M+.- La violencia contra las personas adultas mayores no siempre comienza con golpes. Puede aparecer mediante el aislamiento, la negligencia, el retiro de medicamentos o alimentos, decisiones tomadas sin consultarles, el uso de su pensión sin consentimiento o la falta de atención a sus necesidades básicas.
En el marco del Día Nacional de las Personas Adultas Mayores, que se conmemora este viernes, especialistas advierten que el abandono puede ocurrir dentro del propio hogar, en una residencia de cuidados e incluso en hospitales, mientras la población de 60 años y más continúa creciendo.
En entrevista con MILENIO, José Juan Rodríguez Hernández, profesor del Centro Universitario de Los Altos de la Universidad de Guadalajara, enfermero y gerontólogo, explica que el abandono no significa necesariamente dejar a una persona en la calle. Puede existir incluso cuando vive con su familia, si sus necesidades son ignoradas.
De acuerdo con estimaciones difundidas en México, entre 15 y 30 por ciento de las personas adultas mayores podrían experimentar algún tipo de abandono.
“En México y en Jalisco, sí, aproximadamente, los rangos de abandono de adultos mayores rondan entre 15 y 30 por ciento; es decir, más o menos, de una hasta tres de cada 10 personas adultas mayores viven o sufren algún tipo de abandono”.
Además, el envejecimiento poblacional continuará. La edad mediana en México pasó de 22 años en 2000 a 30.5 años actualmente y se proyecta que alcance los 43 años para 2050. Para 2070, se estima que las personas mayores representen 34.2 por ciento de la población.
Sin embargo, el especialista considera que la cifra podría ser mayor porque no todos los casos son denunciados.
“Aquí, como estamos hablando de una población que es vulnerable, que es una población que no está tal vez con la alfabetización suficiente para acercarse a una autoridad, yo sí afirmaría que tal vez este número sería mucho más grande de lo que nos están diciendo”, dijo Rodríguez Hernández.
Para Leticia Guadalupe Romero, directora de Atención a las Personas Adultas Mayores del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Jalisco, uno de los principales obstáculos es que muchas víctimas no denuncian cuando el agresor es un familiar.
“Algo que se hace bien fuerte es que las personas adultas mayores a veces normalizan que ya no los involucren en las situaciones familiares, no alzan la voz para no generar problemas y, aparte, si se dan cuenta de que son violentados, sí. El amor es más grande, no se atreven a denunciar a los hijos”, señaló Romero.
El abandono también puede comenzar con el aislamiento y el autoabandono.
“El primer abandono es el del adulto mayor, que se empieza a autoabandonar, ¿sí? Como no recibe visitas, pues, que me arregle. Como nadie va a ir a comer con ellos, pues, ¿para qué hago la comida?”, mencionó Romero.
La funcionaria señala que existen personas mayores que prácticamente han dejado de recibir visitas de sus familiares.
“Hay muchas personas adultas mayores que no reciben visita de la familia. ¿Y sabes por qué? Porque no dicen, ¿sí? Y aparte los hijos, como los papás no dicen nada, pues, muy cómodamente dan por entendido que ellos están bien”, dijo.
Violentómetro de la vejez
El DIF Jalisco cuenta con un “violentómetro de la vejez”, que identifica conductas que pueden escalar desde las microviolencias hasta el abandono total.
“Esa parte de que haces bromas desde su físico, desde su persona, que caminan lentos, que ellos están viejos, que ya no se mueven, que deciden por ellos, que no los involucran en las reuniones de familia. Esas son las pequeñas microviolencias”, dijo Romero.
También están el maltrato psicológico y la negligencia.
“Luego está la zona amarilla, que es el maltrato psicológico o la negligencia, aislamiento social, no permitir salir o ver a otros”.
La omisión de cuidados puede llegar a situaciones extremas. La violencia también puede ser económica. Entre las conductas detectadas está utilizar la pensión de una persona mayor sin autorización.
“El maltrato físico leve o económico: usar la pensión sin su consentimiento, obligar a trabajar o dar aportación económica”.
Y agrega: “Nos hemos dado cuenta de tanto despojo patrimonial”.
En los casos más graves aparecen golpes, quemaduras, abandono total y abuso sexual.
“Bueno, la zona roja, violencia grave que requiere intervención inmediata: golpes, quemaduras, castigos, abandono total, sin atención, sin comunicación y abuso sexual”.
Romero aclara que llevar a una persona a un asilo tampoco debe convertirse en una amenaza o en una forma de deshacerse de la responsabilidad familiar.
“Los asilos son la última opción de la mejor opción. Cuando verdaderamente la persona tiene algún deterioro cognitivo mayor que requiera atención las 24 horas del día, es una opción el asilo. Mientras tanto, no. La persona debe de envejecer en su casa”.
Rodríguez Hernández hace una precisión: vivir en una residencia no significa necesariamente abandono. Puede ser una alternativa cuando una persona necesita cuidados especializados o cuando la familia ya no tiene capacidad para proporcionarlos.
“Una residencia puede ser una estrategia adecuada para el cuidado, para respetar la dignidad, para respetar la autonomía y la necesidad de una persona”.
Sin embargo, la responsabilidad familiar continúa.
“Pues que también yo esté vigilando que tengan estándares, que tengan calidad, que le estén dando la atención adecuada”.
El académico de la UdeG señala que el cuidado tampoco debe recaer en un solo integrante de la familia. “Y el cuidado, pues, que se pueda organizar y compartir con la familia y con los servicios formales”.
La sobrecarga de los cuidadores puede afectar tanto a quien cuida como a la persona mayor.
“Entonces, todo esto tiene un impacto y tiene un doble tanto a la persona mayor como a la parte del sistema de cuidados o de la persona que esté cuidando en casa”.
Las consecuencias del abandono pueden incluir tristeza, aislamiento, ansiedad, depresión, desnutrición, deshidratación, falta de adherencia a medicamentos, complicaciones de enfermedades y caídas.
Por ello, Rodríguez Hernández plantea que el cuidado debe distribuirse entre familia, comunidad, profesionales y servicios de salud.
“El cuidado de los adultos mayores, el cuidado de nuestros padres, de nuestros abuelos, no puede recaer solamente, exclusivamente, en una persona, en la hija, en la esposa o en una parte de la familia, ¿no? Necesitamos que la familia esté presente y también la comunidad, los profesionales, los servicios de salud, los sistemas de cuidados”.
También ocurre en hospitales
El abandono también puede hacerse visible dentro de los hospitales. Julio Alberto Díaz Ramos, jefe del Servicio de Geriatría del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara "Fray Antonio Alcalde", advierte que se trata de un problema real, pero sin una medición sistemática.
“El abandono de personas mayores en los hospitales es un problema real. Sin embargo, también podríamos agregar que es un tanto cuanto invisible, y esto lo hace un fenómeno que no se mide de forma sistemática y que no alcanza, y por lo tanto, pues, no alcanzamos a describirlo con precisión”.
En México, explicó el especialista, actualmente no existe un registro nacional que permita decir cuántas personas mayores son abandonadas cada año en hospitales.
En el Hospital Civil, algunas personas pueden permanecer durante periodos prolongados debido a una red social limitada, aunque una estancia larga no necesariamente significa abandono.
“Y en ese sentido, pues nosotros aquí en el servicio no tenemos tampoco con claridad una cifra que lo describa puntualmente, pero sin duda podríamos decir que es relativamente frecuente que, al menos, algunos meses al año, tengamos aquí personas que, por su nula o pobre red social, puedan llegar a pasar temporadas mucho muy largas, sin que eso signifique que todo el tiempo estén recibiendo tratamiento médico”.
El problema se vuelve crítico cuando el paciente ya no necesita atención médica, pero no tiene quien lo reciba.
“Y los casos, como te decía, más comunes y frecuentes son los que no tienen ese alguien más y terminan esperando literalmente 100 días en el hospital sin una necesidad real, simplemente porque no hay quien lo pueda, no hay con quién llegar”.
Díaz Ramos señala que en Guadalajara tampoco existen suficientes espacios públicos para atender estos casos.
“Y aquí en la ciudad, al menos, o en la zona metropolitana de Guadalajara, lo cierto es que tampoco hay asilos públicos o del estado como tal. Por supuesto, existen las situaciones del DIF, la Secretaría de Salud y un montón de gente que se ha organizado de forma voluntaria, pero no es suficiente”.
Por ello, considera fundamental detectar las condiciones sociales desde el ingreso hospitalario y antes del alta.
“Lo primero es recordarles, pues, que no toda ausencia familiar constituye un abandono, y que también es verdad que todos los egresos sin condiciones mínimas de seguridad deben de encender una alerta”.
Ante casos de omisión de cuidados, el DIF puede recibir reportes y realizar visitas para evaluar las condiciones de la persona.
“Pues, llama la persona al DIF que corresponda y da los datos generales de la persona o los datos que conozca: nombre, edad aproximada, el domicilio, cruce de calles, colonia, municipio, y te explica brevemente la situación”.
Cuando existen posibles delitos, como golpes o despojo patrimonial, se debe acudir a las autoridades correspondientes.
“A fiscalías, si ya los delitos son graves; o sea, si ya te consta que la persona fue despojada de su patrimonio o que la misma persona adulta mayor ha recibido golpes, entonces sí es conveniente que lleguen directamente a la procuraduría, a la fiscalía”.
Con una población adulta mayor que seguirá creciendo, los especialistas coinciden en que prevenir el abandono requiere fortalecer las redes familiares, comunitarias e institucionales.
Para Romero Lima, el primer paso es dejar de normalizar estas conductas.
“Yo aquí invito a todos a que no invisibilicemos ni normalicemos este tipo de situaciones. Hagámosla visible, formemos lazos de unión entre todos. ¿Por qué? Porque lo que hacemos por un adulto mayor lo estamos haciendo por nosotros”.
Mientras que Díaz Ramos advierte que el reto también implica recuperar la responsabilidad dentro de la comunidad.
“No necesitamos ser amigos entre todos, pero sí necesitamos reconocer que es mucho más fácil cuando asumimos un rol más responsable dentro de una comunidad, tengamos la edad que tengamos”.
Y desde el DIF Jalisco se busca impulsar una cultura de respeto hacia quienes envejecen.
“Lo que queremos hacer es conciencia, generar una cultura de aprecio y respeto a la vejez en todas las generaciones”.
MC
