M+.- Mediante la ecotoxicología, rama que estudia los contaminantes naturales o sintéticos que afectan a los ecosistemas y sus organismos, investigadores de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) han detectado en algunas aves urbanas y anfibios la presencia de metales pesados en su organismo, de acuerdo con una investigación realizada por MILENIO.
Lo mismo ocurre en algunas especies de hongos presentes en la Comarca Lagunera, que son capaces de acumular metales pesados como cadmio (Cd), cobre (Cu), plomo (Pb) y zinc (Zn) en cantidades superiores a las permitidas para alimentos por las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) y reglamentos europeos; sin embargo, resultan bioindicadores de zonas contaminadas.
Aunque los metales pesados tienen un origen natural en la tierra, se ha demostrado que sus concentraciones aumentan con la actividad humana, generando efectos nocivos para los seres vivos. Como ejemplo, la institución presentó un estudio donde algunos tipos de ranas en La Laguna presentan cambios morfológicos al exponerse a agua contaminada con plomo y arsénico.
David Aguillón Gutiérrez, investigador del Centro de Investigación y Jardín Etnobiológico de la UAdeC, ha participado en diversos estudios académicos con modelos biológicos como animales y hongos, los cuales funcionan como bioindicadores, es decir, organismos que brindan información acerca de la calidad y salud de su hábitat.
“Usamos estos modelos como organismos bioindicadores. Cuando vemos que las densidades poblacionales bajan o presentan anomalías en su conducta o morfología, es cuando detectamos que hay problemas ambientales; es un diagnóstico rápido”.
Los líquenes revelan la calidad del aire
De igual manera, los investigadores de la UAdeC publicaron el trabajo Líquenes: Detectives del aire en el semidesierto, donde explican que especies de líquenes, una asociación entre hongos, algas y bacterias que se aprecia adherida a ramas y piedras, han dejado de observarse en la mancha urbana debido a que la contaminación inhibe su crecimiento, mientras que sí prosperan en sectores alejados de la ciudad.
“Los líquenes son muy sensibles a la contaminación. Hemos muestreado en la zona urbana de la Comarca Lagunera y encontramos un solo árbol con líquenes, pero si nos alejamos hacia las áreas naturales protegidas hay muchos. Es un bioindicador que muestra que vivimos en un ambiente degradado; si no hay líquenes, indica que el aire no es limpio”.
Argumentó que, al tratarse de una región que ha crecido de la mano de la industria, principalmente agrícola, ganadera, minera y de transformación, sumado al incremento de vehículos en la Zona Metropolitana de La Laguna, existen mayores factores de exposición a metales pesados en el ambiente y en el agua.
Plomo en palomas de La Laguna
David Aguillón participó junto a un equipo de la UAdeC en el estudio de especímenes de paloma bravía (Columba livia) en los municipios de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, con el objetivo de extraer y analizar sus órganos para determinar las concentraciones de plomo presentes en sus tejidos blandos.
En el estudio Concentraciones de plomo en tejidos de palomas (Columba livia) en el área urbana de la Comarca Lagunera, diez investigadores de la universidad obtuvieron resultados que demuestran la presencia de plomo en todos los tejidos analizados. Sin embargo, las mayores concentraciones se encontraron en los huesos, especialmente en las palomas estudiadas en Torreón.
“Muestreamos palomas de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón y detectamos que en los huesos almacenan grandes cantidades de plomo, que tiene la característica de acumularse ahí, a niveles que nos hacen preguntarnos cómo es que siguen con vida esas palomas; toleran mucho ese metal”, expresó el especialista.
La investigación arrojó que las concentraciones máximas de plomo encontradas en los tejidos de las palomas fueron de 191.14 mg/kg y las mínimas de 0.86 mg/kg. El método utilizado para determinar estas concentraciones fue la espectrometría de absorción atómica, una técnica que permite detectar y cuantificar metales y metaloides en una muestra.
El especialista indicó que las palomas de la especie Columba livia se consideran bioindicadores adecuados para medir la salud ambiental debido a que no migran fácilmente de sus sitios de anidación. Además, es una de las especies de aves más abundantes en las ciudades, donde también generan problemas sanitarios y afectaciones al mobiliario urbano.
Hongos que funcionan como imanes de metales pesados
En la publicación Concentración de metales pesados en hongos de la zona metropolitana de la Comarca Lagunera, Aguillón Gutiérrez colaboró con otros cuatro investigadores entre 2017 y 2018 en la detección de elementos como plomo (Pb), cadmio (Cd), cobre (Cu) y zinc (Zn) en nueve especies diferentes de hongos presentes en la región.
Las especies estudiadas fueron Coprinellus truncorum, Leucocoprinus birnbaumii, Coprinopsis lagopus, Ganoderma sp., Agaricus sp., Podaxis pistillaris, Inonotus aff. hispidus, Inonotus aff. farlowii y Chlorophyllum molybdites, recolectadas en camellones, avenidas y áreas verdes de la Zona Metropolitana de La Laguna, integrada por Torreón, Matamoros, Gómez Palacio y Lerdo.
El valor más alto para cadmio y zinc se encontró en Coprinellus truncorum, con 16.35 mg/kg y 420.98 mg/kg, respectivamente. En cobre, Chlorophyllum molybdites registró una concentración de 174.23 mg/kg. Esta última especie obtuvo, además, los promedios más altos de cadmio, cobre y zinc.
Ranas presentan alteraciones por exposición a plomo y arsénico
En un estudio realizado con dos especies de ranas de la región, en el que colaboraron investigadores de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UJED, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias y el Centro de Investigación y Jardín Etnobiológico (CIJE) de la UAdeC, se encontró que el contacto con plomo y arsénico tiene efectos negativos en su desarrollo.
Se estudiaron y compararon anfibios como la rana africana de laboratorio (Xenopus laevis) y la especie nativa rana leopardo (Lithobates berlandieri). Los ejemplares fueron colocados en diferentes grupos experimentales con agua proveniente de diversas fuentes, a la que se agregaron concentraciones de plomo, arsénico y mercurio para simular hábitats contaminados.
Mediante análisis morfológicos y espectroquímicos de agua y tejido, los resultados mostraron que la exposición al plomo y arsénico provoca anomalías, retraso en el desarrollo y acumulación de metales en los tejidos.
“Vimos que metales como el plomo, hierro y arsénico afectan su morfometría y su morfología, además de influir en los índices de mortalidad”.
Lo que estos hallazgos dicen sobre los humanos
“Al haber restricciones para hacer experimentos con personas, tomamos modelos biológicos que se asemejen al humano o cuyos procesos ontogenéticos o embriológicos sean similares. Podemos inferir que, si otros animales o grupos biológicos tienen la capacidad de acumular estos elementos, nosotros también los adquirimos por vía respiratoria, digestiva o cutánea”.
Como ejemplo, explicó que, si se comprueba que un anfibio expuesto a metales como el plomo presenta daños en el proceso de somitogénesis —que ocurre durante el desarrollo embrionario y da origen a estructuras como huesos y órganos—, es posible que algo similar ocurra en los humanos, ya que se trata de un proceso biológico compartido.
“La somitogénesis es un proceso que llevamos todos los vertebrados; de ahí extrapolamos lo que pudiera estar pasando en animales superiores o en humanos, donde no podemos realizar esos estudios”, detalló.
“Todo esto nos indica que los contaminantes están en el ambiente, lo cual puede servir a las autoridades para tomar acciones como mejorar los monitoreos de calidad del agua, suelo y aire, instalar más estaciones meteorológicas o equipos especializados, así como implementar estrategias cuando existan altos niveles de contaminación”, agregó el investigador.
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