Clases para todos

Los cursos masivos en línea y abiertos permiten ofrecer una educación sin límites de horarios o geográficos.
La Fundación Carlos Slim quiere aprovechar la tecnología y darles a los estudiantes una educación con mayor peso académico
La Fundación Carlos Slim quiere aprovechar la tecnología y darles a los estudiantes una educación con mayor peso académico

Cada semana unas 3,000 personas se reúnen para tomar clase con el profesor Víctor Manuel de la Cueva. No lo hacen en un salón ni en un auditorio; ni siquiera en un horario fijo. Los alumnos se conectan desde dispositivos digitales en México y el resto del mundo para tomar el curso titulado Interactuando con el hardware del dispositivo iOS, impartido en el Tecnológico de Monterrey a través de la plataforma de educación en línea Coursera.

Los cursos denominados Massive Open Online Course (MOOC) y en español Curso en Línea Masivo y Abierto (CEMA) se han convertido en una propuesta de solución al problema de la falta de alcance de los sistemas tradicionales de educación.

Surgidos de un experimento educativo en la Universidad de Stanford durante 2011, los CEMA comparten algunas características de acuerdo con Ismene Bras, investigadora de la UNAM en educación digital. “Un CEMA consiste en una plataforma donde se colocan videos, lecturas  y otros recursos educativos multimedia, que a su vez son discutidos en salas de discusión virtual y a partir de los cuales el estudiante crea el conocimiento”.   

En algunos CEMA el estudiante obtiene un certificado de participación que bien puede ser proporcionado por la institución que imparte el curso, o por programas como Capacítate, de formación laboral dentro de la plataforma aprende.org, de la Secretaría de Educación Pública

“En aprende.org queremos capacitar a las personas para los nuevos oficios del siglo XXI, analistas de big data, además de otros oficios que hoy siguen siendo importantes como auxiliar ejecutivo”, dice Javier Elguea, director de Programas Educativos en la Fundación Carlos Slim, organización a cargo de esta plataforma. 

El público de un CEMA puede llegar a cientos de miles de personas, por eso la clase presencial se reemplaza con videos cortos, que deben ser muy dinámicos, según explica David Alejandro Escárcega, profesor del Tec de Monterrey, y quien imparte el curso Swift programación para iOS, en la plataforma Coursera. “Producimos videos de no más de 5 minutos que concentren la nuez de la lección”, dice. 


Sin costo y con seguimiento

Además de videos, otro elemento fundamental lo representan las plataformas de discusión: espacios donde se resuelven las preguntas de los alumnos por medio de su participación. Estos foros son sumamente valiosos para el profesor, dice Víctor Manuel de la Cueva, en el Tec de Monterrey. “Es imposible que un profesor atienda cientos y hasta miles de alumnos en un CEMA. En los foros todos los alumnos pueden colocar sus preguntas y las más votadas por otros alumnos son respondidas por el profesor. Pero pasa que entre los compañeros se responden las dudas y es más frecuente que los profesores solo revisemos que tales respuestas sean correctas”. 

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La evaluación de tareas y trabajos echa mano de una combinación de tecnología y pensamiento colectivo. “Una parte de la calificación del desempeño viene en pequeños cuestionarios y ejercicios que son calificados de manera automática por la plataforma. En el caso de proyectos y tareas, los estudiantes se califican entre ellos mismos siguiendo sencillos parámetros de cumplimiento”.  

A diferencia de los sistemas escolarizados tradicionales, los programas de los CEMA son más breves que los ciclos escolarizados. “En el caso de Capacítate, los cursos los visualizamos con una duración en promedio de cuatro meses”, dice Elguea, de la Fundación Carlos Slim.

Los CEMA no solo sirven para aprender cursos unitarios. También pueden usarse para programas de más largo aliento. Capacítate, proporciona diplomados conformados por ocho materias impartidas vía remota. “Queremos aprovechar esta tecnología y darles a los estudiantes una educación con mayor peso académico”, dice Javier Elguea de la Fundación Carlos Slim.

90% es la tasa de deserción para los cursos en línea.

Incluso plataformas como edX están lanzando lo que denominan micro masters, programas educativos de ocho cursos CEMA que proporcionan al estudiante un certificado con un costo de alrededor de mil dólares. “Estos programas tienen el respaldo de instituciones educativas como el Massachusetts Institute of Technology (MIT)”, dice Agarwal en edX.

El tema más interesante de los CEMA es que en su gran mayoría son gratuitos. Esto hace que la educación quede al alcance virtualmente de cualquier persona, de acuerdo con Anant Agarwal, director general en edX. “En México tenemos alrededor de 350,000 estudiantes de nuestros cursos, muchos de ellos se pueden estudiar al ritmo que la persona determine y sólo cobramos si el alumno quiere un certificado formal de participación al terminar su curso”. En programas como Capacítate no hay un costo para la certificación e incluso hay una bolsa de trabajo disponible para quienes concluyen sus cursos.


Escuela para la vida


Hoy existe una interesante cantidad de plataformas de CEMA. Según Ismene Bras de la UNAM, hay más de 12. “Al principio fueron instituciones de educación superior quienes comenzaron  a crear plataformas de CEMA, pero paulatinamente se han involucrado gobiernos y otras organizaciones”, dice. Un ejemplo es la plataforma MéxicoX creada por la Secretaría de Educación Pública en 2015 y que usa la tecnología creada por edX, una iniciativa patrocinada por la Universidad de Harvard y el Massachusetts Institute of Technology. 

Las temáticas sobre las que versan los CEMA son tan variadas como las universidades que las imparten, aunque una buena cantidad tiene que ver con competencias laborales en tecnología, administración y negocios, explica Alma Herrera, secretaria académica en la Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia de la UNAM, y quien se encarga de producir los cursos CEMA de esta institución.

“Nuestro primer CEMA se lanzó en 2013 y tenemos 45 cursos en la plataforma Coursera, aunque uno de los más populares ha sido el curso de finanzas personales que allí impartimos y donde hemos tenido más de 129,000 alumnos en línea”, cuenta. 

No solo las universidades pueden sacar provecho de los CEMA. Las empresas también aprovechan esta tecnología de acuerdo con Anant Agarwal. “Al ser nuestra plataforma de fuente abierta, las empresas pueden usarla para sus operaciones de capacitación. Sabemos que tan solo de la plataforma edX hay más de 800 iniciativas educativas que usan nuestra plataforma, incluyendo una alianza que tenemos con Microsoft para fungir como su opción educativa en línea”. 

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Uno de los retos más importantes que tienen estas plataformas es la retención de los alumnos. De acuerdo con Víctor Manuel de la Cueva del Tec, “las tasas de deserción pueden llegar al 90% de los estudiantes iniciales”. Esto sucede por diversos motivos según la académica Ismene Bras de la UNAM. “En ocasiones el material no está bien adaptado y los videos son demasiado largos o aburridos. También puede pasar que la gente no se sienta cómoda con los mecanismos de interacción con sus compañeros o, simplemente, se dan cuenta que la temática del curso no es lo que esperaban”. 

Además, Alma Herrera dice que mantenerse en el curso refleja más que el entusiasmo del estudiante. “Encontramos que quien deja un curso tiene déficits en sus habilidades para la auto organización y el establecimiento de redes de colaboración con sus compañeros”, explica. Por ello, la persona que se involucra en un CEMA debe tener conciencia de que en buena medida la labor académica recae sobre sus hombros. “El mejor tip para el uso de esta plataforma educativa es abrirse a la experiencia de ser el protagonista de su propio proceso educativo”, dice Anant Agarwal de edX. 

Finalmente, un beneficio de los CEMA trasciende el orden educativo, según Ismene Bras. “No es extraño que los vínculos que se establecen entre los participantes se extienda más allá de lo virtual. Para ello, se crean grupos de estudiantes en redes como Whatsapp e incluso se organizan eventos”. Eso fue lo que le pasó a David Alejandro Escárcega, estudiante del Tec de Monterrey, quien pudo conocer cara a cara a un grupo de sus estudiantes con quienes había trabajado online. “Hace un par de años pudimos hacer una reunión presencial con unos 10 de los alumnos de mi curso de lenguaje Swift, fue una experiencia muy bonita porque vi que detrás del monitor, siempre hay un rostro humano”.