Gary ya no persigue ratones, tampoco atiende los llamados de su amo ni brinca con la misma facilidad de tejado en tejado… y por eso pasa días sin aparecerse.
Ha perdido peso. Duerme más de lo habitual. A veces se le olvida comer. Nadie sabe su edad, pues es un gato callejero, pero las pruebas evidencian su paso actual por la vejez, donde cualquier ser vivo se vuelve un tanto frágil y su calidad de vida puede deteriorarse.
Los animales, al igual que las personas, también envejecen y, de igual manera, pueden presentar una buena, regular o mala calidad de vida, dependiendo de los cuidados que tienen durante todo su desarrollo y de cómo afronten la llamada tercera edad, donde evidentemente se requieren más cuidados.
La importancia de entender esta etapa evitará el abandono de perros o gatos, pensar que van a atravesar la calle igual de rápido que en sus años mozos o que decidan sacrificarlos porque “ya no tienen remedio”; pero, sobre todo, ayudará a que puedan atravesar esta nueva etapa de la mejor manera, como se haría con cualquier integrante de la familia.
La tercera edad y sus males
Aunque la edad de cada perro depende mucho de la raza y del tamaño, ya sea chico, mediano, grande o gigante, en términos generales el médico veterinario Javier del Ángel Caraza, del Hospital de Pequeñas Especies, de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), explica que después de los 6 años empieza a ser un adulto mayor y es donde aumenta la probabilidad de presentar enfermedades crónico-degenerativas como problemas cardíacos, tumores, problemas respiratorios, articulares, entre otros.
Todos estos males se pueden tratar y garantizarles un mejor nivel de vida si se cumple con los chequeos cada seis meses, pues en esas visitas la o el veterinario pueden detectar algún problema temprano y se puede tratar mejor; cuando acuden con una enfermedad de años, los pronósticos no suelen ser buenos, son más costosos y la o el paciente sufre las consecuencias.
Desde 10 años de edad ya son pacientes geriátricos
A partir de los 10 años ya es un paciente geriátrico, agrega, y es mucho más probable que se presenten diversas enfermedades que seguramente ya tienen varios años desarrollándose de forma muy sutil.
Con la edad no solo aparece la demencia, una disfunción cognitiva que ocurre en el sistema nervioso; hay otras enfermedades más frecuentes, como las cardíacas o renales, los tumores y las enfermedades osteoarticulares.
Todo paciente, en todas las etapas de su vida, va a tener una serie de problemas, indica el especialista: cuando son cachorros, cuando son adultos jóvenes o cuando son viejitos, que es cuando pueden tener múltiples enfermedades crónico-degenerativas. Lo importante es diagnosticar en etapas tempranas porque, a lo mejor, no se pueden curar, pero sí se puede evitar que progrese rápidamente el problema y darle mejor calidad de vida, evitarle el dolor o repercusiones más graves y hasta mortales.
Los 20 años de Maya
Los gatos suelen vivir entre 12 y 14 años, pero hay casos de 20 años o más. Maya es uno de esos casos. A diferencia de Gary, ha tenido una compañera humana que, desde agosto de 2006, cuando llegó a su vida, la ha protegido. Hoy está a punto de cumplir dos décadas de vida y todavía juega un poco y busca a Cristian para acurrucarse con ella todas las noches.
Su vida ha cambiado: ya no juega mucho, ha perdido un poco la vista, se la pasa más dormida que despierta y su alimentación ahora está basada en croquetas especiales para evitar infecciones urinarias, las cuales varía con croquetas para gatos bebés; le da también hígado o pechuga de pollo molidos, en cuatro pequeñas porciones al día.
A sus casi 20 años, las únicas evidencias de la edad de Maya —a quien de cariño también le dicen Princesa, May, Pichin o Mayina— son escasas, también su historial clínico, pues casi no se ha enfermado. Solo, como a los 5 años, le dio cistitis por el estrés de mudarse de casa y, ya en la tercera edad, una infección en los oídos. Los doctores le dicen que su vida se ha prolongado porque fue esterilizada de pequeña. Cristian no tiene certeza de eso, pero da gracias a la vida que se quede más tiempo con ella y su familia.
La vejez, dice Javier del Ángel, es una etapa en la vida de un perro y de un gato donde el paciente es mucho más frágil; todo depende del nivel de vida que ha tenido, como el caso de Maya, pues cada vez es más común que vayan al hospital pacientes de la misma edad de sus dueños: 25 años de cuidado, los cuales al final de su vida se traducen en mejores condiciones para las mascotas.
“La invitación es llevar a los pacientes en sus diferentes etapas al veterinario para ir detectando sus enfermedades, porque el hacerlo a tiempo nos va a permitir que el paciente llegue a esa vejez con una mejor calidad de vida. Actualmente tenemos pacientes que tienen 25 años, igual que su dueño y, aunque estos pacientes ya tienen una serie de enfermedades que por más que queramos ya no podemos evitar, se pueden ir sobrellevando sin una condición tan grave, solo lo que va surgiendo.
“Eso es algo importante y cada vez más frecuente, es algo que nos llena de orgullo porque la población humana va cambiando su mentalidad” respecto al cuidado de los animales de compañía.
¿Demencia o Alzheimer?
Laura Medina Morales, veterinaria particular en el municipio mexiquense de Metepec, reconoce que en las mascotas una de las enfermedades que puede aparecer con la edad es algo parecido al Alzheimer; se llama Síndrome de Disfunción Cognitiva. “Lo que sucede es que el cerebro se va haciendo más chiquito y, obviamente, por el envejecimiento van perdiendo neuronas, las cuales no se regeneran y no hay forma de recuperarlas.
“Es muy parecido a la demencia senil en personas adultas. Los gatos, por ejemplo, pueden olvidar dónde está su plato, dónde está su casa, pueden olvidarse de ti como propietario”, indica.
Empiezan a deambular durante la noche por todos lados, sin rumbo fijo; empiezan con conductas como si fueran cachorros, se empiezan a hacer del baño donde sea. Eso ocurre tanto en perros como en gatos.
Puede ser que los perros o gatos más viejos tengan accidentes porque tienen los reflejos más disminuidos; aparecen las cataratas y pierden un poco la visión, lo cual facilita que otros animales los puedan atacar, que los atropellen o se pierdan simplemente porque ya no saben dónde están.
Gary ya no veía muy bien, tenía problemas en la piel, quizá una infección. Estaba cada vez más flaco y cojeaba. Se acurrucaba en el patio; desde hacía tiempo sabía que ahí tenía un plato de comida o, cuando menos, nadie lo molestaba, hasta que el hombre que le proporcionaba caricias falleció por covid.
Entonces sus visitas se hicieron más esporádicas. En su última asistencia se observaba más lento que de costumbre; ya había otros gatos callejeros merodeando la zona y él simplemente se entregó, ni las garras metió; ya no tenía la vitalidad de antes, que lo sacó adelante en las grandes batallas de las que sus cicatrices daban cuenta.
Los síntomas del envejecimiento en perros y gatos se observan a partir de problemas de obesidad porque su vida se vuelve más sedentaria; suelen perder piezas dentales, cambian sus hábitos urinarios e intestinales, el pelo delata la edad porque se vuelve más áspero y pierde brillo, cambian sus patrones de sueño, pierden agilidad y suelen tener problemas de visión y oído.
Presentan desorientación e irritabilidad
En la revista MVZ Córdoba, Diana Gallego, Judith Figueroa y Camilo Orozco publicaron un artículo con el título “Síndrome de Disfunción Cognitiva de perros geriátricos”, donde señalan que algunos pueden presentar desorientación, disminución en la interacción con los miembros de la familia, irritabilidad y vocalización excesiva.
Advierten que, si bien hay cosas que pueden ser parte del envejecimiento natural, no hay que pasar por alto algunos signos, pues pueden ser reflejo de un proceso patológico cerebral que provoca deterioro progresivo de las funciones cognitivas cuando tienen edad avanzada, a lo cual se le conoce como Síndrome de Disfunción Cognitiva o enfermedad de Alzheimer, debido a las similitudes clínicas y patológicas con la enfermedad en humanos.
“Los animales también tienen cambios morfofuncionales en diferentes zonas cerebrales, lo que ocasiona cambios asociados al declive cognitivo, en el cual hay poca capacidad para recopilar información, procesarla, retenerla y tomar decisiones”, lo cual puede pasar en perros mayores de 7 años.
Los cambios incluyen falta de reconocimiento hacia los miembros de la familia, dificultad para realizar tareas simples como comer o hacer ejercicio y alteraciones en el ciclo del sueño.
Hay casos donde presentan confusión y desorientación, lentitud para obedecer órdenes, dificultad para subir escaleras e incluso se apegan mucho más a sus propietarios y los siguen a todos lados; además, hay actividades repetitivas, aumento de la ansiedad o inquietud y alteración del apetito.
En esta publicación citan un estudio realizado en Italia que incluyó a 124 perros geriátricos, donde se encontró una prevalencia de este síndrome cercana a 50 por ciento en perros mayores de 7 años, aunque aclaran que al final no hay datos certeros porque gran número de propietarios no reportan a los médicos veterinarios los cambios y no se contabilizan esos casos.
Para Javier del Ángel, nada tienen que ver los problemas de los perros y gatos con el Alzheimer. Algunos pacientes llegan a presentar algo similar a la demencia senil, que en realidad es el Síndrome de Disfunción Cognitiva, un proceso degenerativo del sistema nervioso, pero no es una regla que todos los pacientes viejos lleguen a presentarlo.
"Es muy variable, depende de la individualidad genética, donde todo está relacionado con los genes; hay quienes lo desarrollan y quienes no. Los animales no están hechos en serie y no necesariamente lo van a presentar, pero sí es posible".
Las estadísticas señalan que de 10 a 20 por ciento de la población de estas especies podría presentar este síndrome, el cual inicia con cambios de comportamiento; algunos pacientes dejan de comer en sus horarios y cambian la rutina del sueño. Los perros, por ejemplo, pueden dormir todo el día y en la noche empiezan con cierta actividad; algunos pacientes empiezan a orinar y defecar en lugares inadecuados y hay quienes cambian mucho su comportamiento.
El problema es que normalmente lo que a veces la gente ve es que el paciente empieza a ser rebelde o a ser cochino, mañoso, y no entienden que es el inicio de una enfermedad.
Cuidados geriátricos
Los problemas de salud dependen en muchas ocasiones de la raza, edad y condición, aunque es un tema extremadamente amplio y no se puede generalizar, refiere Javier del Ángel; pero los perros de talla grande, con más de 15 kilos en su vida adulta, envejecen más rápido que un perro de menor talla y los perros considerados gigantes, como un Gran Danés o el San Bernardo, sufren más de problemas músculo-esqueléticos o lesiones en la columna vertebral.
Los pacientes que tienen tórax o troncos muy largos, como el Salchicha, tienen repercusiones degenerativas en su columna vertebral y así cada raza tiene sus particularidades que solo las y los médicos veterinarios pueden ir alertando y los especialistas pueden atender.
La doctora Laura Medina agrega que en la etapa adulta es necesario darles cuidados más especiales, con antioxidantes, alimentación específica para la etapa en la que están viviendo, para que sus necesidades metabólicas sean cubiertas. Se necesita un poco más de fibra para que puedan hacer del baño, cuidar de sus articulaciones y tener en cuenta que el metabolismo se va haciendo más lento; con la edad se va perdiendo la masa muscular.
Para lograr una buena vida para los animales de compañía es indispensable tener claro que un perro o un gato jamás debe ser alimentado con huesos ni con las sobras de la comida; para cada edad, raza y condición existe una alimentación especial que el médico veterinario puede indicar, agrega Javier del Ángel.
“Cuando hay indicios de enfermedad, cosas o situaciones anormales, lo primero es buscar la opinión de un experto, no de ‘San Google’, para ver si esa condición está relacionada con una enfermedad y sugiera algún tipo de manejo dietético o manejo con medicamentos.
“En muchos casos, en internet no se conoce la fuente ni si la información es correcta o no; no hay forma de hacer filtros. Tampoco se puede pedir recomendaciones en redes sociales donde dicen ‘mi perro tiene diarrea, ¿qué me recomiendan?’, porque hay mucha gente con buena voluntad que empieza a aportar sus experiencias, aunque a veces cuesta mucho trabajo diferenciar un diagnóstico de un signo clínico; por ejemplo, la diarrea no es una enfermedad, es un signo clínico y lo que se debe saber es cuál es la causa de la diarrea y no cómo quitarla, porque no se ataca la causa real”, explica el especialista.
“Lo importante es que todos los pacientes tienen que ser evaluados por un profesional, por un médico veterinario, y si este médico principalmente es un especialista en medicina y cirugía de perros y gatos, graduado de un hospital escuela como el que tenemos en la UAEMex, es una persona mucho más capacitada”, asegura.
La gente egresa de la universidad como médico veterinario, pero aparte están quienes estudian cirugía de perros y gatos, “una especialidad que dura dos años y medio, en los cuales se adquieren conocimientos generales; después están los especialistas de las diferentes áreas: traumatólogos, médicos internistas y personal altamente capacitado en cardiología, en enfermedades urinarias, digestivas, en tumores, en oncología, igual que en la medicina humana”.
Hay que tener en cuenta la medicina preventiva, la vacunación y desparasitación.
“Todo el primer año de vida es importante; después el paciente es adulto y ahí las enfermedades son menores, pero puede haber traumas: que se pelean, los atropellan, se caen de la azotea y cosas así; pero en la etapa geriátrica aparecen muchos otros males que se pueden minimizar con una buena vida, cuidados, atención médica y cariño”.
Cristian tiene claro que Maya es un integrante de la familia; lleva más tiempo con ella que con su propia hija o con su marido. Sabe que el final puede estar cerca, pero le procura todos los cuidados que necesita, la hace sentir amada y desde ahora le agradece la vida que han pasado juntas porque sabe que el día que le falte, va a llorar y a sufrir de una manera que quizá no toda la gente entienda, porque para ella no es un animal, es su compañera de vida.
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