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  • La historia de Jorge Cosío convirtió las becas y la resiliencia en su combustible para llegar al espacio

  • REGRESO A CLASES 2026

Jorge Cosío, egresado de Ingeniería en Mecatrónica del Tec de Monterrey. Cortesía.

Stanford ya le abrió las puertas, pero el dinero sigue siendo un obstáculo. El mexicano que quiere conquistar Stanford y el sector aeroespacial.

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Todos crecemos con un sueño. Algunos imaginan dedicarse a la ciencia, otros a la música o a los negocios. Sin embargo, pocas veces alguien nos dice que alcanzar una meta casi nunca ocurre como la imaginamos

El camino cambia, aparecen obstáculos inesperados y, en ocasiones, las oportunidades más importantes llegan acompañadas de decisiones difíciles. Jorge Cosío lo sabe bien.

A sus 24 años, el ingeniero mecatrónico egresado del Tecnológico de Monterrey está a punto de cumplir uno de los mayores sueños de su vida: estudiar la maestría en Aeronáutica y Astronáutica en la Universidad de Stanford. 

Pero llegar hasta ahí no ha sido una historia de éxitos consecutivos, sino de becas, sacrificios, renuncias y una constante lucha por conseguir los recursos necesarios para continuar.

Su historia también refleja la realidad de miles de jóvenes mexicanos para quienes estudiar en el extranjero representa una aspiración, aunque solo unos cuantos consiguen convertirla en realidad.

Jorge sueña con el ¿y si sí? y estudiará en Stanford para logralo.
Las metas se logran paso a paso, y Jorge trabaja en ello. Cortesía.

De acuerdo con el reporte Vistazo a la Educación, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), apenas 0.8 por ciento de los estudiantes mexicanos de educación superior realizan estudios fuera del país

Aunque la cifra representa un avance importante respecto a 2016, cuando era menor a 0.1 por ciento, todavía se encuentra muy por debajo del promedio de la OCDE, donde 2.1 por ciento de los universitarios cursan parte de su formación en el extranjero.

El primer impulso

Para Jorge, todo comenzó gracias a una beca. Cuando cursaba la secundaria obtuvo un apoyo para estudiar la preparatoria en el Tecnológico de Monterrey. Más tarde consiguió una nueva beca para ingresar a la carrera de Ingeniería Mecatrónica.

Jorge sueña con el ¿y si sí? y estudiará en Stanford para logralo.
Las amistades de Jorge han sido fundamentales para su camino. Cortesía.
"Gracias a esa beca pude acceder a ese nivel académico, pues mi familia no tenía los medios para financiarlo", recuerda.

Aunque disfrutaba la ingeniería, durante los primeros años de universidad aún no tenía claro qué quería hacer con su vida. Durante un tiempo creyó que la música sería su futuro. Tocaba el saxofón e incluso llegó a ser solista. También pensó en dedicarse a los negocios.

La respuesta apareció donde menos lo esperaba: en un salón de clases.

Uno de sus profesores presentó un ejercicio basado en datos proporcionados por la NASA. Los alumnos debían calcular la trayectoria de un vuelo espacial. Mientras resolvía aquel problema sintió que algo cambiaba. “Fue algo muy mágico y maravilloso”, recuerda.

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Su vocación nació al resolver un ejercicio basado

En datos de la NASA.

Aquella clase despertó una pasión que terminaría definiendo el resto de su trayectoria: la industria aeroespacial.

La gran oportunidad

Con esa idea en mente decidió postularse al International Air and Space Program (IASP), un programa internacional que reúne a estudiantes de distintos países para desarrollar proyectos aeroespaciales y recibir entrenamiento como astronautas en el Space Camp.

El proceso era altamente competitivo. Solo se seleccionaban 60 proyectos de todo el mundo.

Jorge presentó una propuesta para utilizar aerogel como recubrimiento de los trajes espaciales con el objetivo de proteger a los astronautas en ambientes hostiles. “Creo que mi propuesta fue la que más les gustó”.

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Mil 076 solicitudes recibió el FIDERH

Para créditos educativos durante el último año.

Fue aceptado al programa, pero entonces apareció un problema que, con el tiempo, se volvería recurrente en su historia: el dinero.

“No tenía cómo pagar el viaje. Ahí fue donde afronté el primer reto económico”, dice Cosío.

Lejos de renunciar, organizó una rifa y, con el apoyo de familiares y amigos, reunió los recursos suficientes para asistir al programa espacial en Estados Unidos. Aquella experiencia confirmó que había elegido el camino correcto.

Cuando el dinero cambia el rumbo

Tiempo después obtuvo un intercambio académico en la Universidad Técnica de Dresde, en Alemania, donde cursó una especialización en Ingeniería Aeroespacial y realizó prácticas profesionales en el Centro Aeroespacial Alemán.

Aunque esperaba participar directamente en proyectos espaciales, la experiencia fue distinta. “No fue como tal el sector aeroespacial como yo lo conozco, sino más bien el desarrollo de tecnologías para el sector”, dice el alumno de Stanford.

Aun así decidió aprovechar la oportunidad. “Me aventé”, comenta.

Jorge sueña con el ¿y si sí? y estudiará en Stanford para logralo.
Stanford es reconocidda como una de las mejores escuelas en EU. Cortesía.

El idioma también representó un desafío. Aunque había aprendido alemán durante la preparatoria, pronto descubrió que una cosa era hablar el idioma y otra muy distinta entender conceptos especializados de ingeniería.

“En las clases de alemán nunca te enseñan vocabulario de ingeniería”, afirma Jorge. Sin embargo, el mayor reto volvió a ser económico.

Había sido aceptado también en la Universidad Técnica de Múnich, considerada una de las mejores de Alemania, pero estudiar ahí era imposible sin apoyo financiero. Dresde, en cambio, le ofrecía una beca completa.

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Realizó prácticas profesionales

En el Centro Aeroespacial Alemán.
“Tenía que decidir entre irme a estudiar a la mejor universidad de Alemania o irme becado a Dresde. Y otra vez fue esa limitante económica donde mi decisión fue clara”, menciona.

No sería la única vez que tendría que renunciar a una oportunidad. Antes de recibir la carta de aceptación de Stanford también fue admitido en la Escuela Nacional de Ingeniería Aeronáutica y Aeroespacial de Toulouse, en Francia.

La respuesta volvió a ser la misma. No había beca. “Por eso tuve que declinar la oferta”,

Una realidad compartida

La experiencia de Jorge no es excepcional. Para miles de estudiantes mexicanos, el principal obstáculo para estudiar en el extranjero sigue siendo el costo.

Omar Cordero, encargado del Centro de Promoción y Difusión de Becas de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), explica que realizar una licenciatura o un posgrado fuera del país representa una oportunidad de crecimiento académico y profesional, pero también una inversión considerable.

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7 de cada 10 solicitudes de créditos educativos

Fueron aprobadas por el FIDERH.
“Tomar una licenciatura o un posgrado en otro país siempre es una aspiración por las oportunidades que abre; sin embargo, no siempre se puede lograr porque, en muchas ocasiones, aunque la universidad otorgue una beca, esta solo cubre la matrícula y se requiere mucho más que eso”, explica Cordero.

El estudio Tendencias y motivaciones de los mexicanos en el extranjero, elaborado por Laudex, muestra que 32.5 por ciento de los estudiantes financia su estancia combinando estudio y trabajo, mientras que solo 17.5 por ciento logra sostener sus estudios gracias a una beca.

Quienes no cuentan con apoyos suficientes suelen recurrir a créditos educativos. Sin embargo, obtenerlos tampoco resulta sencillo.

Datos del Fondo para el Desarrollo de Recursos Humanos (FIDERH) indican que durante el último año recibió mil 076 solicitudes de crédito, de las cuales aproximadamente 7 de cada 10 fueron aprobadas. Incluso así, el número de financiamientos autorizados fue menor al registrado dos años antes.

El verdadero costo de estudiar fuera

Además de la colegiatura, estudiar en el extranjero implica asumir gastos de alojamiento, alimentación, transporte, seguros y materiales.

él dice...

“La parte económica sí es una limitante,

Pero la mentalidad de uno es muy importante ante ese tipo de retos”

De acuerdo con EF Education First, cursar una licenciatura o un posgrado puede representar una inversión de entre 10 mil y 60 mil dólares anuales únicamente en matrícula, dependiendo del país y de la universidad. 

A ello se suman gastos de manutención que pueden oscilar entre mil y 2 mil 500 dólares al mes.

Por ello, la organización recomienda elegir programas que incluyan alojamiento o alimentos para evitar que los gastos cotidianos se conviertan en una carga financiera difícil de sostener.

Pese a estos desafíos, el interés por estudiar fuera continúa creciendo. El Migration Policy Institute señala que durante la última década el número de estudiantes internacionales en países de la OCDE aumentó 70 por ciento.

Jorge sueña con el ¿y si sí? y estudiará en Stanford para logralo.
Destinos predilectos de los mexicanos para estudiar en el extranjero. Monitor ICEF

Estados Unidos, Reino Unido y Australia siguen siendo los destinos preferidos, aunque Canadá, España e Irlanda han ganado terreno gracias a la calidad de sus universidades y, en algunos casos, a un costo de vida más accesible.

Entre los mexicanos también destacan algunos países de América Latina, como Colombia, Perú y Chile, donde el tipo de cambio permite que los recursos rindan más durante estancias prolongadas.

Las áreas con mayor demanda continúan siendo Negocios, Ingenierías y Ciencias Sociales, carreras que ofrecen amplias oportunidades laborales en un mercado cada vez más global.

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Entre 10 mil a 60 mil dólares cuesta en promedio

Al año la matrícula de una licenciatura o posgrado en el extranjero.

Stanford: el reto más grande

Hoy Jorge enfrenta el desafío más importante de su trayectoria. Stanford ya le abrió las puertas. Ahora necesita reunir los recursos para cruzarlas.

Aunque obtuvo un crédito educativo de FIDERH, todavía debe conseguir alrededor de 800 mil pesos para cubrir la colegiatura y los gastos de manutención.

Con ese objetivo abrió una campaña de financiamiento colectivo y comenzó a compartir su historia en redes sociales. Hasta ahora ha logrado recaudar aproximadamente la mitad del monto que requiere.

“En general, siento que la parte económica sí es una limitante, pero creo que también la mentalidad de uno es muy importante ante ese tipo de retos”, dice Jorge.
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Con 24 años de edad, fue aceptado en el máster

En Aeronáutica y Astronáutica de Stanford.

Más allá del ámbito académico, considera que mantener un equilibrio personal ha sido fundamental para llegar hasta aquí. 

Desde hace casi una década practica deporte y durante la universidad comenzaba sus días en el gimnasio antes de asistir a clases y trabajar en sus proyectos.

“Esa parte social también es muy importante, porque creo que no es tanto el camino que tienes, sino quién te acompaña durante el camino”, afirma.

Al mirar atrás reconoce que casi nada ocurrió como lo había planeado. Cada obstáculo, sin embargo, terminó acercándolo un poco más al lugar donde hoy se encuentra. “Todo eso me llevó a un proceso de introspección y a cuestionarme cuál era el siguiente paso”.

Ese siguiente paso lleva el nombre de Stanford. Pero su meta no termina ahí.

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Entre mil a 2 mil 500 dólares representan los gastos

Mensuales de manutención para un estudiante internacional.

Quiere regresar a México para crear una startup enfocada en el sector aeroespacial, impulsar el desarrollo científico y tecnológico del país y demostrar que el talento mexicano puede competir en cualquier parte del mundo.

Su historia también deja una lección para quienes sueñan con estudiar fuera del país: el talento abre puertas, pero las becas, los créditos y las redes de apoyo siguen siendo fundamentales para cruzarlas

Mientras más estudiantes tengan acceso a estos mecanismos, mayores serán las posibilidades de que ese conocimiento regrese a México para transformarlo.

MGS

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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