Duda razonable

¿Por qué no renuncian? Algunas pistas…

Quien ha leído más de tres veces esta Duda Razonable sabe que es un tema que me intriga: ¿por qué en México los funcionarios públicos no renuncian cuando algo grave sucede en sus áreas de responsabilidad?

Este es un mal que no se reduce a este gobierno. Es una larga tradición de la política mexicana que, como escribía ayer aquí Jorge G. Castañeda, prefiere la ignominia antes que la renuncia. 

También ayer, en la primera plana de El Universal, Monte Alejandro Rubido, comisionado nacional de Seguridad, anunciaba que él no iba a renunciar, ya que se habían “cumplido los protocolos”.

Primera pista de esta tradición mexicana: lo que no hice yo directamente no es mi responsabilidad. Si yo creo que hice todo bien, no me voy. Es parte de nuestro déficit democrático. Me recuerda el argumento de Daniel Karam después de la tragedia de la guardería ABC. Nadie en su sano juicio piensa que Rubido cavó el túnel o que Karam provocó el incendio, pero en “un Estado democrático diluir la responsabilidad de los altos funcionarios públicos es vaciar de contenido la rendición de cuentas y, por ende, la esencia de la representación democrática. Es, además, restarle todo significado a la protesta que deben rendir todos los servidores públicos al momento de asumir el cargo”*. 

Eso no se entiende aún entre nuestros políticos.

Otro argumento esgrimido con frecuencia es el que usó el secretario Osorio: “Las crisis no son para renunciar, sino para enfrentarlas”. Ese es el argumento, llamémoslo así, del Valiente, del Macho. Yo no me rajo. Nomás faltaba. El problema es que la crisis que ahora se quiere enfrentar es su crisis. Y que mientras él esté ahí, la crisis seguirá porque hay un problema de credibilidad y de conflicto de interés, porque hay que resolver una crisis que estalló bajo la responsabilidad de quien ahora investiga.

El tercer argumento muy escuchado es el de la renuncia privada que no se acepta. Juan Camilo Mouriño contó muchas veces que le había presentado su renuncia a Calderón, pero que éste no la había aceptado, después de aquel escándalo de contratos con Pemex. El mismo Osorio filtró que había renunciado en diciembre pasado. Esa es una buena manera de aparentar honorabilidad sin perder la chamba, pero como otras, no abona a la solución de la crisis.

Una cosa es cierta. Ninguna de las tres razones ayuda al jefe. En este caso al Presidente, a quien hace ver como débil, porque no puede echarlos ni vivir sin ellos.

*La cita es de Arturo Zaldívar.

 

dudarazonable@milenio.com 

Twitter: @puigcarlos