La incertidumbre ya es la norma en México

Una vez que inicie la renegociación del TLCAN, México tendrá la oportunidad de corregir puntos clave para su crecimiento, o bien, permanecer en su estancamiento.
Lo que pasó con Ford y su cancelación de inversión en SLP ya no asusta a México. Es tiempo de explorar nuevos horizontes que permitan el crecimiento de la economía.
Lo que pasó con Ford y su cancelación de inversión en SLP ya no asusta a México. Es tiempo de explorar nuevos horizontes que permitan el crecimiento de la economía. (Cortesía)

Scott McDonough trabajaba en un acuerdo para invertir en la cadena de tiendas de mascotas más grande de México, cuando la victoria electoral de Donald Trump amenazó con destruir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mismo que revolucionó al país como destino para el dinero extranjero.

“En ese momento se reflexionó acerca del panorama general”, admite McDonough, director general de Alta Growth Capital. “El peor escenario era una guerra comercial que tendría un impacto significativo en la economía”.

Pero dijo, “debes de tener fe” que la alteración de una relación comercial bilateral de 580,000 millones de dólares (mdd) tendría consecuencias demasiado graves para las empresas y los empleos en ambos lados de la frontera. McDonough cerró el acuerdo, su cuarto en México durante el año pasado.

En el espacio de un mes, ese optimismo parecía fuera de lugar. El peso se desplomó a un mínimo histórico y parecía estar en un viaje directo hacia abajo. Ford descartó una fábrica de 1,600 mdd, bajo la presión del nuevo presidente de EU. Tan bajo era el estado de ánimo, que un alto funcionario del gobierno mexicano comentó que Alsea, el gran grupo restaurantero, canceló dos tercios de su inversión prevista.

Eso resultó ser una falsa alarma, el grupo, que opera las cadenas Burger King, Starbucks, entre otras, de hecho confirmó una inversión de más de 230 mdd, 40% más que el año pasado. Otros siguieron el ejemplo. Walmart, la cadena minorista más grande de México, aumentará un quinto el gasto para este año y con eso llegará a cerca de 860 mdd, una apuesta de que los tiempos difíciles harán que los compradores conscientes de los precios vayan a sus tiendas.

Es difícil dimensionar el impacto en México si Trump cumple con la amenaza de retirarse del TLCAN. Como Chris Wilson, subdirector del grupo de expertos del Instituto México del Centro Wilson, dice en un nuevo informe, desde la introducción del TLCAN en 1994, las entradas anuales de inversión extranjera directa en México tienen un promedio de 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB); durante los 22 años antes del TLCAN, el promedio fue de 1%. El comercio bilateral en bienes y servicios aumentó seis veces.

Mientras la ráfaga de tuits de Trump tensaba las relaciones diplomáticas y en ellos prometía repatriar empleos, imponer un gran impuesto fronterizo y cobrar a México el muro previsto, la pesadumbre cubría el aire. El estado de ánimo recordó la ansiedad en zonas del Reino Unido después del voto del Brexit, mientras se contemplaba la posibilidad de un importante rompimiento con su socio comercial más grande. Un crecimiento en el cuarto trimestre mejor a lo esperado, ayudado por un vibrante sector de servicios, se sintió como el último pedazo de buenas noticias que podría esperar México en un buen tiempo.

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Wilbur Ross, secretario de comercio de EU, habló sobre un acuerdo del TLCAN “sensato” e, incluso, el principal asesor de comercio de Donald Trump, Peter Navarro, una persona de línea dura, describió a México como parte de la potencia de fabricación norteamericana, en un marcado contraste con los comentarios en conflicto y a menudo hostiles sobre el TLCAN que México se acostumbró a escuchar.

Todo eso ayudó al peso, que se desplomó 14% durante la noche de la elección de EU en noviembre. Se estableció a un máximo después de la elección de alrededor de 19 pesos por dólar, después de alcanzar 22 pesos por unidad de dólar en enero.

Sin embargo, aún no hay señales de que la economía se vaya a caer, a pesar de la incertidumbre y el hecho de que la inflación diera un salto a un máximo en siete años de 4.86% el mes pasado, y que se espera aumente  a 5.48% para finales de este año.

“Sin duda no se siente como si la economía se encuentre en una fuerte desaceleración o que vaya a entrar en recesión”, dice Alonso Cervera, jefe economista para América Latina de Credit Suisse. “De hecho, que se mantenga el aumento de la inflación nos dice que las empresas sienten la confianza de pasar precios más altos a los consumidores, la demanda se sostiene”.

La demanda doméstica alimentó el crecimiento en los últimos dos años, pero la confianza del consumidor recibió un duro golpe después de que el gobierno con escasez de efectivo aumentó los precios de la gasolina hasta 20% durante el Año Nuevo, ya que se mueve para eliminar los subsidios. Esto también desató la inflación y los incrementos de las tasas de interés. Por su parte el Banco Central elevó su tasa de interés clave en 325 puntos base desde diciembre de 2015, y se espera un nuevo incremento el 30 de marzo. 

La producción de manufactura creció el mes pasado a su nivel más alto en casi dos años, y no hay señales de que las fábricas acaben con sus inventarios como seguro para un cambio abrupto de políticas. Alentados, algunos analistas comenzaron a mejorar el panorama de crecimiento para este año, aunque el Banco Central redujo su pronóstico cinco veces seguidas y el consenso del mercado para la expansión es de solo 1.5%, menos de la mitad de 3.9% que se vio en 2012.

Sin embargo, la caída de inversión extranjera se mantiene como un riesgo. Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics, dice que alrededor de 4,500 mdd de inversiones se pusieron en pausa desde la victoria de Trump, de acuerdo con informes de los medios, algo que él estima podría costar medio punto en el crecimiento si no se logran materializar. En el peor escenario, los economistas dicen que México podría estar ante la posibilidad de una recesión.

También podría haber más dolor para el peso, dado que es una moneda muy líquida y se utiliza como cobertura para el riesgo de mercados emergentes. Incluso, se podría encontrar en la línea de fuego si una sorpresa en las elecciones europeas afecta los mercados.

“La única certidumbre que tenemos es que hay mucha incertidumbre”, dijo a los analistas Guilherme Loureiro, director ejecutivo de Walmart México. Su fórmula para superar la tormenta es redoblar su apuesta por sus valores centrales, ser más baratos que las otras tiendas. “Lo que sabemos es que si nos adherimos a nuestros valores, a la diferencia de precios, vamos a tener éxito”, dijo.

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El TLCAN no es la única nube en el horizonte. Trump todavía tiene que dar a conocer sus planes de reforma fiscal, que se espera disminuyan el impuesto a las empresas e incluyan un impuesto de ajuste fronterizo con el que no se van a gravar las exportaciones pero que aplicaría un arancel a las importaciones.


Además de ello, México tiene sus propios riesgos internos, en particular la posibilidad de un giro hacia el populismo, y problemas que se tienen desde antes de la llegada de Trump, incluyendo el aumento de la deuda. El balance histórico de las necesidades de financiamiento del sector público asciende a 50,500 mdd y los niveles de deuda de México llevaron a advertencias regulares del Banco Central y amenazan con una degradación de la deuda soberana.

Andrés Manuel López Obrador es el puntero para las elecciones presidenciales del próximo año. El político de izquierda se opone a la Reforma Energética de 2013, que abrió el sector que estuvo cerrado a la inversión privada durante casi 80 años a grupos como ExxonMobil, BP, Chevron y Cnooc de China. Si bien para un giro completo se necesitaría del apoyo del Congreso, algo que probablemente no tenga incluso si gana las elecciones, los opositores dicen que el peligro radica en que López Obrador volvería lenta la implementación y de esa manera la mataría.

México se encuentra estancado en el bajo crecimiento y la baja productividad durante décadas, afectado por el hecho de que cerca de la mitad de la economía es informal, lo que significa que las empresas no pagan impuestos y los trabajadores no reciben protección. También se frustra por la corrupción permanente y el débil estado de derecho.

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El TLCAN se convirtió en una de las pocas instituciones que en realidad funcionan. Independientemente de lo que pase, el gobierno debe contemplar que tiene que encontrar nuevos mercados de importación y exportación. Ya discute estrechar las relaciones comerciales con potencias de granos como Brasil y Argentina, al igual que con países de la Asociación Transpacífico, el pacto que Trump mató al retirar a EU del acuerdo.

La semana pasada, EU también avanzó en una promesa clave de campaña al presentar la licitación del muro fronterizo de Trump, lo que llevó al gobierno mexicano a instar a las compañías locales a que “hagan un examen de conciencia” antes de participar.

Por ahora, el pánico se redujo. México espera que el gobierno de Trump presente sus planes fiscales antes de comenzar las negociaciones del TLCAN. Ross indicó que la Casa Blanca puede informar al Congreso este mes, que comenzarán los 90 días obligatorios de consultas con el sector privado antes de las negociaciones del TLCAN, lo que alimenta el optimismo mexicano de que los convenios formales comiencen a finales de junio.

México espera que la modernización del TLCAN se mantenga en temas técnicos relativamente sencillos, como las reglas de origen. Establecen un límite para la proporción de materias primas que se pueden surtir fuera de la zona del TLCAN para los productos terminados y que estos aún califiquen para el acceso libre de aranceles, mismos que ya fueron ajustados cinco veces en la era del TLCAN.

Mientras tanto, la incertidumbre hizo que México se volviera atractivamente barato.