Ciencia y Salud

"No pasó nada": el error más común al consolar un niño y que puede dañar su bienestar

La reacción de madres y padres ante el dolor cotidiano (como caídas, golpes menores o rasguños) influye en cómo sus hijos gestionan el dolor.

La primera entrega de la película Intensamente demostró que la tristeza, el llanto y hasta el dolor son iguales de válidas y benéficas que la alegría, la risa y el regocijo. Pero es difícil asimilarlo cuando nos toca estar frente al hijo, la sobrina o el niño pequeño que rompió en llanto luego de tropezarse y caer.

Usualmente, la reacción inicial es levantarlo rápidamente —ya sea ayudándolo a pararse o cargándolo —y sacudirlo, mientras se le dice repetidamente “No llores, no pasa nada”. Sin embargo, esa técnica poco ayuda no sólo para contener la crisis, también a su bienestar emocional.

​Consolar a veces puede afectar

Durante su desarrollo, las niñas y los niños aprenden de sus cuidadores: desde esas ‘mañitas’ que hacen reír en las reuniones familiares, hasta su ideal de pareja o la manera en cómo van a evaluar y reaccionar ante el peligro.

Esto último comienza a formarse a partir del “dolor cotidiano”, es decir, esos pequeños golpes y colisiones de intensidad leve, corta duración y que generalmente no requieren otro tipo de intervención más que brindar tranquilidad. Funcionan como un entrenamiento diario para responder al dolor, la ansiedad y la ira que pueden provocar.

Privarlos de estas experiencias pueden orillarlos a depender excesivamente de los adultos para aliviar las molestias o llamar la atención disimulando la intensidad del dolor. En tanto, del lado del padre o la madre, sobrerreaccionar aumenta la percepción del dolor y genera más miedo en el niño o niña, a tal punto de privarse de ciertas actividades o dificultades para sobrellevar dicho dolor.

Por ello, la recomendación ante los golpes o tropiezos menores es mantener la calma, pues esa tranquilidad se transmitirá al niño o la niña. Aunado a ello, un estudio de la Revista Europea del Dolor sugiere normalizar el dolor y comunicar que, en cierto nivel, “tienen cierto control sobre su dolor”.

“Si se transmiten de forma eficaz, estos mensajes pueden sentar las bases para que los niños desarrollen una comprensión del dolor y promuevan un comportamiento adaptativo, un manejo activo del mismo y, potencialmente, reduzcan el riesgo de desarrollar problemas de dolor en la adolescencia y en la edad adulta.
(...) A menudo, los niños se basan en las reacciones y emociones de sus cuidadores para comprender las suyas”.
El "dolor cotidiano" moldea la reacción de los niños ante el peligro; toda vez que no pongan en riesgo su bienestar
El "dolor cotidiano" moldea la reacción de los niños ante el peligro; toda vez que no pongan en riesgo su bienestar | Freepik
¿Qué hacer cuando un niño se lastima?

Por presión social o incluso vergüenza, es casi inevitable intentar controlar el llanto de un niño con un “no llores”. Pero pedirle que lo suprima sugiere que la sensación es demasiado aterradora como para reconocerla y no se valida el dolor, la necesidad o los sentimientos detrás de esa reacción.

En tanto, la frase “Estás bien/ Todo está bien” —la cual suele decirse cuando no hay raspones o moretones visibles—es una manera discreta de enseñar que el dolor sólo es real cuando el daño es evidente. Por ende, se desestiman las emociones internas

Estas prácticas pueden reemplazarse con otras estrategias que expertos recomiendan para validar el dolor de los niños, por ejemplo:

  • Ponerse a su nivel
  • Reconocer su dolor
  • Hacer que se sientan seguros, escuchados y protegidos
  • Hablar sobre el evento: qué ocurrió, cómo ocurrió, qué sintió, etcétera.
“La validación de las experiencias de dolor puede tener varios beneficios, incluido un mejor bienestar psicológico”, señaló el artículo liderado por Sarah B. Wallwork de la Revista Europea del Dolor.

Claro que mantener la calma no significa ignorar las señales de advertencia, sino mantener un equilibrio entre el pánico y la indiferencia. Por ello, antes de emitir cualquier comentario, es recomendado hacer una evaluación rápida de riesgos.

Si es un caso leve, se prosigue a mostrar comprensión con frases como: “Eso se ve doloroso”, “¿Te asustaste?” o “Estoy aquí”. O incluso, especialistas proponen tres estrategias para que padres y madres las intenten implementar en esos momentos de crisis.

Nombrar los sentimientos.

Convierte la sensación de miedo en un dato. En la pubertad y adolescencia, pueden empezar a medir su dolor y molestias en una escala del 0 al 10; lo cual les enseña implícitamente que el dolor es variable y suele disminuir rápidamente.

Calmarse y elegir

Hablarles a su altura y respirar juntos tres veces lentamente. Dependiendo de la edad, se les puede ofrecer recuperar el dolor con preguntas como: “¿Quieres que te siga abrazando o prefieres regresar a jugar?”.

Volver a contar la historia

Investigaciones arrojan que las niñas y los niños pueden cambiar su percepción del dolor a través de historias. Por ejemplo, esa misma noche recordar cómo ocurrió la caída/la lesión y enfocarse en las fortalezas o aprendizajes obtenidos.

ASG

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Alejandra Sigala
  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.
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