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  • Trabajar hasta que el cuerpo aguante: el drama de vivir la vejez sin pensión en México

  • Al llegar a la vejez, las oportunidades laborales se reducen drásticamente.
Cada vez son más personas de la tercera edad que tienen que seguir trabajando. (Especial)

A sus 76 años de edad, don Héctor realiza un esfuerzo diario que desafía el ideal de una vejez de descanso. A veces toma dos autobuses para llegar a su puesto de trabajo en un supermercado, donde labora como empacador voluntario.

Esta actividad, que para algunos puede parecer una elección, para él es una cruda necesidad económica. Revela a MILENIO que no pudo disfrutar de una pensión porque toda su vida laboral se desarrolló en la informalidad, una realidad que enfrentan miles de adultos mayores y que podría ser el destino de los jóvenes de hoy que sortean la falta de prestaciones y seguridad social.

Trabaja aproximadamente cuatro horas diarias. No recibe un sueldo fijo ni prestaciones de ley; sus ingresos dependen exclusivamente de las propinas de los clientes. “Me ajusta, no podemos decir que menos o más. Me ajusta, o me ajusto a él”, comparte con serenidad.

Durante 23 años, Héctor trabajó como taxista independiente, un oficio que, aunque demandante, carecía de cualquier beneficio social. “Yo trabajaba para una persona, daba los gastos implícitos a la actividad, que son mutualidad, sindicato, etcétera, pero no tenía prestaciones y todo lo de ley o no, ahí no se da nada”, relata sobre sus años al volante.

Vejez, la condena laboral

Se vio obligado a dejar el taxi debido a una complicación de salud: la pérdida de visión. “Ya no veía, ya no veía, entonces me vi obligado a dejar el trabajo… tuve que operarme de los dos ojos; ya una vez que estuve, pues con una vista al 100, se puede decir, busqué empleo”.

En su búsqueda, se topó con la barrera de la discriminación por edad. Al llegar a la vejez, las oportunidades laborales se reducen drásticamente, ofreciendo en su mayoría empleos de medio tiempo, con bajos sueldos y, comúnmente, sin ningún tipo de prestación.

Al llegar a la vejez, las oportunidades laborales se reducen drásticamente
Al llegar a la vejez, las oportunidades laborales se reducen drásticamente. (Especial)

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirman esta precariedad: 70 por ciento de los adultos mayores que trabajan en México lo hacen en la informalidad. Esto significa que siete de cada diez personas de ese sector carecen de seguridad social y beneficios laborales básicos.

En el país, la continuidad laboral en la vejez responde, en gran medida, a una necesidad de supervivencia económica más que a una elección personal. Aproximadamente, 33 de cada 100 personas mayores de 60 años siguen estando económicamente activas, lo que demuestra la persistente contribución —y necesidad— económica de este sector.

Ricardo Barbosa, secretario del Trabajo en Jalisco, identifica que la discriminación por edad comienza a ser un obstáculo para encontrar empleo después de los 50 años.

“Históricamente, a nivel nacional, empieza a haber cierta discriminación para encontrar empleo después de los 50 años, porque se tiene la idea de ‘me va a costar, le tengo que pagar más que a un chico de 30 años’, lo cual posiblemente es cierto, pero porque tiene habilidades especiales una persona que tiene más de 50 años”, dijo.

Distingue entre la informalidad “voluntaria y autoimpuesta” —personas que buscan autoempleo flexible— y la situación más preocupante: la de aquellos que “no alcanzaron a cubrir sus semanas de cotización para poderse pensionar”. Estos últimos se encuentran en una situación de pobreza laboral, donde su actividad no les garantiza ni siquiera un salario mínimo.

El riesgo de trabajar en condiciones precarias

Tener que trabajar en la vejez, sobre todo cuando las condiciones laborales son precarias, conlleva serias consecuencias negativas. Los adultos mayores están expuestos a jornadas extenuantes, horarios agotadores o actividades que exigen un esfuerzo físico superior a su condición.

Karla Patricia Vázquez Núñez, profesora de la licenciatura en Gerontología del Centro Universitario de Tonalá, explica que el impacto del trabajo en la salud depende de varios factores.

“Para poder definir si es algo positivo o perjudicial para la salud de la persona adulta mayor, tiene que ver de qué tipo de trabajo estemos hablando, cuál es la frecuencia de estas actividades laborales, bajo qué condiciones también está laburando la persona mayor y también si es desde su decisión o es más por una necesidad económica y de supervivencia, como pues vemos, las estadísticas nos indican que lamentablemente sigue siendo así”, expresó.

Un trabajo con malas condiciones puede exacerbar las enfermedades crónicas comunes en esta población, como diabetes, hipertensión o cardiopatías. 

“Son tristemente tan comunes entre nuestra población mayor, como la diabetes o la hipertensión, o también ciertas cardiopatías, pues terminan teniendo también repercusiones que muchas veces son secuencia o consecuencia de estas actividades laborales que implican un mayor esfuerzo al que no están ellos habituados”, advierte la especialista.
No recibe un sueldo fijo ni prestaciones de ley;
Como empacador Héctor no recibe un sueldo fijo ni prestaciones de ley. ( Especial)

Además, el trabajo en la edad adulta puede complicar la atención y el control de estas enfermedades, las cuales dependen mucho del correcto estilo de vida. 

“Cuando por tema laboral no se le puede dar atención a esto, como el estar realizando correctamente todas sus comidas a lo largo del día, no malpasarse, que la alimentación sea balanceada y variada, pues todo esto también termina afectando, obviamente, a que nunca se pueda tener realmente el control de estas enfermedades”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) del Inegi, las tres enfermedades crónicas más prevalentes en la población adulta son la hipertensión arterial (43.3 por ciento), diabetes mellitus (25.6 por ciento) y artritis (10.7 por ciento).

Héctor padece diabetes, ubicándose en ese 25.6 por ciento de la población, pero afirma: “La tengo controlable y controlada. Me tomo dos pastillas al día”.

Falta de cultura de la denuncia

Un dato revelador es que, al primer semestre de 2025, ni la Secretaría del Trabajo ni la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) en Jalisco han recibido quejas por discriminación laboral por edad.

La presidenta de la CEDH, Luz del Carmen Godinez, explica que esta ausencia de quejas se debe al desconocimiento y a la falta de cultura de denuncia por parte de los adultos mayores, a pesar de que se presume que son víctimas de múltiples vulneraciones.

Las 12 quejas que sí se recibieron en el primer semestre se centraron en desabasto de medicamentos, alargamiento de citas médicas —dirigidas al Seguro Social— y problemas con instituciones asistenciales locales.

La presidenta reconoce que la labor de la Comisión está limitada: “Nosotros no podemos sancionar, por ejemplo, a una empresa a la hora que se vulnera un derecho, pero sí podemos prevenir. Sí podemos dar herramientas, sí podemos hacer mucho énfasis en cómo los derechos humanos se pueden vulnerar por acción o por omisión”.

Para el secretario del Trabajo, la solución también pasa por la concientización de los empleadores para “desmitificar el problema de contratar gente mayor de 50 años y aclararles que a ellos no les cuesta la jubilación”, ya que la empresa solo está legalmente obligada a pagar las partes proporcionales y la prima de antigüedad al retiro del trabajador.

El futuro de las pensiones y la automatización

El panorama se torna sombrío para las próximas generaciones. Ángel Eduardo Ruiz Buenrostro, profesor de la Universidad de Guadalajara, proyecta que la pensión tradicional será difícil de alcanzar debido a la escasez de trabajo formal, especialmente para quienes iniciaron su vida laboral bajo el régimen de las Afores.

“La mayoría de las personas no vamos, no vamos a tener una pensión o una pensión lo suficientemente alta y vamos a depender de dos ingresos: las pensiones de lo poquito que nos dé el IMSS o lo poquito que nos den las Afore, si es que todavía existen en el 2050”, afirma. En este contexto, los programas de asistencialismo —como la pensión del Bienestar— se convierten en un “oxígeno vital”, aunque resultan insuficientes.

Otro aspecto que amenaza los pocos empleos disponibles para este grupo de edad es la automatización digital. Don Héctor reconoce que las cajas automáticas han reducido el número de empacadores.

Un trabajo con malas condiciones puede exacerbar las enfermedades
Un trabajo con malas condiciones puede exacerbar las enfermedades. (Especial)

Para el experto, “la automatización y la robotización es un factor que determina que se va usando menos mano de obra, ¿no?, y por lo tanto, pues hay menos mano de obra disponible. Esto también pasa, por ejemplo, en la industria de la construcción”.

Ante este difícil panorama, el especialista recomienda que las generaciones jóvenes coticen voluntariamente al IMSS o a algún esquema similar si su actividad económica es independiente o informal. 

“Yo creo que el futuro de los millennials ahorita, las personas que nacimos de los 80 en adelante, que no tenemos la posibilidad de la ley anterior, sino de esta, si tenemos una actividad económica, lo ideal, cuando menos para poder exigir el derecho, es cotizar, ya sea como empleado subordinado o como trabajador independiente”, consideró.

El especialista concluye que el fortalecimiento del asistencialismo es crucial para dignificar la vejez, buscando que no haya personas de 80 años todavía obligadas a trabajar. Recuerda, además, que los adultos mayores son un grupo vulnerable protegido por el derecho social y cuentan con la figura de la suplencia de la queja en materia laboral y de seguridad social, una ventaja institucional que deben saber utilizar.


MC 

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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