Pesa aproximadamente 750 kilos y está hecha de una aleación de 90% de bronce, cobre, además de estaño, plata y trazas de oro.
Fue bautizada originalmente como el “Esquilón de San José” o “San Joseph”, y es considerada el primer símbolo nacional: la campana que hace 130 años fue trasladada de Dolores Hidalgo a Palacio Nacional, en la Ciudad de México.
Porfirio Díaz ordenó en 1896 su traslado. Sobre ello, José Alfonso Suárez del Real y Aguilera, asesor de la Presidencia de la República, explicó:
“¡Vamos a ser honestos!, se regala en 1896 el hecho de tañer la campana original el día de su cumpleaños; era un capricho patriótico, en este caso él (Porfirio Díaz) se mandó traer la campana”.
Con ello, Porfirio Díaz fue el primer presidente de la República en hacerla sonar durante las fiestas patrias, replicando el acto del cura Miguel Hidalgo y Costilla, además de coincidir con su cumpleaños, el 15 de septiembre.
“Su mantenimiento está a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional, que tiene campaneros especializados en esta campana. Por estas fechas, entre julio y agosto, verifican su estado físico; revisan que no haya deterioro, oxidación y checan el tono exacto con un aparato especializado para que el sonido sea exactamente el mismo desde su origen”, explicó el funcionario.
Actualmente, la campana permanece en el balcón central de Palacio Nacional, en el cuarto nivel, y no ha sido retirada desde que Porfirio Díaz ordenó su instalación en ese sitio.
Mantenimiento milimétrico y control del sonido
El mantenimiento realizado por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional puede durar hasta siete horas: cuatro para la limpieza integral y dos más para afinarla, con el objetivo de garantizar la precisión del golpe del badajo sobre el bronce.
“También tienen que checar perfectamente que la guadaña que la sostiene y las columnas que la sostienen estén en perfecto estado. Si hay necesidad de ajuste o reparación, se realiza. La limpieza profunda se hace entre el 10 y el 14 de septiembre para que esté impecable para las ceremonias del Grito”, añadió el funcionario.
La revisión se realiza en el mismo sitio, con apoyo de una plataforma elevadora que permite a los especialistas acceder hasta el campanario.
“Aunque la gente piensa que es fácil tañer una campana, no lo es. Tiene que estar perfectamente equilibrado el bordón para que sea sencillo y, aun así, se requiere fuerza para que el badajo golpee el cuerpo de la campana”, explicó Suárez del Real.
“Esta campana nos enlaza exactamente al inicio de la insurgencia en nuestro país, al Grito que el padre Hidalgo emitió; la convocatoria que hizo al pueblo para luchar por nuestra independencia. Ese es el valor simbólico que tiene la campana”.
Una sola pieza con 258 años de historia
La campana tiene en su estructura una cruz, el nombre de “San Joseph” y la fecha de fundición: 22 de julio de 1768. El cronista de Dolores Hidalgo, César Fernando Aguayo Juárez, explica que fue elaborada en una sola pieza y en un solo día.
“Se debe fraguar en un solo día, no puede hacerse por partes. El motivo decorativo consiste en varias flores en relieve, colocadas en forma rombal que forman una cruz. En su parte superior e inferior se observan dos fajas: una con el nombre del esquilón San Joseph y otra con la fecha de su fundición: 22 de julio de 1768”, detalló.
Siguiendo la costumbre de la época, fue bautizada con el nombre de San Joseph, ya que las campanas solían llevar nombres de santos o vírgenes, con el fin de que la población interpretara que eran ellos quienes convocaban a los oficios religiosos.
El cronista agregó que el nombre del fundidor no aparece en los registros históricos. Sin embargo, se sabe que era un artesano originario de Guanajuato capital, especializado en fundición de campanas, reconocido por la calidad de su trabajo.
Recepción con todos los honores
El 28 de junio de 1896 la campana partió de Dolores Hidalgo. Al llegar a la Ciudad de México, un día después, permaneció cerca de cuatro meses bajo resguardo en la Escuela Nacional de Artillería.
“Va a ser colocada en el nicho de Palacio Nacional, luego de cuatro meses en que estuvo resguardada, en lo que se hacían adecuaciones al madero, a los atlantes, una limpieza profunda y la toma de muestras, para posteriormente ser trasladada a su ubicación final”, explicó Aguayo Juárez.
El cronista detalló que las figuras de los atlantes, representadas con rasgos prehispánicos, tienen un profundo simbolismo: en la cosmogonía indígena eran pilares que sostenían el universo, por lo que su inclusión en la campana representa una dualidad entre la tradición prehispánica y la imposición colonial, además de un homenaje al nacimiento de la nación independiente.
Una promesa que nunca se cumplió
El presidente Porfirio Díaz prometió que el traslado sería un préstamo de un año, pero nunca se cumplió la devolución. Aunque las autoridades de Dolores Hidalgo intentaron recuperarla, las solicitudes fueron ignoradas.
“De 1896 a 1910, don Porfirio Díaz es quien celebra la Independencia con la campana de Dolores. Ya no regresó a la ciudad por ese carácter tan fiero que todos conocemos”, señaló Aguayo Juárez.
El 14 de septiembre de 1896, un día antes de su cumpleaños, Díaz encabezó un festejo monumental que paralizó la capital del país.
“Fue recibido con todos los honores, un gran desfile en la Ciudad de México, con autoridades civiles y militares, ceremonias, bailables y poesía. Todo para recibir a la auténtica campana de Dolores”, añadió.
Los festejos comenzaron en el Paseo de la Reforma con la Jura de Bandera. Posteriormente, una comitiva integrada por delegaciones de todos los estados, escuelas y ciudadanos acompañó el traslado hasta el Zócalo.
El traslado se realizó en un carro alegórico tirado por seis caballos frisones, con jinetes vestidos de gala.
Una réplica para todo el país
En 1960, durante el 150 aniversario del inicio de la Independencia, el presidente Adolfo López Mateos ordenó la fundición de 32 réplicas de la campana.
La original contiene una aleación de 90% cobre, 9.7% estaño y 0.3% plata con trazas de oro. Mide 1.06 metros de diámetro y 77 centímetros de altura, con un peso aproximado de 750 kilos.
La iniciativa buscó federalizar el símbolo nacional y llevar su sonido a todo el país.
La réplica que suena en Dolores
La réplica destinada a Dolores Hidalgo fue trasladada en el “Tren Olivo” y llegó el 3 de septiembre de 1960. Fue recibida con un desfile encabezado por la entonces alcaldesa Virginia Soto Rodríguez.
“Llegaron orquestas, soldados y autoridades enviadas por Adolfo López Mateos. Fue un gran desfile por las calles de la ciudad”, recordó el cronista.
Esta es la campana que actualmente se encuentra en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores y suena en cada llamada a misa.
Mantenimiento especializado y poco frecuente
El cronista señaló que el INAH es el único organismo autorizado para intervenir la pieza.
Las labores de mantenimiento son esporádicas, prácticamente “cada venida de obispo”. El último registro de limpieza profunda ocurrió en 2010, durante las celebraciones del Bicentenario.
“El mantenimiento no es frecuente, solo en ocasiones especiales. La última vez fue probablemente en 2010, cuando vino el presidente Felipe Calderón”, indicó.
La campana original sigue ausente
Para comerciantes y habitantes de Dolores Hidalgo, la ausencia de la campana original sigue siendo una herida histórica.
“Nos preguntan dónde fue donde Hidalgo se levantó en armas y por qué la campana está en Ciudad de México. Debería estar aquí”, lamentó la comerciante María Fernanda González Cortés.
Otro de los cuestionamientos recurrentes es quién autorizó su traslado.
“Lo que más preguntan es por qué se la llevaron. Pero ya no se puede hacer nada”, añadió.
Aun así, comerciantes y prestadores de servicios mantienen el orgullo de narrar la historia del inicio de la Independencia.
La turista María Nieves Valtierra, de Tijuana, señaló que, aunque la pieza original no está en su lugar, estar en la cuna del movimiento independentista tiene un valor único.