El envejecimiento acelerado del sistema inmunológico es el principal factor de riesgo para despertar al herpes zóster, un virus infeccioso capaz de desencadenar una de las enfermedades más dolorosas durante la vejez, popularmente conocida como culebrilla.
Es relativamente común y su mortalidad directa es baja (menos del 10% y concentrada principalmente en pacientes con comorbilidades importantes), sin embargo, se trata de una enfermedad que puede derivar en severas complicaciones debido a la desinformación y el desconocimiento, como explica la Dra. Gloria Huerta, infectóloga, maestra y doctora en Ciencias Médicas.
1. Confundir al herpes zóster con otras enfermedades o afecciones
El herpes zóster tiene efectos muy visibles: la erupción de ampollas dolorosas. Aunque la infección parece muy clara, los estudios plantean que suele ser infradiagnosticada en sus primeras etapas.
Por un lado, los síntomas previos al brote de ampollas son picazón, ardor y hormigueo a lo largo de una vía nerviosa, así que se les puede confundir con otras afecciones como ataques cardíacos, apendicitis o cálculos renales.
Una vez que el sarpullido aparece, su aspecto puede variar mucho de persona a persona y presentarse en cualquier parte del cuerpo, lo que puede confundir a quien experimenta los síntomas.
Hay casos en los que la erupción cutánea nunca se manifiesta, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) detallan que esto ocurre cuando el virus se reactiva en la raíz nerviosa, provocando un dolor neuropático intenso, a veces debilitante, en una zona específica del cuerpo.
A pesar de que se trata de una enfermedad que se activa principalmente en etapas avanzadas de la vida, también puede afectar a adultos jóvenes que, por desconocimiento, acuden con el especialista equivocado creyendo que las erupciones son resultado de la picadura de algún animal.
“Si tengo tres o cuatro vesículas en la piel que me duelen mucho, pero estoy en los treinta y parecen piquetes de araña, por supuesto que no voy a pensar en que tengo herpes zóster”.
2. Dejar pasar la ventana de oportunidad
La confusión puede tener un profundo efecto en la calidad de vida futura de los pacientes, ya que, aunque existen antivirales eficaces para atender la infección, hay una ventana crítica desde la aparición de las lesiones para iniciar el tratamiento.
“Cada herpesvirus se trata de manera diferente y eso es algo que complica un poco la dosificación. Además, tenemos una ventana muy chiquita para iniciar el tratamiento antiviral: son 72 horas para que realmente haya un impacto clínico”, comenta la especialista.
Si se administra después de ese tiempo, la replicación viral ya habrá causado el daño y el antiviral no tendrá un resultado significativo. El principal riesgo de recibir tratamiento tardío es el malestar intenso y persistente junto con el desarrollo de neuralgia posherpética (NPH), un dolor neuropático crónico severo que puede persistir por meses o años.
También aumenta la posibilidad de que el sarpullido aparezca en la cara o se extienda a otros órganos, desencadene daño ocular, inflamación del iris, ceguera, parálisis o pérdida de audición.
No existen estadísticas exactas en México para conocer el subdiagnóstico de la culebrilla ya que no se trata de una enfermedad de notificación obligatoria, pero los estudios plantean que es un problema latente en el país.
El dato¿Por qué se le llama culebrilla?
De acuerdo con la infectóloga, el nombre se debe a que puede formar un cinturón unilateral. Si el brote rodea ambos lados (bilateral), indica que hay más de un dermatoma afectado, lo cual refleja una infección severa.
3. Remedios caseros: el error común que es crucial evitar
La Dra. Huerta ha sido testigo de un error común en su consultorio: el uso de remedios térmicos o parches caseros para aliviar el dolor provocado por las lesiones cutáneas. La especialista detalla que aplicar compresas calientes o pencas de sábila calientes suele provocar quemaduras sobre la piel sensible, agravando la situación.
“No tener las lesiones limpias puede generar sobreinfecciones que llevan a consecuencias también muy graves”, dice durante la entrevista.
Asimismo, pese a que reventar las ampollas pueda parecer tentador es totalmente desaconsejable. Las vesículas deben romperse solas, de lo contrario aumenta el riesgo de sobreinfecciones bacterianas.
Lo único avalado por la especialista es utilizar agua y jabón, ningún tratamiento tópico casero está indicado.
4. Ignorar los riesgos más tangibles
El herpes zóster no se contagia de persona a persona adulta, pero hay que tener cuidado con el líquido de las vesículas ya que contiene el virus vivo. Si una persona que no ha tenido varicela o un niño no vacunado toca las lesiones, desarrollará varicela, pero no herpes zóster.
Al día de hoy, la vacunación es la forma más efectiva de proteger al cuerpo de este virus. Los inmunológicos sumados a medidas que fortalecen el sistema inmunológico como el ejercicio y la buena alimentación pueden prevenir una vejez marcada por enfermedades.
LHM