La calle presidente Masaryk, padre fundador de la antigua Checoslovaquia, se pintó de verde por el partido de la Selección Mexicana contra Chequia.
Desde temprano, restaurantes, bares y demás comercios se alistaron para el último encuentro de los dirigidos por Javier, El Vasco, Aguirre, en la fase de grupos.
Meseros, garroteros, barmans, cocineros y valet parking de los inmuebles, se pusieron alguna playera de la Selección Nacional, no importaba la edición, si la del 94 con el Calendario Azteca o la naranja de 2014, lo importante era portar los colores del TRI.
Por primera vez México no se definía nada en su tercer encuentro de la justa deportiva, los dos triunfos ante Sudáfrica y Corea del Sur, daban la tranquilidad de disfrutar el partido sea cual sea el resultado.
Grupos de jóvenes debatían el marcador “3-1, con gol de Mora”, “2-1, pero será de Raúl Jiménez”, “no importa el marcador mientras ganen, para irnos al Ángel a festejar”.
Con la comodidad de ser líderes del Grupo A, los aficionados hasta concedían la titularidad de la portería nacional a Guillermo Ochoa, para consagrarse como el mexicano con minutos en seis mundiales.
El fervor por el partido también permitió que decenas de vendedores ambulantes hicieran su agosto con la venta de jerseys de la Selección Mexicana, según ellos “respetando los precios” que tenían al principio para poder “vender más”.
El contraste se daba pues en la tienda Adidas de la zona los jerseys de la selección también volaron y las filas para pagarlos eran de varios metros de distancia.
“Esperemos que nos resurtan en la semana, porque, así como nos llegan se están acabando. Es una locura”, explicó un vendedor de la firma alemana.
Los tres colores: verde, negro y blanco, son el objeto del deseo en el Ciudad de México, y son estos los que pintan las calles capitalinas.
Algunos bares con enormes pantallas tenían también filas verdes en sus puertas para poder ingresar y ver el encuentro.
Polanco al ser uno de los destinos turísticos y de diversión de los capitalinos, contó con un operativo especial por parte de efectivos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana local, que se encargaba de guiar a los automovilistas por los cortes viales, pero también a turistas nacionales y extranjeros para llegar a sus destinos.
En otros puntos como Fisher’s en la calle de Colima, la marea verde se dejó sentir, el resultado era lo de menos, el pase a la siguiente fase estaba asegurada al igual que las celebraciones.
El primer tiempo arrancó suspiros y gritos en las llegadas Checas y nacionales. La pausa de hidratación impuesta por la FIFA fue lo más aclamado de esos 45 minutos al grito de “hidratación”, lo que llevaba los tragos de cerveza y alcohol a los comensales.
El disparo cruzado de Mateo Chávez al minuto 54 unió a todo México en el grito de gol, que derivó en abrazos y brazos al cielo.
Otros más arriesgados exclamaban “¡vámonos al Ángel!” Como presagio de que la ciudad no va a dormir la madrugada de este jueves.
El tanto de Julián Quiñones solo reafirmó la intención de fiesta, celebración y unidad por la Selección Nacional.
Al minuto 90 cuando las cuentas se estaban pagando y los vasos y cervezas se vaciaban Álvaro Fidalgo, reafirmó el triunfo 20 de México en mundiales.
Al filo de las 21:00 horas las mareas verdes salían a las calles para converger en la columna del Ángel de la Independencia, donde la fiesta, la celebración no iban a dejar dormir a la Ciudad de México.
La fiesta nacional continuará el martes, en donde millones de mexicanos esperan que se acabe la maldición del “jugamos como nunca, pero perdimos como siempre” y nos permita al menos tener algo que festejar en este país.
HCM