Ciencia y Salud

Mujeres enfrentan mayor carga de enfermedades crónicas; destinan más del 20% de ingresos en su salud

Especialistas consideran que los hallazgos muestran “la necesidad urgente de atender estas políticas públicas con perspectiva de género”.

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Las mujeres adultas mayores concentran una mayor carga de hipertensión, diabetes y cáncer que los hombres y, además, destinan una proporción significativamente mayor de sus ingresos a atender esos padecimientos, de acuerdo con el estudio “Obstáculos que afrontan las mujeres mexicanas en los servicios de salud. Análisis cuantitativo y cualitativo”.

En los hogares más pobres de Oaxaca, el gasto en salud absorbe hasta 21.5 por ciento del ingreso familiar, de acuerdo con el documento presentado por la profesora investigadora Mariana Medina Morales y Yahaira Ochoa Ortiz, integrante de la Red de Mujeres por la Salud (REMUSA).


En conferencia de prensa, Medina Morales explicó que el problema no radica únicamente en la mayor carga de enfermedad, sino también en el financiamiento del sistema de salud.

“En México el presupuesto que se destina a la salud está muy por debajo de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud; para llegar a ese nivel, ese gasto proviene de los bolsillos de las familias y, sin embargo, no siempre las familias están enfrentándose a ingresos justos”, afirmó.

El análisis cuantitativo muestra que 72.1 por ciento de los adultos mayores vive con al menos una enfermedad no transmisible.

Además, el grupo de personas de 65 años y más creció 21.3 por ciento entre 2016 y 2024, lo que incrementa la presión sobre los servicios de salud y el gasto de los hogares.

La hipertensión es el padecimiento de mayor prevalencia entre las mujeres adultas mayores analizadas, con una estimación cercana a cuatro de cada diez, frente a tres de cada diez hombres.

La diabetes presenta una prevalencia aproximada de dos de cada diez en ambos sexos y el cáncer afecta a tres de cada cien mujeres y a dos de cada cien hombres.

La hipertensión supera 43 por ciento entre las mujeres de Durango, Guerrero y Veracruz. Para obtener estas estimaciones, el estudio extrapoló los datos de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024 sobre hipertensión, diabetes y cáncer por entidad federativa y género.

El documento también identifica diferencias demográficas que ayudan a explicar la presión sobre los servicios de salud.

La Ciudad de México concentra la mayor proporción de personas de 65 años y más, con 14.4 por ciento de su población, mientras Quintana Roo registra la menor, con 5.9 por ciento.

Enfermedad, menos ingresos y más gastos 

Medina Morales documenta que la mayor carga de enfermedad coincide con una marcada desigualdad económica.

En 2024, el ingreso corriente promedio trimestral por hogar fue de 81 mil 920 pesos, mientras que el gasto total alcanzó 72 mil 705 pesos, equivalente a 88.7 por ciento del ingreso disponible.

Los hogares del primer decil perciben en promedio 5 mil 598 pesos mensuales, frente a 78 mil 697 pesos del décimo decil, una diferencia de 14 a uno.

A nivel nacional, los hogares destinan en promedio 3.4 por ciento de su ingreso al cuidado de la salud.

De ese gasto, 37.9 por ciento corresponde a medicamentos y productos sanitarios, 35.3 por ciento a consultas y atención ambulatoria y 26.9 por ciento a hospitalización.

Las entidades con mayor gasto relativo por hogar son Ciudad de México, con 1.51 veces el promedio nacional; Zacatecas, con 1.36; Querétaro, con 1.34, y Oaxaca, con 1.33. En contraste, Coahuila, Baja California, Quintana Roo y Veracruz registran los menores niveles.

Cuando el análisis se centra en las mujeres, Oaxaca registra el mayor porcentaje del ingreso destinado a salud, con 13.3 por ciento; le siguen Zacatecas, con 11.4; Guerrero, con 10.7, y Michoacán, con 10.6 por ciento, frente al promedio nacional de 3.4 por ciento.

La carga económica aumenta entre los hogares más pobres. En Oaxaca, las familias del primer decil destinan 21.5 por ciento de su ingreso a salud; en Guerrero, 16.7; en Zacatecas, 15.1; en San Luis Potosí, 14.6, y en Michoacán, 12.7 por ciento.

En los hogares del decil de mayores ingresos, ese porcentaje ronda apenas uno por ciento.

Querétaro concentra la mayor proporción del gasto destinada a hospitalización, mientras que Michoacán, Ciudad de México y Yucatán encabezan el gasto en medicamentos y productos sanitarios.

Oaxaca registra la mayor proporción destinada a consultas y atención ambulatoria.

Solo cinco entidades registran ingresos femeninos por encima del promedio nacional.

En el resto del país persiste una brecha salarial que limita la capacidad de las mujeres para enfrentar los gastos derivados de una enfermedad crónica.

En promedio, perciben 34.2 por ciento menos ingresos que los hombres.

La diferencia aumenta con la maternidad: alcanza 21.6 por ciento entre mujeres sin hijos, 35.8 por ciento con un hijo y 52.7 por ciento entre quienes tienen cuatro hijos o más.

En Chihuahua, un hombre con cuatro hijos o más obtiene ingresos 75.4 por ciento superiores a los de una mujer en la misma condición familiar.

Medina Morales sostuvo que esa desigualdad termina reflejándose en el acceso a la atención médica. 

“Las mujeres ganan menos, pero gastan más en su salud y tienen que cubrir esta carencia que hoy no está cubierta por los servicios de salud”, señaló.

Asimismo, 63.3 por ciento de la población cuenta con derechohabiencia a servicios públicos de salud.

Entre los adultos mayores, tres de cada diez viven con una enfermedad crónica sin cobertura sanitaria.

Si el hogar tiene jefatura femenina, la desventaja económica para afrontar esa situación aumenta 34.2 por ciento respecto de los encabezados por hombres.

El informe también advierte que 78.2 por ciento de la población reside en localidades urbanas y 21.8 por ciento en zonas rurales, donde los hogares son más numerosos y enfrentan mayores dificultades para absorber los costos derivados de las enfermedades crónicas.

Además, la investigadora advirtió que el envejecimiento acelerado de la población incrementará la presión sobre las familias y el sistema sanitario.

“Las mujeres no sólo viven más, sino que además lo hacen con una carga mayor de morbilidad y enfrentan barreras estructurales como el ingreso, la distribución desigual de los cuidados y de los recursos a lo largo de su vida”, afirmó.

El costo del cuidado recae en las mujeres

En el análisis cualitativo, Yahaira Ochoa Ortiz, de la Red de Mujeres por la Salud, dijo que se documenta que las enfermedades no transmisibles alteran la vida personal, familiar, económica, laboral y social de pacientes y cuidadoras.

Los grupos focales incluyeron mujeres con hipertensión, diabetes, hipotiroidismo, epilepsia, depresión, síndrome de ovario poliquístico, fibromialgia y cáncer, además de cuidadoras de personas con Alzheimer, leucemia, fibrosis pulmonar y diabetes tipo 1 y tipo 2.

El estudio describe que, antes del diagnóstico, pacientes y cuidadoras atraviesan un periodo de incertidumbre, confusión e inseguridad que altera la dinámica familiar y económica.

Una vez confirmada la enfermedad, las familias reorganizan sus actividades, pero esa carga recae principalmente en las mujeres.

Ochoa Ortiz explicó que esa redistribución rara vez ocurre de manera equitativa. 

“Somos las mujeres quienes nos encargamos principalmente de estos trabajos de cuidado, incluso más allá de la hermana, la mamá o la hija”, afirmó.

Una vez confirmada la enfermedad, las familias reorganizan sus actividades, pero esa carga recae principalmente en las mujeres, quienes con frecuencia asumen el papel de cuidadoras sin haberlo elegido.

Las mujeres jóvenes enfrentan abandono escolar o interrupción de su desarrollo profesional, mientras que las cuidadoras en edad productiva deben conciliar el empleo con el cuidado permanente de familiares enfermos.

A ello se suma que dedican, en promedio, 36.1 horas semanales al cuidado de personas dependientes, frente a 22.3 horas de los hombres; cuando además realizan trabajo doméstico, la carga supera 54 horas por semana.

El informe añade que el suministro de medicamentos en los servicios públicos suele ser parcial, lo que obliga a las familias a comprar tratamientos e insumos con recursos propios o mediante redes de apoyo.

Aunque las participantes reconocen que el sistema público resulta indispensable para atender enfermedades de alto costo, advierten que la falta de medicamentos incrementa la presión económica sobre los hogares.

El documento subraya que las mujeres no solo viven más años, sino que lo hacen con una mayor carga de enfermedades crónicas y enfrentando mayores barreras económicas derivadas de la desigual distribución de los cuidados, el trabajo no remunerado y la persistente brecha de ingresos.

Ochoa Ortiz consideró que los hallazgos muestran “la necesidad urgente de atender estas políticas públicas con perspectiva de género”, además de reconocer formalmente a las personas cuidadoras y avanzar hacia una distribución más equitativa de las tareas de cuidado.


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Blanca Valadez
  • Blanca Valadez
  • Periodista formada en la UNAM. Con 33 años de oficio, impulsada por la curiosidad y la aventura. Ha captado la voz de ilustres como Octavio Paz y Carlos Fuentes. Hoy explora los enigmas del cuerpo y la mente en relatos que resuenan en prensa, TV, radio y web.
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