M+.- Al levantar la ofrenda, el cempasúchil puede terminar en la misma bolsa que las envolturas de los dulces, las botellas y los restos de comida. Esa mezcla dificulta recuperar materiales que podrían aprovecharse y plantea una pregunta que suele quedar fuera de la celebración: ¿qué pasa con todo lo que usamos después del 2 de noviembre?
Este año, el gobierno de la Ciudad de México reportó una producción histórica de 10 millones de plantas de cempasúchil. Aunque la cifra corresponde a la producción y no a una medición de flores desechadas ni de basura generada durante esta temporada, la cifra nos da una idea de la cantidad de desechos orgánicos que podría movilizarse.
El problema se inserta en un desafío cotidiano: la Ciudad de México genera alrededor de 14 mil toneladas de residuos al día, según información de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), mientras que el país entero llega a las 140 mil toneladas.
En entrevista con MILENIO, Ignacio Parada, CEO de Bioelements, empresa dedicada al desarrollo de materiales para empaques, señaló que estas fechas permiten revisar el destino de los productos que consumimos.
“Obviamente, es muy bonito ver a la Ciudad de México teñida de naranja, pero al mismo tiempo tenemos un buen momento para acordarnos qué pasa con los residuos y qué tipo de residuos estamos generando al celebrar una fecha tan relevante como el Día de Muertos. (...) Yo creo que este tipo de momentos o de fechas son importantes porque nos tienen que recordar que cualquier cosa que nosotros hacemos tiene un impacto”.
Separar antes de tirar
En una ofrenda conviven materiales con características distintas. Las flores y los restos de alimentos son orgánicos; las botellas, los recipientes y las envolturas requieren identificar su composición y las posibilidades de recuperación disponibles.
Para Parada, el primer paso es reconocer qué se desecha en cada hogar y evitar que todo termine mezclado. El problema empieza antes de que la bolsa llegue al camión recolector.
“Puedes tener el empaque del pollo, el empaque del queso, el empaque del jamón, las bebidas que vienen en lata, el tequila que viene en vidrio, y así un montón de cosas. Entonces, hay que entender cuáles son aquellos materiales que estamos usando. Y eso, obviamente que, desde el origen, tiene un problema que es importante entender, que, si yo mezclo todo, entonces va a ser muy difícil poder recuperar y darles un valor a aquellas cosas”.
La separación, sin embargo, no completa el proceso. Para que un material vuelva a aprovecharse, tiene que existir una ruta que permita recolectarlo y llevarlo al tratamiento adecuado. Identificar un envase como reciclable o compostable no resuelve, por sí mismo, su destino.
El cempasúchil tiene un antecedente de recuperación
Una de las opciones que la capital ha puesto en marcha es el acopio de cempasúchil después de la celebración. En noviembre de 2025, la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) habilitó puntos en el Parque Ecológico de Xochimilco y en los Centros de Cultura Ambiental Acuexcomatl, Ecoguardas y Yautlica.
Entre 2023 y 2024, la campaña reunió alrededor de 700 macetas con cempasúchil, además de pétalos y tallos, que se aprovecharon para elaborar composta destinada al invernadero y las chinampas. Las macetas y la tierra se utilizaron en talleres de educación ambiental. Esta experiencia muestra una alternativa de manejo separado de los residuos vegetales.
Biodegradable y compostable no significan lo mismo
Los materiales reciclables, compostables, biodegradables y de origen biológico tienen características distintas. Este último término se refiere a las materias primas utilizadas; no determina, por sí solo, cómo debe manejarse el producto después de usarlo.
La distinción tiene consecuencias prácticas. El organismo de normalización y certificación NYCE explica que la norma NMX-E-273-NYCE-2019 evalúa la compostabilidad de los plásticos en un entorno de compostaje industrial. Una certificación bajo esas condiciones no demuestra, por sí misma, que el producto se degrade de igual forma en casa, en la calle o en un relleno sanitario.
Por ello, además de leer la etiqueta, importa conocer las condiciones para las que fue evaluado el material y si existe una instalación que lo reciba.
Parada planteó que, para los empaques con esas características, el aprovechamiento mediante composta es el destino deseable:
“Lo ideal de un empaque biodegradable es que termine en un círculo de composta, porque así es donde tiene mayor valor”.
La infraestructura también cuenta
La responsabilidad no termina en la separación doméstica. Los comercios que entregan empaques y las autoridades encargadas de recolectar y tratar residuos forman parte de la misma cadena.
Consultado sobre la capacidad de la ciudad para procesar estos materiales, Parada reconoció un rezago. “Obviamente, la infraestructura siempre está al debe porque la tasa de crecimiento del consumo crece más rápido que la infraestructura tal destinada para reciclar mecánicamente o para compostar o reciclar orgánicamente”.
Para evaluar el manejo de los residuos de la celebración, hace falta dar seguimiento a lo que ocurre después de separarlos: cuánto se recolecta, qué materiales se recuperan y cuáles llegan a disposición final.
Una vez que se apagan las veladoras y se retiran las flores, el destino de la ofrenda depende tanto de las decisiones en casa como de que existan opciones para recibir y aprovechar sus materiales.
HCM
