Las leches saborizadas son deliciosas, sobre todo para los niños por su practicidad y variedad de sabores como fresa, chocolate y vainilla, pero ¿qué tan buena son para los pequeños? Profeco nos guía en los tipos que existen y lo que deben tener para ser consideradas como un producto de leche.
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) realizó un exhaustivo Estudio de Calidad a 32 productos para determinar si realmente cumplen con lo que prometen y qué tan saludables son para las infancias.
¿La lechitas saborizadas son recomendadas para niños?
El Laboratorio Nacional de Protección al Consumidor analizó desde el contenido neto hasta el tipo de grasa y la cantidad de azúcares. Entre los resultados más destacados se encuentran:
- Aporte nutricional real: aunque aportan proteínas, calcio, magnesio, potasio y fósforo, tienen azúcares añadidos
- Publicidad engañosa: se detectaron marcas que no son veraces en su etiquetado.
- Exceso de azúcares: algunas marcas contienen cantidades de azúcar significativamente mayores a las declaradas.
¿Qué tipos existen y qué tienen cada una?
De acuerdo con Profeco, la leche saborizada es una fuente importante de proteínas, magnesio, potasio, calcio y fósforo, minerales considerados esenciales para el correcto funcionamiento y crecimiento del cuerpo.
La normativa mexicana, bajo la NOM-155-SCFI-2012, establece una distinción clara de los productos basada en su contenido de grasa butírica.
Esta clasificación permite al consumidor identificar qué tipo de leche está adquiriendo según sus necesidades dietéticas:
- Entera: Contiene un mínimo de 30 gramos de grasa por litro (g/L).
- Parcialmente descremada: Se ubica en un rango de entre 6 y 28 g/L de grasa.
- Semidescremada: Aquellas que contienen entre 16 y 18 g/L, siempre que cumplan las especificaciones de la parcialmente descremada.
- Descremada: Es la opción más ligera, con un máximo de 5 g/L de grasa.
¿Cómo llega la leche a nuestras casas?
La leche que compramos no solo se clasifica por su grasa, sino por los tratamientos que recibe.
La ley exige que los fabricantes informen si el producto pasó por un proceso primario (como la rehidratación o el deslactosado) y, obligatoriamente, por al menos un proceso secundario (como la pasteurización o ultrapasteurización) para garantizar su inocuidad.
Uno de los procesos más solicitados es el deslactosado. Contrario a lo que se cree, la lactosa no se elimina, sino que se transforma.
A través el uso de la enzima lactasa, la lactosa se separa en glucosa y galactosa, facilitando su digestión para quienes tienen intolerancia. Una leche deslactosada de calidad no debe exceder los 10 g/L de lactosa.
YRH