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La disciplina militar sí se aprende y la única que la enseña es la Defensa: así se forman los soldados; "lo más difícil es dejar a la familia"

En el Centro de Adiestramiento de Combate Individual Regional se forman combatientes, pero también personas capaces de actuar bajo presión, obedecer órdenes, trabajar en equipo y asumir la responsabilidad de servir al país.

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Aquí no hay espacio para la improvisación. Cada movimiento está sincronizado, cada orden se ejecuta de inmediato y cada error se corrige al instante. Así comienza el proceso de formación de quienes decidieron cambiar la vida civil por el uniforme militar.

Este es el Centro de Adiestramiento de Combate Individual Regional (CACIR), ubicado en Atoyac, Jalisco, perteneciente a las Fuerzas Armadas Mexicanas, donde cientos de jóvenes viven durante ocho semanas una transformación física, mental y emocional para integrarse al Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea o la Guardia Nacional.

Provenientes de Jalisco, Colima, Nayarit, Zacatecas y Aguascalientes, enfrentan el reto de dejar de pensar como civiles para convertirse en soldados.

La disciplina se respira desde el primer momento. Uniformes impecables, filas perfectamente alineadas y movimientos sincronizados reflejan un proceso que busca mucho más que fortalecer físicamente a los aspirantes.

Aquí se forman combatientes, pero también personas capaces de actuar bajo presión, obedecer órdenes, trabajar en equipo y asumir la responsabilidad de servir al país.

La primera fase del adiestramiento tiene una duración de ocho semanas y contempla 26 materias distribuidas en más de 420 horas de capacitación.

Los jóvenes reciben instrucción en orden cerrado, acondicionamiento físico, derechos humanos, uso legítimo de la fuerza, doctrina militar, supervivencia y diversas habilidades que les permitirán desempeñar sus funciones una vez asignados a sus respectivas unidades.

Sin embargo, antes de aprender a marchar o manipular un arma, todos enfrentan un reto mucho más complejo: adaptarse a una nueva forma de vida.

De la vida civil al uniforme

Para la soldado Mónica Vázquez Mauricio, licenciada en Derecho y originaria de General Pánfilo Natera, Zacatecas, el mayor cambio no fue el esfuerzo físico, sino dejar atrás la vida que conocía.

Es la única integrante de su familia que decidió incorporarse a las Fuerzas Armadas y reconoce que la transición de la vida civil al ámbito militar representó un desafío personal importante.

"Un reto para mí fue cambiar la vida civil por la vida militar, pero lo he sabido superar y me siento muy orgullosa de ello", revela.

Su objetivo va más allá de portar un uniforme. Busca desarrollarse profesionalmente dentro de la institución y contribuir a que el Ejército esté integrado por personal cada vez más preparado.

Historias como la de Mónica se repiten entre los cientos de jóvenes que llegan cada año a este centro de adiestramiento. Muchos dejan sus estudios; otros abandonan sus empleos o se alejan por primera vez de sus familias para perseguir un proyecto de vida distinto.

Los jóvenes enfrentan el reto de dejar de pensar como civiles para convertirse en soldados
Los jóvenes enfrentan el reto de dejar de pensar como civiles para convertirse en soldados. (Tony Martínez)

Uno de ellos es Andri Carrión Zamorano, soldado del Servicio de Sanidad. Antes de ingresar trabajaba en un hospital; hoy aprende procedimientos completamente diferentes, enfocados en la atención médica durante operaciones militares.

Explica que el cambio fue radical, pues pasó de atender pacientes en un ambiente controlado a prepararse para brindar auxilio en escenarios de combate, donde cada segundo puede marcar la diferencia.

"Al principio llegas con temor porque no sabes qué va a suceder aquí adentro. Vienes de una vida completamente distinta, pero poco a poco te adaptas y terminas sintiéndote orgulloso de estar aquí", dice Carrión.

También destaca que el Ejército ofrece una amplia variedad de especialidades, por lo que ser militar no significa únicamente desempeñarse como infante.

"Hay soldados de sanidad, de transmisiones, de transportes, archivistas, personal administrativo... Hay muchas áreas en las que uno puede desarrollarse y seguir estudiando", sentencia.

La disciplina se construye paso a paso

Detrás de cada práctica física existe una planeación rigurosa. Los instructores explican que el entrenamiento es progresivo. Los ejercicios comienzan con rutinas básicas y aumentan gradualmente su intensidad para desarrollar resistencia, fuerza y coordinación, sin poner en riesgo la integridad del personal de nuevo ingreso.

El sargento segundo de la Guardia Nacional, José Carmen Esquivel Mora, quien actualmente funge como instructor, explica que la intención no es exigir al límite desde el primer día, sino construir las capacidades necesarias paso a paso.

"Se empieza de lo más sencillo a lo más complejo. El acondicionamiento físico permite que, cuando egresen, puedan desempeñar correctamente sus funciones como militares", indica Esquivel.

Cada jornada inicia con el toque de diana a las cinco de la mañana. Después del desayuno, los elementos realizan honores a la bandera, pasan lista y comienzan las actividades académicas y prácticas, que se extienden prácticamente durante todo el día.

Únicamente los fines de semana cuentan con autorización para salir algunas horas y reencontrarse con sus familias antes de regresar al centro para continuar con su preparación.

Se forman combatientes, pero también personas capaces de actuar bajo presión
Se forman combatientes, pero también personas capaces de actuar bajo presión. (Tony Martínez)

El mayor reto: dejar a la familia

Para los instructores, la parte física es solo una fracción del proceso. El verdadero cambio ocurre en la mentalidad de los jóvenes.

El sargento primero de Infantería José Manuel Morfín Lorenzo explica que el principal obstáculo al que se enfrentan los aspirantes es la adaptación emocional.

"Lo más difícil es dejar a la familia. Muchos llegan acostumbrados a convivir diariamente con sus seres queridos y aquí pasan la mayor parte del tiempo en adiestramiento. Hay momentos en los que quieren desistir, pero los motivamos recordándoles que esto representa una oportunidad para construir un mejor futuro para ellos y sus familias", señala.

Asegura que los valores más importantes que se buscan inculcar son la disciplina, el respeto, la honradez y el compromiso con la sociedad.

Cada vez más mujeres en las Fuerzas Armadas

Durante el recorrido también queda claro que la presencia de las mujeres dentro de las Fuerzas Armadas ha dejado de ser una excepción.

La sargento segundo de Policía Militar, María Guadalupe Farfán García, recuerda que la incorporación femenina al Ejército Mexicano comenzó oficialmente en 1934 y que, con el paso de las décadas, las oportunidades se han ampliado hasta permitir que hoy más de 40 mil mujeres formen parte del Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional.

el Ejército ofrece una amplia variedad de especialidades
El Ejército ofrece una amplia variedad de especialidades. (Tony Martínez)

Desde su experiencia como instructora y responsable del control disciplinario del personal femenino, asegura que las capacidades no dependen del género.

"Todas las mujeres tenemos la capacidad para estar en las Fuerzas Armadas, tanto física como mentalmente. Las oportunidades son exactamente las mismas para hombres y mujeres".

Afirma que quienes ingresan reciben la misma preparación y pueden desempeñarse tanto en actividades administrativas como operativas, además de acceder a ascensos y formación profesional en igualdad de condiciones.

Al frente del Centro de Adiestramiento se encuentra el teniente coronel de Infantería de Estado Mayor Bernardo Raleño Guerrero, quien resume la misión del CACIR en una sola idea: transformar civiles en soldados.

Los jóvenes desarrollan resistencia, fuerza y coordinación, sin poner en riesgo la integridad
Los jóvenes desarrollan resistencia, fuerza y coordinación, sin poner en riesgo la integridad. (Tony Martínez)

Explica que el centro recibe únicamente a personal que ya concluyó su proceso de reclutamiento y fue aceptado por el Ejército, la Fuerza Aérea o la Guardia Nacional. Es entonces cuando comienza la verdadera formación militar.

Durante 2025, el centro graduó a mil 966 soldados, de los cuales 323 fueron mujeres y mil 643 hombres. En lo que va de este año, ya han concluido el adiestramiento 877 elementos provenientes de cinco estados del occidente del país.

Además de la preparación militar, el mando destaca que la institución ofrece oportunidades de crecimiento académico y profesional para quienes deciden permanecer en sus filas.

Los elementos pueden continuar estudiando, acceder a planteles militares especializados y desarrollar carreras en distintas áreas del conocimiento, además de contar con prestaciones y la posibilidad de construir una carrera de largo plazo dentro de las Fuerzas Armadas.

En un contexto en el que muchos jóvenes buscan oportunidades laborales o incluso son atraídos por organizaciones criminales, el Ejército busca presentarse como una alternativa basada en la disciplina, la estabilidad y el desarrollo profesional.

Durante 2025, el centro graduó a mil 966 soldados
Durante 2025, el centro graduó a mil 966 soldados (Tony Martínez)

Después de recorrer el centro de adiestramiento, queda claro que convertirse en soldado implica mucho más que aprender tácticas militares. Significa modificar hábitos, superar el miedo, adaptarse a una estricta disciplina y construir un proyecto de vida basado en el servicio.

Durante ocho semanas, cada orden, cada entrenamiento y cada sacrificio persiguen un mismo objetivo: formar mujeres y hombres preparados para asumir la responsabilidad de portar el uniforme y servir a México.

MC


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