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  • Advierten que Toluca puede hundirse casi 4 metros hacia 2050; casas ya empezaron a agrietarse... pero no hay alerta

  • Dormir se volvió una pesadilla para Valeria, cuya casa presenta grietas y desprendimientos que hacen temer un derrumbe.
Al menos 50 viviendas de Toluca presentan grietas y daños que vecinos atribuyen a los movimientos del subsuelo. | Foto: Tania Contreras
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M+.- La casa de Valeria se está cayendo poco a poco. No necesita mirar las grietas que atraviesan sus paredes para recordarlo. Todas las noches, cuando apaga la luz, escucha el crujido del techo y el sonido de los fragmentos de muro que se desprenden y caen al suelo.

Dormir se ha convertido en una experiencia dominada por el miedo. La posibilidad de que una parte de su vivienda se derrumbe mientras descansa dejó de ser una preocupación lejana para convertirse en una amenaza con la que asegura convivir todos los días.

“Es horrible intentar dormir así porque no sabes en qué momento se te va a venir abajo esto”.

Valeria vive en Toluca, la capital del Estado de México, donde al menos 50 viviendas presentan grietas y otros daños que sus habitantes relacionan con los movimientos del subsuelo. Los vecinos identifican, además, por lo menos 10 inmuebles con afectaciones que consideran capaces de provocar derrumbes parciales.

​Al menos cinco colonias han sido afectadas 

Hay casas que ya fueron demolidas y otras cuyos propietarios aseguran tener indicaciones para retirar partes de sus construcciones. Algunas familias contemplan derribar sus viviendas antes de exponerse a un accidente.

La crisis se extiende por colonias como Las Américas, San Sebastián, 5 de Mayo, Santa Clara y el Centro Histórico, donde los afectados reclaman una declaratoria de emergencia y medidas de protección mientras se determina qué está ocurriendo debajo de sus hogares.

Sin embargo, el gobierno municipal sostiene que no existe un estado de alerta general ni evidencia científica de un peligro inminente para la ciudad.

La administración del alcalde Ricardo Moreno Bastida contrató a especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para estudiar el subsuelo, identificar las causas de los hundimientos y establecer medidas de prevención.

El diagnóstico integral tiene un costo aproximado de 4 millones de pesos y un periodo de ejecución previsto de siete meses. Aunque se contemplan resultados preliminares durante los primeros tres meses, la conclusión de todos los trabajos podría extenderse hasta 2027.

Para quienes ven cómo avanzan las grietas, la investigación abre una posibilidad de obtener respuestas, pero también representa una espera que consideran difícil de soportar.

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El problema tampoco surgió de la noche a la mañana.

Toluca acumula décadas de advertencias sobre la extracción de agua subterránea, fracturas geológicas y deformaciones del terreno. En determinadas zonas se han documentado hundimientos de hasta un metro en periodos de poco más de una década, mientras las proyecciones científicas advierten que la subsidencia (el hundimiento progresivo que ocurre sin necesidad de un sismo o un colapso repentino) podría agravarse hacia mediados de siglo.

La ciudad enfrenta así una contradicción: necesita extraer agua del subsuelo para abastecer a miles de habitantes, pero la sobreexplotación del acuífero es uno de los factores asociados con los procesos de hundimiento que afectan diferentes puntos del Valle de Toluca.

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Habitantes de Toluca viven con miedo ante el riesgo de derrumbes; identifican 10 casas con daños que consideran graves. | Foto: Tania Contreras


Casas que se rompen mientras las autoridades buscan respuestas

En las colonias afectadas, la incertidumbre tiene consecuencias que van más allá de las pérdidas económicas.

Las familias observan cómo se abren grietas en paredes y pisos, mientras algunas separaciones aumentan con el paso del tiempo y aparecen daños en elementos de las construcciones.

Para los propietarios, cada nueva fractura representa un posible gasto de reparación, pero también una señal de que la vivienda podría estar perdiendo estabilidad.

El patrimonio que tardaron años en construir comienza a deteriorarse sin que exista todavía una explicación técnica concluyente sobre las causas particulares de los daños.

Valeria forma parte del grupo de habitantes que ha insistido en la necesidad de suspender temporalmente los pozos ubicados en el Jardín Zaragoza y la Alameda Cuauhtémoc, ante la sospecha de que la extracción de agua pueda estar relacionada con el agravamiento de los hundimientos.

Los vecinos consideran que la operación de estas instalaciones debe revisarse mientras se desarrollan los estudios.

“No estamos en contra de la distribución del agua a toda la ciudad porque es necesario, pero nos está afectando más quedarnos sin casa; ya hay varias demolidas o varias con orden para demoler ciertas partes”.

La exigencia refleja un conflicto que enfrenta dos necesidades fundamentales: garantizar el abastecimiento de agua y proteger la seguridad de las familias que habitan las zonas afectadas.

El gobierno municipal rechaza que exista evidencia suficiente para atribuir los daños específicamente a la operación de los nuevos pozos.

Los especialistas también advierten que no es posible establecer una relación directa entre una perforación determinada y las grietas de una vivienda sin analizar las características del terreno, la extracción de agua y los procesos geológicos que actúan en cada lugar.

Sin embargo, los vecinos consideran que la falta de conclusiones definitivas no debería impedir que se adopten medidas preventivas en los inmuebles donde las fracturas continúan avanzando.

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Grietas atraviesan paredes y techos de casas en Toluca; vecinos temen que sus viviendas colapsen mientras duermen. |Foto: Tania Contreras


¿Por qué se hunde Toluca? El subsuelo que pierde estabilidad

El fenómeno que preocupa a los habitantes tiene una explicación geológica compleja y antecedentes de varias décadas.

Toluca forma parte de una cuenca que, en distintas etapas de su historia geológica, estuvo ocupada por ambientes lacustres. Como resultado, una parte de su subsuelo contiene materiales sedimentarios, entre ellos arcillas, que pueden experimentar deformaciones cuando cambian las condiciones de presión y humedad.

Sobre estos terrenos se desarrollaron asentamientos humanos, vialidades, redes hidráulicas, instalaciones industriales y zonas habitacionales.

Uno de los procesos que puede afectar este tipo de superficies es la subsidencia, término utilizado para describir el descenso gradual o progresivo del terreno.

Cuando se extrae agua subterránea de manera intensiva, la presión que mantiene separados los granos y materiales de ciertas capas del subsuelo puede disminuir. En determinadas condiciones, esos sedimentos se compactan y provocan que la superficie pierda altura.

El problema se vuelve especialmente delicado cuando el hundimiento no ocurre de manera uniforme.

Una parte del terreno puede descender más rápidamente que otra, generando tensiones que favorecen la aparición de grietas y fracturas.

En una vivienda, esos movimientos diferenciales pueden manifestarse como separaciones entre muros, fisuras en paredes, deformaciones en pisos o afectaciones en elementos estructurales.

Sin embargo, no todos los hundimientos tienen el mismo origen.

La presencia de fallas geológicas, las características de los materiales, los procesos de erosión, las filtraciones de agua y las condiciones de las construcciones también pueden intervenir.

Por ello, los investigadores consideran indispensable estudiar cada zona antes de atribuir las afectaciones a una sola causa.

José Saturnino Pérez Fajardo, profesor de Ingeniería Civil de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), sostiene que los agrietamientos requieren investigaciones particulares debido a la interacción de factores como la extracción de agua, las condiciones geológicas y otros procesos que ocurren bajo la superficie.

La necesidad de distinguir las causas resulta fundamental para determinar si las medidas deben concentrarse en el manejo del acuífero, la infraestructura hidráulica, las condiciones del terreno o la protección de inmuebles específicos.

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Habitantes de Toluca conviven con el temor de que sus viviendas colapsen; al menos 50 casas presentan afectaciones. | Foto: Tania Contreras


Casi 50 años de advertencias bajo la capital mexiquense

La historia de los hundimientos en Toluca comenzó mucho antes de las afectaciones que actualmente denuncian los vecinos del Centro Histórico.

Desde la década de 1970 existen registros del descenso de los niveles de agua subterránea asociado con el aprovechamiento intensivo de los acuíferos del Valle de Toluca.

El crecimiento urbano, la expansión industrial y las necesidades de abastecimiento incrementaron durante décadas la presión sobre las reservas subterráneas.

En agosto de 1998, después de un periodo de lluvias intensas, se documentaron agrietamientos y daños en zonas como San Pedro Totoltepec y Santa María Totoltepec.

Las fracturas afectaron terrenos agrícolas, viviendas y redes de servicios públicos, además de poner de manifiesto los desplazamientos que ocurrían en determinadas partes del subsuelo.

Los registros históricos describen terrenos desnivelados, grietas que atravesaban espacios habitados y viviendas cuyos ocupantes tuvieron que abandonarlas por los daños acumulados.

Aquellos antecedentes demostraron que los procesos de deformación del suelo podían convertirse en un problema de seguridad para las comunidades asentadas sobre las zonas de fracturamiento.

La situación comenzó a incorporarse a los instrumentos municipales de identificación y prevención de riesgos.

En la actualidad, el Atlas Municipal de Riesgos de Toluca 2025-2027 reconoce 22 zonas de fracturamiento del suelo, distribuidas principalmente en sectores del norte, noreste y centro de la ciudad.

Entre las áreas identificadas se encuentran San Pablo Autopan, San Andrés Cuexcontitlán, Santiago Miltepec, San Pedro y Santa María Totoltepec, La Maquinita, Centro Histórico, Colón, Universidad y Santa Ana Tlapaltitlán.

La existencia de estas zonas no significa que todos los inmuebles ubicados dentro de ellas enfrenten la misma probabilidad de sufrir daños, pero sí muestra que el fracturamiento del terreno constituye un fenómeno conocido por las autoridades.

El problema, por tanto, no se limita a las grietas que aparecieron recientemente en algunas viviendas.

Forma parte de una transformación del subsuelo documentada durante décadas y cuyos efectos dependen de las condiciones particulares de cada sector de Toluca.

Toluca podría hundirse hasta 3.8 metros hacia 2050 en su zona industrial

Los estudios académicos muestran que los movimientos del terreno pueden alcanzar dimensiones considerables.

Jaime Garfias Soliz, investigador del Instituto Interamericano de Tecnología y Ciencias del Agua, de la UAEMéx, advirtió que la sobreexplotación del agua subterránea representa un factor importante en los procesos de subsidencia del Valle de Toluca.

Durante el encuentro académico Hallazgos en la investigación de los hundimientos en Toluca, realizado en la Facultad de Ingeniería de esa universidad, presentó información sobre el comportamiento histórico del subsuelo y escenarios de evolución del fenómeno.

De acuerdo con sus investigaciones, en determinadas zonas de la capital mexiquense se registró hasta un metro de subsidencia acumulada entre 2003 y 2016.

El dato permite dimensionar un fenómeno que no necesariamente resulta perceptible de un día para otro, pero que puede acumular desplazamientos importantes a lo largo de los años.

El investigador también expuso registros de fracturamiento que identificaron una extensión de 13.7 kilómetros en el Valle de Toluca, como parte del seguimiento de la evolución del terreno.

Las fracturas pueden presentar trayectorias y comportamientos diferentes, por lo que su extensión no debe confundirse con una sola grieta continua que atraviese la ciudad.

Uno de los escenarios más preocupantes planteados por Garfias Soliz corresponde a la zona industrial.

Si se mantienen condiciones de sobreexplotación del agua subterránea, el hundimiento acumulado podría alcanzar hasta 3.8 metros hacia 2050 en ese sector.

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El alcalde informó que expertos de la UNAM realizarán un estudio del subsuelo tras la aparición de la grieta en Toluca. | Foto: Monserrat Mata


Se trata de una proyección científica condicionada al comportamiento futuro de la extracción y de los materiales del subsuelo, no de un descenso que ya haya ocurrido.

El especialista también explicó que una redistribución del bombeo y medidas de manejo del acuífero podrían modificar sustancialmente ese escenario, con estimaciones de hundimiento mucho menores.

La diferencia muestra que el comportamiento del terreno no depende únicamente de condiciones geológicas inalterables, sino también de las decisiones relacionadas con el aprovechamiento del agua.

Para una ciudad donde la extracción subterránea sostiene parte del abastecimiento de la población y de las actividades económicas, las proyecciones plantean la necesidad de revisar las estrategias de manejo del acuífero con una perspectiva de largo plazo.

Los socavones de 2024 exhibieron otra vulnerabilidad

Los riesgos asociados con el subsuelo de Toluca también quedaron expuestos durante agosto de 2024, cuando se registraron colapsos de pavimento en distintos puntos de la ciudad.

El 21 de agosto de ese año, un socavón de aproximadamente 1.80 metros de profundidad y cuatro metros de diámetro se abrió en la avenida Heroico Colegio Militar, en la colonia Los Ángeles, sobre la infraestructura de conducción del río Verdiguel.

Un camión recolector de basura quedó parcialmente atrapado después de que cedió el pavimento.

Las autoridades relacionaron el incidente con filtraciones, erosión y daños en la bóveda del afluente, una infraestructura subterránea que conduce escurrimientos a través de la capital mexiquense.

Al día siguiente se registró otro hundimiento en la intersección de Horacio Zúñiga y Rodolfo Soto, en la colonia Morelos.

El boquete, de aproximadamente dos metros de profundidad, fue atribuido por las autoridades municipales a daños en las tuberías de drenaje y al arrastre de materiales.

Los incidentes provocaron afectaciones a la circulación y movilizaron a personal de Protección Civil y del Organismo Agua y Saneamiento.

Aunque estos colapsos no pueden atribuirse automáticamente al mismo proceso de subsidencia regional que estudian los investigadores, evidenciaron la vulnerabilidad de la infraestructura urbana frente al deterioro de las instalaciones subterráneas y las filtraciones.

La distinción es importante: un socavón provocado por una tubería rota no necesariamente tiene el mismo mecanismo de formación que una fractura vinculada con el descenso progresivo del terreno.

Sin embargo, ambos fenómenos pueden generar afectaciones que requieren vigilancia, mantenimiento e intervención de las autoridades.

La zona del Hospital de Gineco-Obstetricia del IMSS presenta afectaciones por los hundimientos. | Foto: Tania Contreras
La zona del Hospital de Gineco-Obstetricia del IMSS en Toluca presenta afectaciones por los hundimientos. | Foto: Tania Contreras


Satélites siguen los movimientos del suelo desde 2014

Mientras las familias afectadas esperan conocer las causas de las grietas, investigadores universitarios han desarrollado herramientas para observar la evolución de los hundimientos mediante tecnología satelital.

Javier Salas García, doctor en Ingeniería, explicó que una plataforma digital de monitoreo continuo permite analizar los movimientos registrados en Toluca durante los últimos 12 años.

El objetivo es superar los diagnósticos aislados y construir un seguimiento temporal que permita identificar los puntos donde el terreno presenta mayores deformaciones.

“Los satélites pasan aproximadamente cada 12 días sobre Toluca y existe información continua desde 2014”.

Mediante el análisis de imágenes obtenidas en diferentes momentos, los especialistas pueden detectar variaciones en la posición de la superficie terrestre.

Esta técnica, conocida como interferometría de radar de apertura sintética o InSAR, compara señales captadas desde satélites para identificar desplazamientos que, bajo condiciones adecuadas, pueden medirse con precisión milimétrica.

La información permite elaborar mapas que muestran dónde ocurren las deformaciones, cómo evolucionan y si la velocidad de movimiento aumenta o disminuye.

También ayuda a distinguir entre sectores que presentan un hundimiento relativamente uniforme y otros donde las diferencias de desplazamiento pueden favorecer la aparición de fracturas.

La plataforma desarrollada para Toluca busca actualizar los registros conforme se incorporen nuevas observaciones satelitales.

De esta manera, los investigadores pueden revisar la evolución del terreno a lo largo de diferentes periodos y no depender exclusivamente de inspecciones realizadas después de que aparece una grieta.

Sin embargo, la tecnología satelital no sustituye las evaluaciones estructurales de los inmuebles ni las investigaciones de campo necesarias para conocer las causas específicas de las afectaciones.

Los mapas permiten identificar movimientos del suelo, pero determinar el riesgo de una vivienda requiere conocer también sus características constructivas, el estado de sus elementos estructurales y las condiciones del terreno donde se encuentra.

La UNAM investiga qué está ocurriendo debajo de Toluca

Frente al incremento de las inconformidades ciudadanas, el gobierno de Toluca contrató un estudio integral para analizar el comportamiento del subsuelo.

El proyecto reúne especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México en geología, geofísica, hidrogeología e interferometría.

Los trabajos, presentados públicamente en agosto de 2026 y con actividades de campo iniciadas en septiembre, contemplan una inversión aproximada de 4 millones de pesos.

David Zamudio Ángeles encabeza los trabajos del área geológica, mientras otros especialistas participan en el análisis de imágenes satelitales, las exploraciones geofísicas y el comportamiento del agua subterránea.

El proyecto considera zonas sensibles de la ciudad, entre ellas los alrededores del Hospital de Ginecología y Obstetricia número 221 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

También se contemplan sectores cercanos a los Portales, el Teatro Morelos, la iglesia de la Santa Veracruz y el Parque Cuauhtémoc, conocido como la Alameda.

La investigación busca identificar las características de los materiales bajo la superficie, reconocer fracturas y determinar los procesos que explican la deformación del terreno.

Entre las técnicas previstas se encuentra la tomografía de resistividad eléctrica, mediante la cual se colocan electrodos para conocer las propiedades de los materiales subterráneos y detectar cambios relacionados con estructuras, fracturas y otras características geológicas.

Los especialistas también analizarán los niveles del agua subterránea, las condiciones del acuífero y los volúmenes de extracción, además de utilizar información satelital para medir los desplazamientos.

Con estos elementos se pretende construir un diagnóstico que permita identificar zonas de mayor vulnerabilidad y orientar decisiones de protección civil y desarrollo urbano.

Los trabajos fueron programados para desarrollarse durante aproximadamente siete meses.

Una primera etapa de tres meses contempla resultados geológicos, geofísicos y de interferometría que servirán de base para integrar la investigación hidrogeológica.

Por ello, aunque podrían conocerse hallazgos preliminares antes de finalizar 2026, el estudio completo requerirá un periodo más prolongado.

Para los habitantes de las viviendas dañadas, el desafío consiste en obtener medidas de atención durante ese tiempo, sin esperar necesariamente a que termine toda la investigación científica.

El alcalde descarta una alerta general por los hundimientos

El presidente municipal de Toluca, Ricardo Moreno Bastida, sostiene que los estudios permitirán fundamentar las decisiones relacionadas con el crecimiento urbano, la protección de los habitantes y el aprovechamiento del agua.

El funcionario ha señalado que los resultados servirán para fortalecer el Atlas Municipal de Riesgos y proporcionar información a dependencias como Desarrollo Urbano, Protección Civil y el Organismo Agua y Saneamiento.

También podrán ser utilizados por instituciones estatales y federales que intervienen en la planeación territorial.

El alcalde ha insistido en que no existe un estado de alerta general en la ciudad y ha retomado las valoraciones preliminares de los especialistas de la UNAM, quienes señalaron que, con la información disponible al presentar el proyecto, no se había identificado un riesgo inminente de carácter general.

“El estudio es muy serio y no existe otro más profundo como este, una vez que tengamos los resultados tomaremos las medidas y las recomendaciones que ahí se expresen. Yo no tengo ningún temor a que esto sea así, vamos a hacer lo que mejor convenga a la ciudad de Toluca y a las y los toluqueños”.

La postura municipal contrasta con las exigencias de los vecinos, quienes consideran que las condiciones particulares de algunos inmuebles requieren medidas urgentes.

Que no exista una alerta general para toda la capital no significa necesariamente que cada una de las viviendas afectadas se encuentre libre de riesgo.

La evaluación de daños estructurales específicos corresponde a las autoridades y especialistas competentes, mediante inspecciones y dictámenes particulares.

Mientras tanto, los vecinos insisten en la necesidad de contar con información sobre la seguridad de sus hogares y con medidas de protección para quienes habitan los inmuebles más deteriorados.

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Dormir se volvió una pesadilla para Valeria, cuya casa presenta grietas y desprendimientos que hacen temer un derrumbe. | Foto: Tania Contreras


El conflicto por los pozos: agua para 120 colonias o temor por las viviendas

Una de las principales controversias se relaciona con la operación de los pozos utilizados para abastecer a la población.

Durante los últimos años, Toluca ha buscado reducir su dependencia del Sistema Cutzamala mediante el fortalecimiento de sus fuentes locales de suministro.

El objetivo es atender a habitantes de aproximadamente 120 colonias que durante años enfrentaron problemas de abastecimiento de agua potable.

Sin embargo, algunos vecinos de las áreas donde se presentan agrietamientos consideran que la apertura y operación de pozos pudo contribuir al deterioro de sus viviendas.

Por ello, han pedido que se suspenda temporalmente la extracción en las instalaciones del Jardín Zaragoza y la Alameda Cuauhtémoc mientras se determina si existe alguna relación con los movimientos del terreno.

El gobierno municipal ha rechazado esa medida al señalar que no existe un estudio técnico concluyente que vincule esas instalaciones específicas con los daños.

Moreno Bastida ha explicado que el acuífero del Valle de Toluca comprende alrededor de mil 400 pozos distribuidos en 18 municipios.

De ellos, más de 130 se encuentran en la capital mexiquense, una proporción cercana al 10 por ciento del total, de acuerdo con las cifras expuestas por el alcalde.

Esos pozos permiten abastecer a una parte importante de la población asentada sobre el acuífero. El gobierno municipal ha señalado que atienden aproximadamente al 36 por ciento de sus habitantes.

La necesidad de mantener el suministro representa uno de los argumentos centrales para descartar el cierre inmediato de las instalaciones cuestionadas.

No obstante, la discusión científica sobre la sobreexplotación del agua subterránea es más amplia que el comportamiento de dos pozos.

Las investigaciones académicas reconocen que el bombeo intensivo puede contribuir a la compactación de determinados materiales y a los procesos de subsidencia regional.

Lo que permanece pendiente es establecer cuánto influye ese mecanismo en cada una de las zonas afectadas y qué papel desempeñan otros factores geológicos o urbanos.

Esa diferencia es clave para resolver el conflicto: reconocer que la extracción de agua puede provocar hundimientos no demuestra, por sí mismo, que una perforación específica haya causado las grietas de una vivienda.

De ahí la importancia del estudio integral y de los análisis particulares en los inmuebles dañados.

Hasta una iniciativa de ley surge por las grietas

La preocupación por los hundimientos también llegó al Congreso del Estado de México.

En septiembre de 2026, la diputada Ruth Salinas, de Movimiento Ciudadano, presentó una iniciativa conocida como Ley Antigrietas, orientada a establecer mecanismos de vigilancia y prevención en zonas afectadas por subsidencia.

La propuesta contempla que las autoridades estatales puedan establecer zonas de protección o veda donde los procesos de hundimiento representen riesgos y que se revisen las condiciones para autorizar aprovechamientos de agua.

También plantea la elaboración de un Atlas Estatal de Subsidencia del Terreno y una coordinación más estrecha entre autoridades del agua, gobiernos municipales e instancias de protección civil.

El proyecto legislativo utiliza como antecedente las 22 zonas de fracturamiento identificadas en el Atlas Municipal de Riesgos de Toluca.

Aunque la iniciativa todavía debe recorrer el proceso legislativo correspondiente y no constituye una ley vigente, muestra que los daños asociados con la deformación del terreno comienzan a generar propuestas para modificar los mecanismos de prevención.

La discusión rebasa así las colonias donde las familias denuncian afectaciones recientes.

También plantea preguntas sobre la autorización de construcciones, la gestión del agua subterránea y la responsabilidad de las instituciones para identificar riesgos antes de que se traduzcan en pérdidas materiales o humanas.

Familias contemplan demoler las casas donde construyeron su vida

Mientras los especialistas estudian el subsuelo y las autoridades defienden la necesidad de esperar conclusiones científicas, algunos propietarios ya consideran que no tienen condiciones para permanecer en sus viviendas.

En las zonas afectadas hay inmuebles que presentan daños acumulados y otros donde los vecinos aseguran que las grietas continúan creciendo.

Al menos dos propietarios han comunicado a habitantes de casas colindantes su intención de demoler sus construcciones, ante el temor de que se produzca un derrumbe.

En uno de esos casos, una empresa constructora ya se presentó para realizar trabajos preliminares relacionados con una posible demolición.

La decisión implica renunciar a un patrimonio familiar, pero para los propietarios representa una alternativa frente a la incertidumbre sobre la estabilidad de los inmuebles.

Los habitantes de las colonias afectadas mantienen su exigencia de una declaratoria de emergencia y de medidas que permitan atender a las familias en mayor situación de vulnerabilidad.

También reclaman respuestas sobre las causas de los daños, la operación de los pozos y las acciones que adoptarán las autoridades para evitar que se agraven las afectaciones.

El problema es que los tiempos de la investigación científica no necesariamente coinciden con los de una familia que observa cómo se deteriora su vivienda.

Los especialistas necesitan reunir datos, analizar las características geológicas, comparar imágenes satelitales y estudiar el comportamiento del acuífero antes de establecer conclusiones.

Pero para quienes habitan las casas dañadas, cada día que transcurre representa otra jornada de preocupación por su seguridad.

La ciudad lleva décadas registrando movimientos del subsuelo. Los estudios académicos han identificado fracturas, hundimientos acumulados y escenarios de subsidencia que podrían agravarse si continúan determinadas condiciones de extracción de agua.

Ahora, las consecuencias también se reflejan en las decisiones más íntimas de las familias: dormir o permanecer despiertas, reparar una pared o abandonar una habitación, conservar la casa o pensar en derribarla.

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Habitantes de Toluca conviven con el temor de que sus viviendas colapsen; al menos 50 casas presentan afectaciones. | Foto: Tania Contreras


Valeria sigue escuchando los crujidos de su vivienda mientras espera una respuesta que le permita saber si podrá continuar viviendo ahí.

El gobierno municipal sostiene que no existe una amenaza general inminente y que los estudios de la UNAM permitirán definir las medidas necesarias.

Los vecinos, por su parte, insisten en que el deterioro que observan exige atención antes de que termine el diagnóstico.

Toluca lleva décadas hundiéndose en algunas de sus zonas, pero para las familias afectadas el problema ya no se mide solamente en centímetros de subsidencia, kilómetros de fracturas o millones de pesos destinados a investigaciones.

Se mide en las grietas que crecen sobre sus paredes, en las casas que consideran necesario demoler y en el miedo de cerrar los ojos sin saber si el techo seguirá en su lugar al despertar.

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Alondra Ávila
  • Alondra Ávila
  • alondra.avila@milenio.com
  • Comunicologa por el CUSXXI y con 16 años de experiencia en medios de comunicación. Desde 2012 colabora en Milenio Estado de México en la sección de Negocios. Ganadora del 9o Premio al Periodismo sobre Innovación Científica y Tecnológica en 2018.
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