Las causas detrás de la aparición de cáncer óseo siguen sin estar claras. Comienza con una proliferación casi imperceptible de células en cualquier hueso (especialmente en el fémur, la tibia o el brazo) y termina ocasionando un profundo daño en la principal armadura del cuerpo.
Algunas personas no presentan síntomas significativos al inicio. Sin embargo, la enfermedad tiende a desencadenar la pérdida de peso involuntaria y un dolor persistente como comparte Wendy Allen-Rhoades, oncóloga pediátrica del Centro Oncológico Integral de Mayo Clinic, durante un seminario impartido a medios.
Dado que se trata de malestares bastante comunes, tanto los pacientes como los profesionales sanitarios pueden confundirlos fácilmente con otras afecciones, como dolores de crecimiento, lesiones deportivas o artritis. Por ello, la especialista comparte en qué momento el dolor es motivo de consulta.
Cáncer de huesos: en qué momento el dolor es señal de peligro
En México, como en el resto del mundo, este tipo de tumor afecta principalmente a niñas, niños, adolescentes y adultos jóvenes, el rango va de los 10 a los 20 años. La buena noticia es que es poco frecuente ya que representa cerca del 2% al 3% de los cánceres infantiles y juveniles.
Hay una probabilidad muy baja de que el dolor en los huesos, músculos o articulaciones sea señal de cáncer de hueso, pero nunca es cero. Al respecto, la oncóloga Allen-Rhoades explica:
“Hay mucha gente que tiene dolor y es normal en la vida. Lo preocupante es cuando no desaparece y no está relacionado con una lesión traumática: si uno no recuerda haberse caído y golpeado y el dolor persiste o el malestar te despierta mientras duermes es una señal de que hay que consultar a un especialista”.
El tiempo que tarda en desaparecer el dolor por una lesión varía según la gravedad y la zona: pueden pasar días o varios meses. Por ejemplo, las contracturas se llegan a esfumar en menos de 72 horas, mientras que la recuperación de una fractura tarda hasta 12 semanas. Si una lesión no mejora como se esperaba, hay que consultar a un especialista, ya que puede estar evidenciando un problema previo.
También hay que prestar atención a otros síntomas como pérdida de peso, fiebre, hinchazón, sudoración o cojera. Otro signo de alarma son las fracturas que se producen después de un traumatismo leve o incluso sin un accidente de por medio ya que algunos tumores óseos pueden debilitar el hueso.
"A veces, los tumores óseos no causan síntomas. En su lugar, se descubren cuando se realiza una radiografía u otra prueba de imagen después de una lesión deportiva u otro problema no relacionado", afirma la Dra. Allen-Rhoades. "En estos casos, la lesión no causó el tumor; las imágenes revelaron algo que ya estaba allí."
Atención especial al dolor en edades tempranas
Durante la infancia es aún más común subestimar el dolor, pues se asocia con el crecimiento o caídas. No obstante, aunque estos escenarios son frecuentes en las etapas tempranas de la vida, cuando el dolor continuo interfiere con el deporte, los estudios o las actividades cotidianas debe ser evaluado por un profesional de la salud.
“Lo que siempre le digo a mis pacientes y a mi propia familia es que el dolor de espalda en niños pequeños no es normal. Es muy raro y puede ser una señal de cáncer óseo, escoliosis o curvatura de columna. No es normal en menores de 25 a no ser que alguna vez se hayan lesionado”, comenta la oncóloga.
Los tipos más frecuentes de cáncer de hueso
Existen diferentes tipos de cáncer óseo y su prevalencia varía según la edad. Su principal característica es que todos, sin excepción, comienzan en la osamenta, así que, cuando el cáncer inicia en otra zona del cuerpo y alcanza al hueso se conoce como metástasis ósea.
Una vez establecido este punto, la clasificación que reciben depende del tipo de célula ósea en la que comenzó todo:
- Condrosarcoma: puede aparecer en los tejidos blandos (como el cartílago) y se presenta con mayor frecuencia en la pelvis, la cadera y el hombro. Afecta principalmente a adultos de mediana edad y mayores. El tratamiento implica cirugía para extirpar el cáncer; cuando son pequeños y de crecimiento lento pueden tratarse con un procedimiento que raspa las células cancerosas.
- Sarcoma de Ewing: puede presentarse en cualquier edad, pero la mayoría de los casos se dan en la infancia y la adultez joven. Comienza en los huesos y en los tejidos blandos que los rodean y su tratamiento suele incluir quimioterapia y cirugía.
- Osteosarcoma: comienza en las células que forman los huesos. Es el tipo más común de cáncer de hueso y aunque niños y adultos no están exentos de padecerlo, suele aparecer con más frecuencia en adolescentes y jóvenes. Afecta principalmente huesos largos (como el fémur). Su tratamiento combina quimioterapia (a veces radioterapia) y cirugía.
No todo tumor es sinónimo de cáncer
"Enterarse de que una prueba de imagen ha detectado un tumor óseo o una lesión ósea puede ser aterrador. Afortunadamente, la mayoría de los tumores óseos no son cancerosos", explica Allen-Rhoades.
En la mayoría de los casos ni siquiera es necesario llevar un tratamiento: basta con vigilarlos. Si hay dolor, limitan las funciones o debilitan el hueso los tumores óseos benignos un especialista tendrá que evaluar si es necesaria una intervención quirúrgica.
Hábitos que mantienen los huesos sanos
La especialista reafirma las medidas más efectivas y conocidas para el cuidado del sistema óseo: un estilo de vida activo y una dieta equilibrada. A la par, y aunque no hay una vinculación directa con el cáncer de hueso, aconseja evitar el tabaco, pues la exposición al humo disminuye su fortaleza.
En caso de la detección de un tumor óseo o una lesión, lo mejor es no pensar en lo peor ya que, como asegura la oncóloga, muchos casos son benignos e incluso aquellos que no, pueden tratarse con éxito la mayoría de las veces.
"Si tiene dolor persistente, un hallazgo anormal en una prueba de imagen o síntomas que le preocupan, no los ignore. Hable con su equipo médico, un diagnóstico preciso es el primer paso para recibir la atención adecuada para usted."
LHM