El estudio de animales con capacidades biológicas extremas sigue dando pistas clave para la medicina, y ahora las pitones están en el centro de una investigación que podría impactar en el futuro de la pérdida de peso.
Estas serpientes pueden pasar meses sin comer y, cuando lo hacen, ingerir presas de gran tamaño sin comprometer su salud metabólica.
Un equipo de científicos de universidades como Stanford, Colorado Boulder y Baylor identificó en su organismo un metabolito que actúa como supresor del apetito. Este compuesto aumenta hasta mil veces después de que las pitones se alimentan, ayudándolas a regular el consumo de comida durante largos periodos de ayuno.
Tras ingerir alimento, el cuerpo de estas serpientes experimenta transformaciones notables: sus órganos pueden crecer más de un 50 por ciento, su gasto energético se incrementa considerablemente y ciertas células, como las beta del páncreas, se multiplican de forma acelerada. Todo esto ocurre en cuestión de horas, sin generar efectos negativos aparentes.
Para evaluar el potencial de este hallazgo, los investigadores administraron el metabolito a ratones de laboratorio con obesidad. Los resultados mostraron que los animales redujeron de forma significativa su ingesta de alimento y, después de 28 días, perdieron cerca del 9 por ciento de su peso corporal.
Uno de los puntos más relevantes del experimento fue que esta pérdida de peso no estuvo acompañada de cambios en la actividad física, el consumo de agua ni el gasto energético. Es decir, el efecto se concentró en disminuir el apetito, lo que abre una línea de investigación distinta a otros tratamientos actuales.
Este mecanismo guarda similitudes con medicamentos como la semaglutida, utilizada en tratamientos contra la obesidad y conocida comercialmente como Ozempic o Wegovy. Sin embargo, los científicos destacaron que, en los modelos animales, el metabolito de las pitones no mostró efectos secundarios visibles como náuseas o pérdida de masa muscular.
El estudio, publicado en la revista Nature, se encuentra en una fase temprana, por lo que aún no es posible determinar si este compuesto podría convertirse en un tratamiento para humanos. La transición de resultados en animales a aplicaciones clínicas requiere años de investigación adicional.
Aun así, el hallazgo refuerza la importancia de estudiar especies con características únicas. En el pasado, diversos compuestos provenientes de animales han dado origen a medicamentos relevantes, incluyendo tratamientos para la presión arterial y anticoagulantes derivados de venenos.
Incluso algunos fármacos modernos tienen su origen en este tipo de investigaciones. Por ejemplo, la semaglutida se desarrolló a partir del estudio de una hormona presente en el monstruo de Gila, un lagarto venenoso capaz de regular los niveles de glucosa en sangre.
En el caso de las pitones, su capacidad para alternar entre ayuno prolongado y consumo extremo sin desarrollar problemas metabólicos sigue siendo objeto de análisis. Comprender estos procesos podría contribuir al desarrollo de nuevas estrategias para controlar el apetito de forma más precisa.
Aunque todavía no hay aplicaciones directas para humanos, el descubrimiento abre una nueva vía en la investigación sobre la regulación del hambre y la pérdida de peso, un campo en el que la ciencia continúa buscando opciones más seguras y efectivas.
Con información de EFE / JCM