Comunidad
  • Hablemos del ‘trans-mómetro’ y la violencia silenciosa que divide a la comunidad trans

  • La comunidad trans enfrenta una violencia interna que tiene que ver con las exigencias sobre el cuerpo y la apariencia. Una Terapia de Reemplazo Hormonal no define a una mujer trans.
El ‘trans-mómetro’: La violencia estética dentro de la comunidad trans | Portada

DOMINGA.– Entre mujeres trans también hay violencia. A veces sutil. A veces brutal. Y casi siempre es incómoda de nombrar. Tiene que ver con el cuerpo, con la voz, con qué tan cerca estás –o no– de parecer una mujer cisgénero. Es el llamado cis-passing. No es una regla pero sí hay tensión entre quién sí “pasa” y quién no, entre quienes recurren a un Tratamiento de Reemplazo Hormonal, el TRH, y quienes no. Y a menor hormona, más pedradas nos tiran.

Con esta pieza pretendo problematizar la discriminación al interior de la comunidad trans. Hay que visibilizar no para denostar, sino para evidenciar que esa violencia es un escenario más común. Y lo hago siendo una mujer trans no binaria, travesti o como quieran llamarle –las etiquetas nunca me han parecido efectivas–, y porque soy la primera mujer trans que escribe en este diario. Aplaudo los esfuerzos de quienes han logrado darnos derechos, pero también pongo el foco sobre una situación de la que no se habla y que sin embargo existe.

Este tipo de violencia al interior de las transfeminidades la he experimentado yo misma en múltiples ocasiones. Una noche en la fiesta de una cantante en El Micky, un bar de la Ciudad de México, una actriz trans en TRH cantaba junto a mí y un amigo en común una canción de Belinda y Moderatto; simulando tener un micrófono en la mano, las partes de Belinda las cantaba ella y cuando tocaba el turno de Jay de la Cueva, balanceaba el micrófono imaginario para que cantara yo, recalcando –entre broma y broma– quién era el hombre y quién la mujer.

La discriminación entre mujeres trans
Muchas personas trans han vivido violencia al interior de las transfeminidades. Es una violencia sutil e incómoda de nombrar | Autorretrato de Évolet Aceves


Unos meses antes, mientras escribía una crónica sobre el vogue latino de Nueva York, como parte de un programa del International Women’s Media Foundation, llegué a un lugar en Manhattan para reportear. Al buscar un buen lugar dónde observar el evento, frente a mí una persona queer y afroamericana, alebrestada, me empujó diciéndome en inglés “vete de aquí, yo pagué más que tú por estar aquí”. Cosa equivocada, todos habíamos pagado lo mismo por la entrada.

Le respondí, enfadada, que no era necesario usar ese tono. Mientras me retiraba para no ocasionar un altercado, la persona me empujó por la cabeza. Al voltear me percaté de que estaba con su grupo de amigos –todos queer y afroamericanos– dispuestos a iniciar un enfrentamiento en caso de que yo respondiera con violencia. En ese momento, esa persona tenía varias ventajas sobre mí, no sólo sociales, también raciales y hasta de nacionalidad.

Este texto nació hace tiempo, el año pasado, cuando se llevó a cabo una protesta pacífica a la que acudieron decenas de mujeres trans para abordar los vagones exclusivos del Metro, debido a un acto discriminatorio: una oficial le negó a una mujer trans el paso al vagón rosa luego de llamarla “caballero”, junto a una serie de comentarios masculinizantes alusivos a su apariencia física, por cierto, una discusión que las feministas radicales trans-excluyentes han impulsado desde hace años.


Pero lo que llamó mi atención no fue eso, sino otra escena de discriminación, de una mujer trans hacia otra, justamente por mostrar un mínimo rasgo de vello facial.

Ocurre esta discriminación sutil, silenciosa, de mujeres trans con TRH hacia travestis, muxes, personas no binarias o mujeres trans que no hacemos uso de éste. Repito, no es generalizable, pero sí penosamente común, más común de lo imaginable. Como si hubiera una lucha por ver quién es más mujer, una competencia basada en el fenotipo, en los caracteres físicos del cuerpo y del ideal femenino. Es un vergonzoso “trans-mómetro” el que divide a la comunidad.

“2 de cada 10”: la discriminación dentro de la comunidad LGBT+

Este escenario se repite en los medios, en las redes, en la televisión. Se le da más legitimidad a una mujer trans en tratamiento hormonal que a una mujer trans sin éste. Incluso a nivel político. Todas las mujeres trans que ocupan o han ocupado un cargo político, suelen ser mujeres trans en TRH. Lo mismo con las que han dado un salto a la televisión o que pertenecen al mundo del espectáculo, aquellas con influencia en redes sociales, el caso más evidente: Wendy Guevara y Las Perdidas.

Wendy Guevara revela que famosos no aceptan ir a La Casa de los Famosos
Wendy Guevara ganó mayor popularidad tras su participación en La Casa de los Famosos | ESPECIAL

Julieta Brambila es politóloga y directora general de Comunicación, Servicio Público de Información y Relaciones Institucionales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Ella observa: “lo que yo he visto es que, comúnmente, algunos de los espacios que intentan ser más ‘inclusivos’ y de mayor visibilidad para mujeres trans, comúnmente tienden a elegir perfiles marcadamente femeninos, que de alguna manera reproducen los estereotipos de género”.

Si una revista elige a una mujer trans para salir en la portada, la elige bajo un rol femenino, incluso en la forma de vestir, en la forma de posar. Al intentar ser incluyentes, a veces se termina excluyendo: “toman en cuenta a personas con imágenes claramente definidas dentro de un estereotipo y esto reproduce la discriminación”.

“Visibilizar personas trans resulta muy útil para ciertas agendas, pero hay que ser más críticas con respecto a qué significa eso y a quién vamos a visibilizar y por qué”, dice en entrevista con DOMINGA. “Ahí es donde empiezan a salir estas preguntas que son clave. Creo que hay que desmontar la idea de habitar en el cuerpo equivocado, transicionar no es adecuar el cuerpo, sino habitarlo diferente”.


De acuerdo a la última Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDESIG, 2021) y la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS, 2022) –primeras encuestas en su tipo en México, bajo el cuidado y análisis de Julieta Brambila–, hay resultados que dan las primeras luces sobre la discriminación hacia las personas trans, aunque no se precisa aún sobre quién la ejerce.

“Ambas [encuestas] hablan de la discriminación desde distintos ángulos. Definitivamente hay un peso muy importante hacia personas trans con y sin tratamientos médicos, porque los principales motivos de discriminación son: la vestimenta, la imagen, incluso la voz. En los tres casos tiene que ver la apariencia, muy ligada a la hormonación o tratamientos médicos que pueden ser más invasivos”.

Brambila argumenta que en la ENDISEG, “aunque no se dirige a personas trans, sino a personas de la comunidad LGBT+, se pregunta qué tan de acuerdo están o no en que parejas del mismo sexo muestren afecto en público; 8 de cada 10 personas de la comunidad LGBT+ están de acuerdo, por lo tanto, habría 2 de cada 10 que no lo están. Una interpretación cercana que podríamos hacer, a partir de las cifras, es una posible discriminación internalizada dentro de la comunidad [...]. Sin ser concluyentes porque no se está preguntando como tal, los resultados sí apuntarían hacia allá”.

La comunidad trans enfrenta una violencia interna que tiene que ver con las exigencias sobre el cuerpo y la apariencia.
Protestas en el metro discriminación y transfobia | EFE/Sáshenka Gutiérrez

Ninguna de las dos encuestas está dirigida exclusivamente a las mujeres trans, de hecho, “no tenemos una estimación donde se crucen datos, como el que si la persona está o no en tratamiento hormonal en relación con si fue o no discriminada [...]. Hay que pensar que ésta es una encuesta nacional que nos da estimaciones por todo el país y por entidad federativa; pero cuando queremos agregar detalles específicos, como discriminación de personas trans sobre personas trans, a veces la encuesta no es tan poderosa [...]. Sin embargo, está en un proceso de mejora y robustecimiento de preguntas, [...] y se está fortaleciendo el cuestionario”.

“Si bien, el instituto no hace interpretaciones sobre esos datos, creo que sí cabría el que, desde otros ángulos como el periodismo, la academia, se pregunte qué pasa con esas 2 de cada 10 personas”.

Desde su experiencia personal como mujer trans, Brambila considera que los procesos de aceptación pueden ser tardados y tienen vaivenes. “Una misma atraviesa el desmontar ciertos mandatos, heredados, que te acompañan, y hay un proceso largo de aceptación, que es muy plausible que exista también socialmente, que haya segmentos de la misma población LGBT+ que no sólo no se acepta a sí misma, sino que tampoco aceptaría a los demás, y en donde puede haber una sanción social, personal, moral incluso, sobre las otras personas”.


“¿Cuándo eres suficientemente mujer trans? Siento que muchas atravesamos una presión de los paradigmas prevalecientes: el del cuerpo equivocado, en el que se te impone la idea de que ‘para ser trans, tienes que tomar hormonas del sexo hacia el cual quieres transitar, o atravesar una serie de cirugías que adecúe tu corporalidad al mandato que deberías estar persiguiendo’”.

Esa presión existe, dice Brambila, y viene de varias partes, “pero también, y eso es cierto, de las mismas personas trans. Quienes estamos ahí lo sentimos, lo experimentamos como una realidad, una constante vigilancia, ese ‘¿qué tan mujer trans se es?’”.

Discriminan a las personas trans sin hormonas ni cirugías

Eso lo ha vivido en carne propia Alexia, de 40 años. Ella ha decidido no pasar por tratamientos médicos ni hormonales. Estudió una carrera técnica en Diseño Gráfico y de Interiores, que nunca pudo ejercer. En el pasado llegó a trabajar como asesora de ventas, sin embargo ahora está desempleada. Vive en el norte del país. Alexia me contactó a través de Instagram, luego de haber leído una columna que escribí, “Una mujer trans, sin hormonas ni cirugías, también es mujer”, en Pie de Página, y que gira en torno a la deslegitimación de quienes no estamos en esos procesos.

Me cuenta Alexia: “me considero una chava o chica trans [...]. Tiene poco tiempo que empecé con mi transición. Me costó mucho trabajo poder asumir que soy transgénero, día a día voy aceptando quién soy, pero de lo que estoy segura es de que me siento orgullosa de ser lo que soy. Para aceptarme tal y como soy tuve que llenarme de valor y dejar mis miedos atrás”.

La comunidad trans enfrenta una violencia interna que tiene que ver con las exigencias sobre el cuerpo y la apariencia.
A la protesta acudieron decena de mujeres trans | EFE/ Sáshenka Gutiérrez

“Sentí un gran alivio al leer ese artículo, me da gusto saber que no soy la única, que habemos más mujeres trans que compartimos una situación muy parecida, que es completamente válido transicionar sin el uso de hormonas. Ahí me vi yo, me identifiqué. Y me da gusto, ya que no conozco a muchas personas trans como yo, que no usen hormonas”, dice. “Desde mi niñez fui diferente, mis gustos eran diferentes a los de los otros niños, siempre me enfoqué en lo femenino, eso era lo me gustaba”.

Asumirse como transgénero le ha costado mucho trabajo, ha tenido que luchar bastante, sortear acoso, intimidación verbal y discriminación de manera deliberada. “Mi transición como persona trans no es hormonal, es decir, una persona trans no es más ni menos por someterse a tratamientos. [...] Es válido ser trans sin someterse a todo eso. Somos libres de expresarnos libremente y eso también es respetable, o al menos debería serlo. No debemos basarnos en prototipos o en ciertas características que hasta la misma comunidad LGBT+ impone. Creo que somos libres de ser nosotros mismos y expresarnos como queramos”.


La tendencia de “caderas, pechos grandes y cinturita”

Para conocer otra perspectiva consulté a Z, una especialista que brinda atención a personas trans. Para opinar con libertad, pidió no revelar su nombre. Hablamos de que en la Ciudad de México existen diversas clínicas que ofrecen apoyo médico a las personas trans y no binarias. Por ejemplo, las Clínicas Condesa tienen dos sedes distintas (Cuauhtémoc, inaugurada en 2009; Iztapalapa, inaugurada en 2015; y pronto la Gustavo A. Madero, que está en construcción), ahí abrió un programa de terapia hormonal, independientemente de si hubiera o no diagnóstico de VIH.

El número de personas trans en tratamiento hormonal incrementó a raíz de la apertura en Iztapalapa. Hoy el total de personas que se atienden en ambas clínicas es de 4 mil 749. De ese total, 3 mil 387 se asumen como mujeres trans, mil 297 como hombres trans y 65 como personas no binarias.

“Hay derechohabientes que [cuentan que] desde el IMSS e ISSSTE empiezan a ofrecer tratamiento hormonal, pero hasta donde sé, son casos muy específicos”, dice Z. Sin embargo, también en el sector privado se han incrementado pacientes trans, “lo cual implica costos muy variados, pero que la mayoría de la gente no puede pagar”.
La comunidad trans enfrenta una violencia interna que tiene que ver con las exigencias sobre el cuerpo y la apariencia.
Hay una una posible discriminación internalizada dentro de la comunidad | Emiliano Alvarado/Milenio


Asimismo, como parte de una solicitud expresa de la comunidad por tener un espacio que no se asocie a la estigmatización de las enfermedades de transmisión sexual, así como la demanda de una atención más integral, se creó la Unidad de Salud Integral para Personas Trans en 2021. Ofrece atención psicológica, psiquiátrica, endocrinológica, ginecológica, entre otras áreas que fortalecen una atención integral.

“Lo que observo es que pareciera que el destino manifiesto de una persona trans es el tratamiento hormonal, incluso desde que se es menor de edad; también está creciendo el número de familias que acompañan a sus hijos o hijas en este proceso de forma temprana”, dice, un apoyo que ha surgido gracias al esfuerzo conjunto entre campañas de Conapred, de la sociedad civil y del sector Salud.
“Observo que a nivel social se está estandarizando el que las personas trans entren a un tratamiento hormonal, creo que esa es la tendencia”, agrega.

Pero Z afirma que no todas las personas trans presentan condiciones fisiológicas para hacerlo: “Si hay un problema cardiovascular u obesidad, por ejemplo, no pueden. El tratamiento hormonal está supervisado clínicamente. Muchas personas no acatan estas directrices clínicas y se van por su cuenta a conseguir hormonas o a ponerse implantes o sustancias inyectadas, con el propósito de definir los caracteres femeninos, y eso representa riesgos mayores en la salud. Ha habido personas que llegan a hospitales en condiciones graves. Hay como una impronta de tener ya, pero ya, una definición de caracteres secundarios y esto es delicado”.

“Hay violencia entre compañeras trans. Ahorita están divididas, muy feo. Se respetan en su identidad, pero se descalifican en su ideología y en sus metas. Muchas no están de acuerdo en cuanto al trabajo sexual, por ejemplo; otras no se sienten representadas por las influencers; a otras no les gustan los métodos sociales de reclamo, de movilización. Y en cuanto a la identidad, observo que hay una necesidad de parecer el arquetipo de la feminidad mercantilizada: mujeres con caderas, pechos grandes y cinturita, que es la misma aspiracionalidad de muchas mujeres cis”, dice Z, la experta en salud.
La comunidad trans enfrenta una violencia interna que tiene que ver con las exigencias sobre el cuerpo y la apariencia.
Julieta Brambila es politóloga y directora general de Comunicación, Servicio Público de Información y Relaciones Institucionales en el Inegi | Cortesía


También ha aumentado la demanda de la cirugía conocida como vaginoplastia. Me cuenta Z que “aunque está creciendo poco, algunos médicos que hacen la cirugía en la Ciudad de México, no lo están haciendo con ética porque parece ser que están practicando y regalan la intervención. México no es un país con experiencia en esta cirugía. Una uróloga me dijo que la efectividad de ésta no radica en lo estético, sino en su funcionamiento como vía urinaria. [...]. Ahora, también hay una población no binaria que decide entrar en tratamiento hormonal”.

"Sí, con cubrebocas, que pase"

Marina es la joven trans discriminada por una activista trans durante la protesta pacífica afuera de la estación de Metro Insurgentes, en agosto de 2025. Tiene 23 años, vive en el Estado de México y tiene dos empleos. “Trabajo en una tienda vendiendo productos de limpieza, mi trabajo formal, pero también hago faenas en comunidades abandonadas que necesitan arreglar sus calles y que se organizan haciendo autogestión, para no tener que esperar la ayuda del gobierno: pavimentando calles, sacando tierra. Ya se construyó una iglesia, también un centro de salud”.

Ese día venía de trabajar. “Andaba en una faena de siete a diez de la mañana, cuando llegué a la protesta”. La manifestación tomó lugar en la Glorieta de los Insurgentes al mediodía. Todas las manifestantes llevaban pancartas expresando su inconformidad con el actuar de la oficial que había impedido el paso a una mujer trans al vagón exclusivo de mujeres. “Iba a la protesta con dos amigas, una cis y una trans. Mi amiga trans me agarró de la mano y fuimos con una de las organizadoras”.

—Ella es mi amiga, la chica trans, ¿puede estar aquí con nosotras?
—Es que… Bueno, sí, va, con cubrebocas, que pase —responde.
—Eso es discriminación, que juzgues a una chica…
—No, no es discriminación –la interrumpe–. Tienes que aceptar en qué lugar y en qué etapa del proceso estás.

Marina hace una pausa de impotencia al recordar. “Me quedé sin palabras, me llené de impotencia, me estaba diciendo que no era lo suficientemente mujer” y que por eso debía usar cubrebocas. ¿Cómo sabía la activista que la joven no había llegado ya al final de su “proceso” sin requerir de tratamientos hormonales? La activista remató: “Cuando yo me veía como tú, no entraba a los vagones de mujeres”.

No todas las personas trans cuentan con el privilegio de vestir acorde a su identidad de género. Si llegan a vestir ropa masculina, lo hacen porque no tienen otra opción, y eso no tendría por qué demeritar la identidad de nadie. Resulta elitista –y limitanteestipular parámetros basados en la apariencia.

Marina dice que “todo esto fue dicho siempre con un tono de superioridad”. Con el mismo tono de quien cree tener la batuta para legitimar las feminidades. Las ofendidas decidieron marcharse: no eran bienvenidas.

Marina padece de alcoholismo. Ha mejorado en tiempos recientes, aunque admite que todavía recae ocasionalmente. Intentó acceder a tratamiento hormonal en la Unidad de Salud Integral, pero se lo negaron por su consumo de alcohol, incluso después de varios meses sin beber. “Entonces me olvidé completamente de eso. No tengo intención de pagarlo con mi dinero. Pero yo sí me considero una mujer trans”.

La comunidad trans enfrenta una violencia interna que tiene que ver con las exigencias sobre el cuerpo y la apariencia.
Marcha en conmemoración del Día Internacional de la Visibilidad Trans y No Binaries | Emiliano Alvarado/ Milenio


Una Terapia de Reemplazo Hormonal no define a una mujer trans. Si bien es una posibilidad, no lo es todo. La identidad de género es igual de válida con o sin TRH. “Me siento bien así, no siento que necesite hormonas en este momento. Una mujer trans, si no toma hormonas, no es menos mujer”, dice Marina. “El proceso no es el mismo para todos”. Yo coincido por completo, y es algo de lo que he venido escribiendo con anterioridad. Pensar de esa manera es encapsular y limitar las identidades diversas. No todos queremos llegar a ese objetivo idealizado para algunas personas trans, muy respetable pero que no todos compartimos.

Días después, la activista subió un par de videos sobre su postura. “Lamento el cómo, mas no el qué”, dijo. Como señala Z, especialista en una clínica pública, el cambio de identidad legal sigue siendo complejo y desgastante. Por eso insiste en algo más básico: el respeto a la expresión de género. “No hay una sola manera de ser trans”, dice. Y quizá no debería haberla.


“La identidad trans no ha terminado de configurarse, continúa definiéndose, y ojalá que nunca se defina, porque eso le permite a toda la población trans elegir de qué manera llevar su proceso, sea social o privado. Hay personas trans que prefieren llevar una vida discreta; hay otras que sí desean hacerlo público. Si no hay una sola y única manera de serlo [...], que sean todas las posibilidades que quepan y que todas sean respetadas por igual, creo que eso sería lo mejor”.

Todas las mujeres trans deben tener acceso libre y seguro a todos los espacios. No es complicado, no es tan difícil de entenderlo: una mujer trans es también una mujer. Invito a la reflexión, a reconsiderar nuestras posturas, esas que pertenecen al ego y resultan discriminatorias e hirientes. Se puede ser trans o no binaria y no usar TRH, por decisión propia o por condiciones de vida. Ambas son válidas. Olvidarlo no sólo es injusto: es una forma de violencia.

Este texto no es una crítica al TRH. Es, más bien, la urgencia de poner sobre la mesa algo que también ocurre: la discriminación dentro de la propia comunidad.

GSC


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Évolet Aceves
  • Évolet Aceves
  • Escritora, cronista, psicóloga, periodista cultural y fotógrafa. Estudió en México y Polonia. Autora de Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Columnista en Pie de Página.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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