Sin ataduras

Lecciones básicas para ser canciller

Aún no queda claro cuál será el impacto final de la agresión de Donald Trump contra México, que golpe a golpe vía Twitter, avanza con firmeza, cuando ni siquiera ha tomado posesión de la Casa Blanca.

Con solo la amenaza de aplicar impuestos fronterizos, Trump obligó primero a Carrier y luego a Ford a cancelar sus inversiones en México por miles de millones de dólares. Ahora la siguiente víctima es Toyota.

Mientras, el peso sigue en caída, como consecuencia de la súbita disminución del flujo de inversiones estadunidenses en México, entre otros factores. El problema se agrava por el caso de la automotriz japonesa, pues la amenaza del presidente electo ahora se expande a los inversionistas de Asia.

Desde la expropiación de la industria petrolera, nuestro país no había sido objeto de tantas presiones del vecino del norte por el pago de indemnizaciones.

No hay precedente que obligue al gobierno de México a pagar por una obra que no ordenó, y que ni siquiera se encuentra en su territorio. Violaría cualquier principio de derecho internacional y representaría una aberración jurídica.

Ayer mismo, Trump volvió al ataque con otro Twitter. Aclaró que solo por razones de premura el costo inicial de la obra del muro sería financiado con recursos gubernamentales pero que al final el dinero sería pagado por México.

No se puede criticar al presidente Peña Nieto por haber dialogado con Trump en Los Pinos, sino por suponer que solo por tratar de convencerlo y ser muy amable, el magnate iba a modificar su actitud. Trump no ha cambiado ni cambiará.

Resulta que el responsable del desastre, por el cual tuvo que renunciar como secretario de Hacienda, ahora es premiado con la Secretaría de Relaciones Exteriores. Vaya paradoja.

Al tomar posesión, el nuevo canciller reconoció sin rubor que no sabe de diplomacia: “Vengo a aprender”, dijo.

En la escuela de estudios internacionales, los alumnos aprenden que las relaciones exteriores se rigen por intereses nacionales y no por relaciones personales.

También aprenden que la regla de oro de la diplomacia es la reciprocidad. Si una nación impone medidas de castigo a otra, ésta puede responder de manera proporcional al daño infringido.

Otra lección es respetar las instancias oficiales de comunicación por la vía diplomática. El interlocutor por excelencia del secretario de Relaciones Exteriores es el secretario de Estado, no miembros de la familia presidencial.

El gobierno de Peña Nieto parece abrigar la vana esperanza de que algún día, por alguna razón de amistad, Trump sería convencido por Videgaray, a través de su yerno, para cambiar su posición agresiva. Vaya ingenuidad.

Basta con leer el libro de Trump, The Art of the Deal, para darse cuenta de que la estrategia del magnate es primero agredir, golpear a su interlocutor y luego, ya debilitado, negociar desde una posición de ventaja.

Asumir el cargo de secretario de Relaciones Exteriores implica para un diplomático profesional haber tenido una experiencia de al menos 25 años, luego de lograr ser ascendido en la carrera hasta el rango de embajador, y aprobado exámenes para ingresar al Servicio Exterior Mexicano.

Pero otros llegan a ser canciller sin haberlo soñado, por la exclusiva facultad del presidente de nombrar a alguien de su confianza.

Un día, en 1979, el embajador Antonio González de León le preguntó a su colega Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, distinguido diplomático y académico, si no estaba nervioso por la alta responsabilidad de haber sido designado secretario de Relaciones Exteriores por José López Portillo.

Don Jorge, el bueno, le contestó: “No, mi querido Toño, me he preparado toda la vida para ser canciller”.

Por el bien de México, como diplomático mexicano, deseo que Luis Videgaray, persona inteligente y de mente estructurada, aprenda rápido a ser un buen canciller con el apoyo de diplomáticos de carrera.

Solo pido a Videgaray que como economista no se le olvide la historia de México y no reduzca la política exterior de México a una diplomacia económica. Debe negociar con firmeza, sin debilidad. La dignidad nacional está por encima de cualquier otra consideración.

Un país que se hace respetar será respetado por el país más poderoso y por la comunidad internacional. Sería entonces cuando la política exterior de México quizá podría volver a ser orgullo de los mexicanos.

Posdata

Mi colección de grabados antiguos, México visto por Europa, será inaugurada el 12 de enero, a las 19:00 horas, y exhibida hasta el 12 de febrero, en la Casa del Risco, en San Ángel, donde vivió otro notable diplomático mexicano, don Isidro Fabela.

La Casa del Risco es como un templo de la diplomacia mexicana. Aquí, en esta joya de la arquitectura novohispana, la vida y obra del canciller de Venustiano Carranza nos sirvió de inspiración para ingresar al Servicio Exterior Mexicano. Bienvenidos.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com