dedicado al personal médico del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, donde la directora estuvo hospitalizada después del fallecimiento de Dussel, y abre con Enrique Dussel hablando de su salud, que estaba ya deteriorada durante la filmación de la pieza, rodada durante la contingencia sanitaria por el covid-19:
— “Mis días están contados, porque ya mucho no voy a durar. Lo que viene adelante es previsible. Pero, más bien, estoy acabando las cosas que tengo entre manos. Ya no espero construir ninguna obra importante, sino esta estética corta, para demostrar cómo habría que continuar escribiendo en la escuela de la filosofía de la liberación”, señala Dussel en una de las primeras escenas.
Durante Dussel: la filosofía es un don para un mundo sin, podemos ver una crítica a las corrientes europeas, mismas que —durante años de estudios— han estado excluyendo de sus dinámicas de poder y aprendizaje a las naciones de América Latina.
Además, se discuten las estructuras de poder dentro del continente; la vista del poder como “potestad” que emana del pueblo, las categorías de la “víctima” y la “exterioridad”, así como la influencia del “mandar obedeciendo” —que emana del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional)—. A esto se suma el estreno de esta filmación, cuya presentación ocurrió durante el marco conmemorativo de los 50 años del golpe de Estado a la dictadura de Videla; esa misma que accionó un atentado contra Dussel en octubre de 1972 con una bomba afuera de su casa —hecho que Dussel recuerda en los primeros minutos del trabajo de Fiel—.
Archivo, neumonía y el oficio de la resistencia
Si la construcción del vínculo con Dussel fue el alma del rodaje, el montaje se convirtió en el terreno donde Cecilia Fiel tuvo que luchar por la supervivencia misma de la película. Fue un proceso errático, marcado por la salud quebradiza del maestro y por una neumonía aguda que llevó a la propia directora a terapia intensiva tras contraer influenza en la Ciudad de México.
— “Desde el inicio del pre guión, siempre estuvo la idea de pensar filosóficamente la forma del documental, es decir, su aspecto expresivo, pero en la práctica todo se complejizó por el contexto pandémico y la salud del maestro…; entonces fue durante el montaje cuando volví a pensar de qué forma, más allá de todo el contenido filosófico, podía hacer filosofía desde las herramientas que me da el dispositivo, cómo hacer filosofía desde la cámara, desde el sonido, etc. Esto ya era muy difícil hacerlo por cómo había registrado los encuentros con Dussel y, además, por la urgencia de las fechas para entregar la Copia A al INCAA estando yo aún muy débil de salud. Y ahí recordé un material filmado en 2019 también en la UNAM…, entonces, ya con el material muy bien visualizado, pensé cómo resolverlo en poco tiempo -puesto que el INCAA ya me había intimado para que entregue la Copia A o devuelva el dinero indexado-, y decidí enfatizar el punto de vista desde América Latina. Así fue que me detuve a repensar cada escena desde este lugar.
Este ejercicio de memoria viva, donde el archivo personal de Fiel —rescatado casi por azar de 2019— se cruza con las últimas reflexiones de un hombre que se sabía al final del camino, logra trascender la biografía institucional como una apuesta estética que se niega a la solemnidad académica, una decisión que, como descubrimos durante nuestra plática en la Cineteca, fue el motor que mantuvo a flote el proyecto durante los años más oscuros de la pandemia.
— “La película está dedicada a los médicos del Hospital de México. Yo contraje influenza acá un mes después que muriera Dussel y, como me costó conseguir cama, la influenza me derivó en una neumonía aguda con derrame pleural y cuando encuentro lugar en un hospital fui directo a terapia intensiva. Esa primera noche también pensé que podía ser la última y me dije que tenía que terminar esa película y me agarré fuerte a ese deseo. Fue duro, pero salí adelante. Me cuidaron mis amigos y amigas mexicanos, yo estaba muy débil, y aún hoy arrastro las consecuencias de esa influenza”.
— “(...) Durante el montaje fue donde yo dije: ‘Bueno, a ver, vamos a sacar esto que tengo filmado y que quizás se registró de una forma más clásica o institucional’. Ahí fue que apareció el archivo que yo tenía del 2019 y que lo tenía olvidado. Entonces me di cuenta que ese archivo me permitía mayor espíritu crítico, no solamente en cuanto a Dussel con lo que él pensaba, sino también que me permitía a mí distanciarme de la historia que estaba contando”.
No es una clase, es una mirada íntima a Dussel
Al preguntarle cómo logró evitar que el documental se convirtiera en una lección magistral y árida, Fiel es enfática: la clave no estuvo en el guión, sino en el tiempo. La directora reconoce que la construcción de un vínculo con el maestro —fruto de reiteradas visitas que comenzaron en 2019— fue lo que permitió que el filósofo se despojara de su armadura.
—”Los documentalistas sabemos la importancia de la construcción de un vínculo antes de sacar la cámara. Esa construcción con Dussel hizo que de golpe afloraran características que excedían al filósofo (...) Eso, por supuesto, pude haberlo dejado afuera; pero decidí que había que incluirlo justamente para que distendiera tantas argumentaciones filosóficas y también para conocer otra faceta suya, no atado siempre al profesor o al filósofo”.
No se trataba solo de retratar al académico, sino de capturar al hombre que, entre amigos y discípulos, se permitía una calidez inusual. Fiel recuerda cómo, con los años de convivencia, la relación mutó: de ser filmado a ser cómplice:
— “Era un Dussel que se permitía un habla coloquial y mostraba la cercanía que tenía con sus discípulos, ya que en muchos casos era una amistad. Además, como el maestro estaba muy acostumbrado a las cámaras, en algún momento él mismo se permitía darnos indicaciones de cómo había que filmar, de qué había que filmar; simplemente hablaba y nos contaba, mirando a cámara, aquello que creía que debía estar en la película”.
Al preguntarle qué descubrió de Dussel que no está en sus libros, Fiel se detiene en un rasgo que la filosofía, a veces tan rígida, no siempre logra transmitir: su pasión por transformar el mundo.
— “Si bien toda su filosofía es un compromiso ético y político con América Latina, ver ese entusiasmo a los 87 años fue algo para admirar”, confiesa.
Más allá del pensador que disecciona los procesos históricos del continente, Cecilia encontró en él a un hombre que, incluso en la última etapa de su vida, mantenía una vitalidad inquebrantable, una característica que, para ella, es tan definitoria de su legado como sus propias tesis.
La cámara como trinchera frente al algoritmo
Si bien a lo largo de los 102 minutos de la obra se despliegan las corrientes de pensamiento de Dussel, el documental logra plasmar los ideales de la directora de una forma orgánica. La pieza aborda temas que interpelan directamente el contexto político de América Latina, invitando al espectador a “salir de la caja” y cuestionar esas estructuras eurocentristas que, con el paso del tiempo, hemos naturalizado.
En ese sentido, nuestra conversación abordó el uso actual de la palabra colonialidad y cómo el cine puede actuar como espejo de nuestras realidades:
— “La colonialidad es una palabra que se ha puesto en boga a partir de Anibal Quijano, más allá de que es una realidad desde 1492. Esta categoría se ha puesto en auge con la Opción Descolonial, de la cual Dussel fue uno de sus protagonistas. Yo, como académica, me inscribo dentro de esa Opción; para mí, Dussel es un faro y un referente para pensar el arte, el cine y la filosofía desde América Latina, por eso creo que también debemos preguntarnos cómo juega la colonialidad en el campo artístico y cinematográfico. En lo personal, creo que tenemos que romper con las lógicas de los festivales de cine latinoamericano que reproducen la lógica capitalista, eurocéntrica y colonial, y empezar a construir también desde el cine la propuesta dusseliana de la transmodernidad”.
Para Fiel, el cine es una resistencia frente a la uniformidad. Es clara al señalar que “hay que vencer el algoritmo” en el que vivimos, ya que, desde su óptica, habitamos tiempos donde se condiciona el gusto y las preferencias sobre los contenidos que consumimos.
Al hablar de la respuesta del público ante el trabajo sobre Dussel, Fiel se muestra conmovida, reivindicando su papel como directora más allá de las métricas:
— “Sobre el público que viene a ver el documental, creo que es difícil que la gente mire por fuera de una tendencia o un canon, pero no es imposible en la medida en que haya una educación del público cinematográfico para ver más allá y llevar a la pantalla temas que nos involucren directamente. La repercusión tiene que ver con todo ese recorrido; hay gente que quiere colaborar, traducirla, difundirla. Eso ocurre porque se sienten parte de algo que estaba invisibilizado pero que el público necesitaba, muchos se han encontrado en el film, se ven ahí. He tenido recepciones muy fuertes; una joven me dijo que decidió volver a la universidad después de ver la película y eso me hace muy feliz”.
Entre el aire, los truenos y la lluvia, nos encontramos con una Cecilia Fiel interesada en compartir una forma distinta de resistencia: aquella que se nutre de la tradición, del conocimiento compartido y de la capacidad de atrapar al espectador desde campos que las academias eurocentristas han decidido ignorar.
— “Para la construcción del documental hemos usado tomas de tradiciones de México: Día de Muertos, sitios importantes para la historia moderna del país. No estoy mostrando un México turístico, estoy dándole un lugar a lo popular, a lo prehispánico y a lo colonial, y eso es una decisión de dónde poner la cámara y qué dar a escuchar, por eso el arte sonoro de Lluvia de Palos, quienes trabajan con objetos prehispánicos para producir sonido, no música en el sentido tradicional europeo, ha sido fundamental”.
El documental se revela, entonces, como un movimiento entre quienes han leído, conocido y tenido el honor de escuchar a Dussel en las aulas de la UNAM. La construcción cinematográfica es, en esencia, un acto político: un lugar para incomodar a quienes prefieren el statu quo. Cecilia nos habló sobre cómo una cinta puede transformarse en una trinchera:
— “El cine documental en América Latina ha tenido una gran tradición militante producto de nuestra realidad histórica. Es imperante que el cine incomode, que despierte y haga pensar más allá de lo que se ve; que sea la plataforma para que otros puedan dar a conocer sus realidades y construir, desde allí, un cine que dialogue con otros pero con otros del sur global!, sino caemos en fantasear que el cine europeo o norteamericano va a dialogar con nosotros…, a ellos les sale muy bien el monólogo. Creo que tenemos que pensar en otros interlocutores, dialoguemos con asiáticos, con africanos, con nuestros países vecinos que a veces ignoramos… y con el cuidado de no subestimar al público”.
Fiel y Dussel, una mirada a América Latina
Entre las enseñanzas académicas de Dussel y la construcción que la cineasta argentina ha dado a los últimos momentos de vida de su compatriota, nos enfrentamos a varias certezas. Pero, en palabras de Cecilia, queda claro que “el cine debe entender realidades ajenas al glamour y ajenas a la norma”.
Si bien, durante nuestra charla, también hubo tiempo para intercambiar impresiones sobre el gusto compartido por la cinta de romance bélico Hiroshima, mon amour (1959) y la película venezolana Araya (1959), surgió una duda final.
— Si su documental fuera una frase de Dussel, ¿cuál sería?
— “Somos octubre del 68”. Porque la película quiere inscribirse en una tradición de cine latinoamericano que no olvida la memoria y que busca construir un futuro distinto y común, de liberación y hermandad.
Al terminar la plática, ambos vemos nuestros relojes; una función más del documental ha concluido en la sala 8. Afuera, la lluvia persiste. Nos despedimos con un abrazo cálido, de esos que dos cinéfilos se dan cuando han conversado sobre una obra que les ha calado hondo.
Cecilia agradece la entrevista, camina hacia el grupo de personas que sale de la sala y comienza a conversar con ellos. Olvidé el clima y observé la cara de una directora amable, entregada a su oficio, que con el gesto de saludar a su público sienta las primeras bases de una resistencia cinematográfica.
Dussel llegó a ella a través de una amiga íntima que, más que un documental, entregó una pieza etérea para comprender la realidad del pensamiento del filósofo argentino más trascendental de nuestra era.
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