M+.- María Guadalupe Villaseñor Hernández y Hugo Enrique Roque Betanzos ya habían hecho su vida profesional cuando decidieron volver a sentarse frente a un examen de admisión.
Ella, maestra de primaria de 40 años y madre de dos hijos; él, ingeniero químico de 36 años y trabajador de una empresa en Guadalajara.
Ambos tienen una carrera, un empleo y responsabilidades, pero también una inquietud que los llevó nuevamente a ser aspirantes: estudiar una segunda licenciatura en la UNAM. Y, para ello, ayer hicieron el examen de control presencial en León.
Ella viajó de Celaya con su esposo después de estar a punto de no presentarse por motivos económicos y familiares; él pidió permiso en su trabajo, viajó solo desde Guadalajara y regresó apenas terminó la prueba porque debía presentarse a laborar este viernes.
María busca estudiar Psicología para fortalecer su trabajo frente a los niños de primaria; Enrique quiere cursar Economía para ampliar sus conocimientos profesionales.
Los dos ya habían sido seleccionados en el primer proceso a distancia y, como cientos de aspirantes, tuvieron que volver a presentar el examen de forma presencial después de las irregularidades detectadas en la primera aplicación.
Ahora esperan una segunda oportunidad para conseguir un lugar que, por un momento, creyeron que ya tenían asegurado.
Sus historias son distintas, pero comparten la misma apuesta: a los 40 y 36 años, respectivamente, decidieron volver a ser estudiantes y demostrar que terminar una carrera, formar una familia o tener un trabajo no significa dejar de buscar nuevos caminos.
Difícil decisión
A María Guadalupe le costó más decidir si viajaba a León que prepararse para el examen. A sus 40 años, con 15 años como maestra de primaria, dos hijos de 3 y 15 años y un hogar que atender, estuvo a punto de quedarse en Celaya por las dificultades económicas y familiares que implicaba volver a presentar una prueba que ya había aprobado. Pero su esposo la convenció.
Así que este jueves subió al automóvil con él y recorrió el camino entre Celaya y León para presentar nuevamente el examen de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El viaje, entre gasolina y comidas, representó un gasto superior a 800 pesos que la familia no tenía contemplado. Sus hijos se quedaron en casa.
“Por situaciones familiares y económicas, yo le dije a mi esposo que no iba a venir, pero gracias a él estoy aquí en este momento”, contó María, sonriente y orgullosa de haber llegado.
Un mes antes había recibido una noticia que multiplicó su emoción: había sido seleccionada después de presentar el primer examen para estudiar Psicología en la modalidad a distancia de la UNAM.
Días después, sin embargo, recibió otro correo que cambió sus planes: tendría que presentar nuevamente un examen de control presencial debido a las irregularidades detectadas en el primer proceso.
Para ella, significó volver a prepararse, reorganizar su tiempo y asumir un gasto que no estaba previsto.
Pero también, defender un proyecto que comenzó a construir desde diciembre pasado: convertirse nuevamente en estudiante para complementar sus 15 años de experiencia frente a un grupo de primaria.
Su hijo de 15 años fue su compañero de estudio
María está casada desde hace cinco años y define a su familia como el motor de su vida. Por eso, cuando decidió buscar una segunda carrera, también quiso demostrarles a sus hijos que siempre es posible continuar preparándose.
Su principal compañero durante los meses de estudio fue, precisamente, su hijo de 15 años.
“Estudiábamos los dos, él para su ingreso a la prepa y yo para la universidad”.
Los dos compartieron libros, horarios, cansancio y nervios. Mientras él se preparaba para continuar con sus estudios, ella lo hacía para volver a las aulas como estudiante universitaria.
No fue sencillo encontrar el equilibrio entre ser madre, esposa, maestra y aspirante. Durante la Semana Santa, por ejemplo, María llegó a estudiar hasta 12 horas al día. Redujo al mínimo las distracciones y convirtió parte de sus vacaciones en jornadas intensivas de preparación.
El examen de este jueves estaba programado de las 13:00 a las 16:00 horas. María terminó en aproximadamente hora y media. Al salir, mantuvo la esperanza de volver a ser seleccionada.
Incluso encontrar a otros aspirantes de su edad le dio tranquilidad. Calculó que había alrededor de 70 personas de entre 30 y 40 años.
“De hecho, en la fila para entrar estaba un compañero que es mayor que yo, y estuvimos platicando, y nos echábamos porras para volver a salir seleccionados”.
Una segunda carrera para fortalecer su trabajo como maestra
María comenzó el proceso en diciembre de 2025, cuando ingresó su documentación para estudiar Psicología en modalidad a distancia.
La modalidad le permitirá organizar sus actividades de acuerdo con sus horarios de trabajo y familiares, entregar trabajos durante el día y participar únicamente en las reuniones virtuales necesarias con sus profesores.
Si vuelve a ser seleccionada, continuará trabajando como maestra de primaria de lunes a viernes, de 8:00 horas al mediodía, y después organizará sus tiempos para estudiar.
La carrera le demandará alrededor de cinco años, pero no considera que sea un obstáculo. Su intención es que los conocimientos de Psicología se complementen con los que ya tiene como docente y que pueda llevarlos a sus alumnos.
Las dos carreras, considera, convergen y pueden ampliar sus posibilidades profesionales. También espera que la segunda licenciatura le permita diversificar su campo laboral y obtener un ingreso adicional.
Por eso, decidió volver a presentar el examen en lugar de abandonar el proyecto.
“El único camino para mejorar la sociedad es la educación”, dice
Después de 15 años frente a un grupo, María también ha visto cambiar la forma en que aprenden sus alumnos. Uno de los mayores retos que identifica actualmente es la inteligencia artificial (IA).
La docente considera que se trata de una herramienta que los maestros necesitan conocer para entender cómo la utilizan sus estudiantes, pero advierte que todavía existen grandes desigualdades en el acceso a la tecnología.
Hay niños que no cuentan con los recursos para utilizarla, mientras otros tienen acceso y avanzan con mayor rapidez.
“Pero hay otros que sí tienen esa posibilidad y nos van aventajando, entonces hay que plantear la educación para ver los nuevos retos que tenemos”.
Desde su perspectiva, el sistema educativo mexicano todavía está rezagado frente al de otros países, y por eso no considera viable que el uso de IA se vuelva obligatorio en las aulas mientras los estudiantes no tengan las mismas posibilidades de acceso.
En su escuela no utilizan esta tecnología de manera formal, aunque reconoce que algunos alumnos ya la conocen y la emplean.
Lo que sí considera necesario es enseñar a los estudiantes a utilizarla correctamente.
“Soy maestra, y te puedo decir que el único camino para mejorar la sociedad es la educación”.
Un examen blindado y sin celulares
La experiencia de María frente al examen presencial también estuvo marcada por las estrictas medidas de seguridad implementadas por la UNAM.
Los aspirantes recibieron instrucciones constantes de no utilizar teléfonos celulares y tuvieron restricciones para ingresar con objetos personales.
“La verdad fueron muy estrictos; todo el tiempo nos estuvieron diciendo que sin celular. Yo, de hecho, no traigo mi teléfono, se lo di a mi esposo”.
Tampoco les permitieron entrar con mochilas. Únicamente pudieron ingresar con las hojas autorizadas para realizar anotaciones y operaciones.
Al finalizar, el personal de la UNAM que vigiló la aplicación fue el encargado de recoger y romper las hojas utilizadas como apoyo.
Para María, los controles fueron parte de una prueba que se realizó en condiciones muy distintas a la primera evaluación.
Enrique ya es ingeniero y ahora quiere estudiar Economía
Hugo Enrique Roque Betanzos también llegó a León para demostrar que todavía podía volver a ser estudiante.
Tiene 36 años, es originario de Guadalajara y ya cuenta con una licenciatura en Ingeniería Química, carrera que decidió estudiar cuando tenía 20 años. Ahora busca complementar su formación con una segunda carrera: Economía.
A diferencia de María, Enrique viajó solo. Pidió permiso en la empresa donde trabaja para ausentarse dos días, se trasladó a León y presentó el examen este jueves a las 13:00 horas. Utilizó las tres horas disponibles. Fue el último en terminar.
“Dieron tres horas (para hacer el examen) y yo las exprimí lo más que pude porque lo sentí un poco más complejo, y sí me di la tarea de revisarlo un poco más”, explicó con tranquilidad después de entregar la prueba.
No quiso apresurarse, aunque observó cómo otros aspirantes terminaban antes que él. Prefirió utilizar hasta el último minuto para revisar sus respuestas y pensar nuevamente los reactivos que le generaron dudas.
Al salir del hotel, se encontró con una larga fila de aspirantes que esperaba ingresar al último turno de aplicación, programado para las 17:00 horas.
Dos días de permiso para volver a intentarlo
Hugo llegó a León el miércoles por la noche, durmió en un hotel y, después del examen, tomó un autobús de regreso a Guadalajara.
Este viernes debía presentarse nuevamente a trabajar, por lo que su permiso laboral se limitó a dos días.
“Tuve que pedir días para venir a hacer el examen. Me preparé lo mejor que pude y ahora hay que esperar el resultado”.
El viaje representó para él no solo una cuestión de organización laboral, sino también un esfuerzo personal. Desde que nació, a Hugo se le diagnosticó parálisis cerebral. Explica que su condición es leve y que únicamente afecta un poco su desplazamiento.
Eso, sin embargo, nunca ha representado un motivo para detener sus estudios.
Vive con su padre en Guadalajara y asegura que recibió apoyo desde el momento en que supo que tendría que trasladarse a León para presentar nuevamente el examen. No quiso darse por vencido.
A los 36 años, todavía quiere seguir aprendiendo
Hugo salió del examen convencido de que esta vez la prueba fue más difícil que la que respondió un mes atrás. Aun así, decidió no dejarse presionar por el ritmo de los demás.
A los 36 años, después de haber estudiado Ingeniería Química y de mantenerse activo profesionalmente, Enrique busca abrir una nueva etapa como estudiante universitario.
María, a los 40, intenta hacer lo mismo, mientras mantiene su trabajo como maestra, su familia y el compromiso de seguir preparándose.
Ella llegó a León acompañada de su esposo; él lo hizo solo y con un permiso laboral de apenas dos días. Los dos ya son profesionistas. Los dos ya tienen una carrera. Y los dos decidieron volver a empezar frente a un examen para demostrar que la edad, el trabajo, la familia o incluso las dificultades económicas no son suficientes para apagar las ganas de seguir aprendiendo.
EHR