Año con año miles de fieles realizan uno de los recorridos de peregrinaciones religiosas más importantes de México, esta Semana Santa de 2026 no fue la excepción, y para muchas personas ya es toda una tradición que suma décadas de historias con amigos y familiares que se suman para completar un recorrido de más de 117 kilómetros en la ruta tradicional que conecta a Ameca con Talpa de Allende, por ejemplo.
Sin mandas ni acompañantes; simplemente una costumbre
Juan Ramírez tiene más de 16 años caminando la ruta del peregrino, en esta ocasión se aventuró solo sin su familia, en esta ocasión no llevaba manda.
“No, vengo de voluntario no más me gusta venir, cada año vengo, ya mucho desde que mis muchachos tenían 3 años 4, ahorita ya tienen 21 imagínese”, dijo.
Platicó Don Juan que en esta ocasión inició su peregrinar hacia Talpa de Allende desde el principio de Tala donde vive con su familia.
En su recorrido por la ruta entre cerros y brechas prefiere soportar el frío que el calor, ya que se llegan a registrar temperaturas de hasta 35 grados.
“Está bien, apenas está sabroso mil veces el frío que el calor a lo mejor llegamos hasta el obispo nomás ya de ahí nos levantamos al día siguiente”, comentó.
Juan acudió con la Virgen del Rosario para agradecer por la salud y el trabajo en estos tiempos de crisis.
Los puntos más importantes del camino
Para entender la magnitud del esfuerzo de personas como Juan, hay que considerar los puntos clave que marcan la ruta:
- Ameca: El punto de partida oficial para la mayoría, donde se bendicen las cañas que servirán de apoyo.
- Guachinango: Un descanso para recuperar fuerzas antes de entrar a la zona más serrana.
- El Cerro del Obispo: Un ascenso que desafía la resistencia física de cualquier peregrino.
- La Cruz de Romero: La última gran cumbre. Desde aquí, por fin, se alcanza a ver el valle de Talpa, un momento que suele arrancar lágrimas de alivio y alegría.
La llegada: El encuentro con la Virgen del Rosario
El destino final es la Basílica de Nuestra Señora del Rosario. La imagen, hecha de pasta de caña de maíz en el siglo XVII, es el corazón de este movimiento. Al llegar, es tradición entrar de rodillas hasta el altar, un gesto de humildad que cierra el ciclo de esfuerzo físico.
Se estima que alrededor de 3 millones de personas hacen la Ruta del Peregrino cada año.
SG