Seis décadas de trabajo para salvar al lobo gris mexicano están en riesgo. Una orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a principios de septiembre exige al Secretario del Interior que determine, en un plazo de 90 días, si podría ser excluido o reclasificado dentro de la Ley de Especies en Peligro de Extinción.
Aún sin contar con un resultado, el mandatario remató el anuncio asegurando a los ganaderos que ya podían disparar contra los animales, de la misma forma que se hizo a finales del siglo XIX, cuando fueron capturados y asesinados sistemáticamente al punto de la extinción.
Sin embargo, especialistas consultados por MILENIO rechazan la medida al socavar el esfuerzo que se destinó a evitar la desaparición de la especie en los últimos 60 años. De hecho, los datos revelan que, al día de hoy, no representa un problema significativo para los humanos.
“La orden perjudica gravemente a los lobos y los culpa de problemas que no han causado. Si bien es cierto que los ganaderos afrontan muchos desafíos, los lobos grises mexicanos no son uno de ellos”, comparte Regan Downey, Directora de Educación del Wolf Conservation Center, organización que trabaja para promover la supervivencia de los lobos mediante la educación, la defensa de la especie, la investigación y la recuperación.
Lobo: el enemigo perfecto
En 2024 investigadores a cargo del informe más reciente del Servicio de Pesca y Vida Silvestres de Estado Unidos (FWS, por sus siglas en inglés) confirmaron que los lobos fueron responsables de la muerte de 102 vacas y dos caballos. Además, se registraron 34 ataques mortales (33 vacas y un perro), así como cuatro lesiones a ganado asociadas con los cánidos.
A pesar de ello, y aún con el incremento de población, el número total de depredaciones disminuyó un 11 por ciento con respecto a 2023, lo que confirma lo señalado por Regan: “A medida que aumenta el número de lobos grises mexicanos, disminuye el número de ataques al ganado. Lo que demuestra que las técnicas de coexistencia que se están aplicando en el suroeste están funcionando”.
Una investigación reciente de KUNM, estación de radio pública de la Universidad de Nuevo México, refuerza las observaciones: incluso en el punto más álgido de inconformidad entre ganaderos y autoridades en el condado de Catron, Nuevo México, los investigadores registraron 121 muertes de ganado (probables y confirmadas) en 2019, lo que representa apenas el 0,65 % de la población bovina estimada de la zona.
De acuerdo con Downey, el desafío para la ganadería en realidad apunta hacia la costa este del país: en agosto de este año el presidente Trump firmó una proclamación que permitirá la importación libre de aranceles de aproximadamente 660 millones de libras de carne de res a bajo precio.
La medida supone una carga para los ganaderos, ya que deben competir con precios más bajos, como aclara la entrevistada, quien agrega: “También vemos que las condiciones de sequías complican enormemente la ganadería”.
Por ahora, la inquietud más grande para defensores del medio ambiente y la conservación estadounidense radica en que la gente crea erróneamente que puede disparar a un lobo mexicano tras los dichos del mandatario. Atacar o matar a este animal sigue siendo ilegal y acarrea graves sanciones, entre ellas, multas de hasta 50,000 dólares y hasta un año de cárcel.
Alcanzar la meta poblacional: un triunfo agridulce
La propuesta de Trump por la reclasificación ya estaba en el horizonte, mucho antes de la orden ejecutiva. Esto debido a que, tras décadas de lucha y colaboración conjunta entre México-Estados Unidos, Arizona y Nuevo México están a punto de alcanzar la meta poblacional de lobos.
El FWS estableció en el Plan de Recuperación que la región debe mantener una población mínima y robusta de 320 ejemplares en promedio durante 8 años consecutivos para alejarla del riesgo de extinción.
El conteo más reciente en dicha región calculó 317 ejemplares, por lo que el posible cambio de clasificación a una categoría de menor riesgo podría convertirse en una realidad en los próximos dos años.
“La orden ejecutiva podría acelerar dicho proceso. Sin embargo, según científicos independientes, incluso si los lobos grises mexicanos cumplen los criterios de reclasificación establecidos en el plan de recuperación actual, estos no son los criterios más adecuados. Por ello, seguimos monitoreando la situación y aprendiendo todo lo posible durante este tiempo”, dice Regan.
Retirar la protección bajo las condiciones actuales resultaría riesgoso. Actualmente, ningún estado tiene un plan definitivo de gestión listo para cuando los lobos pierdan la protección federal.
"Nos preocupa que legisladores estatales aprueben leyes perjudiciales o permitan la caza del lobo mexicano cuando la población aún no es numéricamente alta ni genéticamente diversa para soportarlo"
Al respecto, MILENIO también consultó al Dr. Jorge Ignacio Servín Martínez quien realizó un posdoctorado en Conservación Biológica y ha dedicado gran parte de su carrera en la investigación y protección del lobo gris en México.
“El proyecto de conservación ha sido mayormente financiado por fondos norteamericanos [tanto en México como en Estados Unidos]. Entonces es como matar a dos pájaros de un tiro, o sea, de este modo Trump le quita el presupuesto a los lobos y a las acciones impulsadas desde México”, declaró a este medio.
La administración actual ya ha recortado el presupuesto del Servicio de Pesca y Vida Silvestre y modificado su personal, privándolo de recursos clave.
Mientras Estado Unidos busca regresar a las condiciones que en un principio llevaron al lobo a la extinción, el frente que hoy establecen científicos y defensores de esta especie demanda fortalecer el apoyo a ganaderos para la aplicación de métodos no letales efectivos, como la vigilancia a caballo o depósitos de alimento para desviar a los lobos.
La esperanza para muchos es la ventana de tiempo que se abre tras la revisión de la orden ejecutiva: el FWS emitirá un diagnóstico que debe someterse a consulta pública durante 60 días antes de ser definitivo. Durante la consulta pública, las partes interesadas pueden impugnar la decisión en tribunales mediante evidencia científica.
El Dr. Servín Martínez recuerda que, durante su primera administración, Trump intentó reducir la protección de los lobos en el norte de su país para transferir la gestión a los estados. La sociedad civil impugnó la medida y ganó en las cortes, logrando una pequeña victoria para la biodiversidad y los ecosistemas.
LHM