Política
  • Trumpismo tropical: la derecha colombiana quiere enterrar el pacto de Petro

  • El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos. Colombia abre un nuevo capítulo en la batalla ideológica de América Latina.
PORTADA | Trumpismo tropical: la derecha le quiere robar el sueño a Petro

DOMINGA.– La noche del 31 de mayo de 2026, a las siete y cuarto, el ambiente era lúgubre en Hotel Tequendama del centro de Bogotá en el que ya preparaba su discurso Iván Cepeda, el candidato de izquierda que habían anunciado como el favorito para ganar la primera vuelta de las elecciones colombianas. A las afueras, una decena de seguidores forcejeaba con los vigilantes que les impedían el paso frente a las puertas de un edificio tan opulento para una campaña marcada por la austeridad.

Para entonces ya se conocían los resultados del preconteo –que en Colombia rara vez se discute– y daban como vencedor al ultraderechista Abelardo de la Espriella: tuvo 43.7% de los votos contra 40.9% de Cepeda. Una diferencia de más de 669 mil votos que nadie había previsto, en un país de 59.3 millones de habitantes.

Dentro del Tequendama, en medio del olor a café frío, reinaba el desconcierto y la rabia, azuzados por las declaraciones del presidente Gustavo Petro, primer izquierdista en llegar a la Casa de Nariño. Petro se negó a reconocer el preconteo alegando un presunto fraude que, con el paso de las horas, se ha ido desvaneciendo.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Los miembros de la mesa electoral cuentan los votos tras el cierre de las urnas durante las elecciones colombianas | AP/Matias Delacroix

Iván Cepeda, filósofo formado en la otrora Unión Soviética y Francia, suele medir cada una de sus palabras. Es austero –como le gusta definirse– y poco propenso al escándalo. El asesinato de su padre, el senador comunista Manuel Cepeda, a manos de paramilitares y agentes en 1994, cuando él tenía 31 años, lo empujó al exilio de un país que ha estado en guerra casi desde su independencia. Sobrevivió a un cáncer y a lo que el propio Estado reconoció como el genocidio de todo un movimiento político de izquierda. Y luego dedicó su vida a defender los derechos humanos, aunque muchos reprocharon su cercanía con la guerrilla marxista de las FARC, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Pero esa calma que tanto lo caracteriza pareció resquebrajarse un instante cuando subió al escenario del salón principal cerca de las ocho, en medio de una prensa arrinconada que apenas alcanzaba a ver un pedazo de su bigote. “Abelardo representa el fascismo, pero el fascismo mafioso, la plutocracia y la corrupción”, dijo de su rival, antes de cuestionar el preconteo y denunciar la “descarada intervención” de países vecinos de derecha en el proceso electoral.

Pese a las arengas del escaso público que gritaba “¡No pasarán!”, el fervor estuvo lejos del que supo despertar Gustavo Petro en su campaña victoriosa de 2021, cuando las plazas se abarrotaron de seguidores. “No podemos volver a la muerte y a la exclusión”, añadió a su lado Aida Quilcué, candidata indígena a la vicepresidencia y también miembro del Pacto Histórico, la coalición de izquierda recién coronada como primera fuerza política de Colombia.


Las duras críticas a la política “Paz total” de Gustavo Petro

Afuera del salón rojo, en una entrevista concedida a DOMINGA, Tamara Argote Calderón, miembro de la Cámara de Representantes, hizo un balance de lo que llevó a su movimiento a lo que en otra época habría sido una victoria –Cepeda obtuvo más votos que Petro– pero tuvo sabor a derrota. Señaló fallas en la comunicación de su movimiento frente a una derecha que, imitando a Donald Trump en Estados Unidos, Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina, supo vender un mensaje sencillo con espectáculos bien montados y cargados de símbolos en el centro del país.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Tamara Argote, represente a la cámara por el Pacto Histórico, en Bogotá, 31 de mayo de 2026 | Diego Legrand

Mientras que la izquierda se enfocó en la periferia, donde obtuvo la mayoría de sus votos. Esas mismas regiones donde persiste el conflicto armado que enluta a Colombia desde hace más de sesenta años, entre guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional, disidentes de las FARC, neoparamilitares del Clan del Golfo y un sinnúmero de pequeñas bandas que disputan al Estado el dominio de porciones del territorio.

Argote también defendió la gestión económica de Petro –que tuvo buenos resultados, a costa de un aumento de la burocracia y la deuda, señalan expertos– y sostuvo que el país no está peor en materia de seguridad que en otras épocas, pese a las recurrentes críticas sobre el fracaso de la política de “Paz Total”. Implementada durante la actual administración, esta política consistió en negociar con todos los grupos armados que sobrevivieron al acuerdo de paz de 2016 con las FARC.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Buró de votación en el centro de Bogotá, 31 de mayo de 2026 | Diego Legrand

Jorge Mantilla, politólogo y doctor en sociología del crimen, cuestiona esa visión. Por teléfono habla de una “crisis de inseguridad y de orden público real, que se manifiesta en la expansión territorial de los grupos armados durante estos últimos cuatro años”, los cuales suman hoy cerca de 27 mil combatientes. Casi lo mismo que hace veinte años. Una cifra que crece a la par de “formas de violencia” como la extorsión y el reclutamiento forzado. “Algunas voces han llamado a que Iván Cepeda renuncie a esa política de paz total para acercarse al centro político y poder sumar una mayoría de cara a la segunda vuelta”, añade.

“Hay temas en los que seguramente no hemos podido avanzar, pero la idea que me parece importante sostener es que el diálogo y los procesos de paz tienen que ser los mecanismos empleados, porque ya ensayamos con la guerra y no nos llevó a ningún lado […]. No podemos seguir incrementando víctimas sin lograr un proceso efectivo de paz”, respondió Argote, con una pañoleta morada al cuello, en su noche aciaga. Por más que los candidatos del Pacto Histórico impusieran un tono combativo a sus arengas, los rostros de los seguidores asentados fuera del Tequendama y la fiesta apagada que se había previsto a unas cuadras evidenciaron un panorama sombrío de cara a la siguiente vuelta, el 21 de junio.

Al contrario, en la pequeña sede de campaña que De la Espriella tenía en Bogotá –el gran evento del candidato fue en Barranquilla– la fiesta se prolongó hasta bien entrada la noche, en pequeño comité y bajo la vigilancia de un par de voluntarios preocupados por su seguridad en el Parkway, una zona bohemia de la capital.


La cercanía de Iván Cepeda con Claudia Sheinbaum

Paradójicamente, hasta el día de las elecciones los militantes del Pacto Histórico estaban convencidos de que podían ganar en primera vuelta. Una proeza que sólo logró en 2002 y 2006 el expresidente de derecha Álvaro Uribe, enemigo declarado de Iván Cepeda. Cercano a De la Espriella, sus detractores lo acusan de promover políticas en alianza con paramilitares, que derivaron en la muerte de miles de civiles en el conflicto con las guerrillas, y de haber debilitado los derechos de los trabajadores.

—¿Cree que va a ganar hoy?

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Hombre disfrazado de cóndor, emblema de libertad y soberanía en Colombia | Diego Legrand

—Ya ganamos, estoy muy segura —contestó Luisa Jiménez, testigo electoral del Pacto en un puesto de votación de la Plaza de Bolívar, en el centro de la capital, el día de los comicios. Vestida con chaqueta de mezclilla, un bolso tejido y una flor en el cabello, dijo compartir el sentimiento de Iván Cepeda y Aida Quilcué, unos candidatos cuyas vidas han sido atravesadas por el conflicto armado –al esposo de Quilcué lo mataron soldados en 2008–, y consideró que el mayor logro del gobierno fue la repartición de tierras en el marco de la Reforma Agraria.

En el centro de Bogotá, las paredes de la mayoría de los edificios estaban empapeladas con afiches de los dos, generalmente de morado, el color elegido para esta campaña. Mientras tanto, los seguidores de su rival, que también obtuvo una alta votación en la capital, se hacían más discretos o implementaban códigos para reconocerse, como venir vestidos con la camiseta amarilla de la selección de Colombia. Lo cuál enfureció a Cepeda, quien cuestiona ese uso de un símbolo nacional.

—Lo que pasa es que soy capitalista, hay que bajar los impuestos a las empresas y eso lo hace Abelardo —dijo un mototaxista mientras atravesaba la ciudad en un vehículo desvencijado al que le costaba subir las cuestas que bordean Bogotá.

—Firme por la patria. Yo fui a votar por De la Espriella porque con Cepeda será otro Venezuela —expresó un repartidor de comida con acento venezolano, usando el lema con el que se identifican los seguidores del polémico abogado, acusado de defender a narcos, paramilitares y estafadores, y de misoginia y homofobia. Nada de eso pareció hacer mella en su electorado. Mientras que Venezuela se convirtió en un espantapájaros continental.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Hombre disfrazado de cóndor, emblema de libertad y soberanía en Colombia | Diego Legrand

Yann Basset, profesor de ciencia política de la Universidad del Rosario, sostuvo que las elecciones colombianas también fueron una suerte de plebiscito sobre el papel del gobierno de Gustavo Petro, quien fue protagonista de la campaña hasta el último minuto, pese a los reclamos de los organismos de control y la oposición. “Sí, absolutamente […]. Las campañas de oposición hicieron campaña en contra de la continuidad de la política del gobierno, sobre todo en seguridad, mientras que la campaña de Iván Cepeda trató de promover la idea de una continuidad sobre todo en política social”, explica.

Basset, quien rechaza calificar el resultado como una derrota de la izquierda, admite que hay al menos “una decepción” por haber sido inesperadamente superados por el candidato de ultraderecha, al que pronto se sumó la derecha tradicional.

Entre las medidas sociales más destacadas de esta administración, y a la que se refiere Basset, se encuentra sin duda el aumento del salario mínimo en 23% decretado para 2026, muy similar al que implementaron en diversas ocasiones los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum en México. Su cercanía política es tan clara que Cepeda incluso se reunió en dos ocasiones –noviembre de 2025 y abril de 2026– con la mandataria mexicana, quien, de joven –afirmó Petro– estuvo en movimientos vinculados a la guerrilla colombiana del M-19, a la que perteneció el actual presidente de Colombia hasta su desmovilización en 1991.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Las conferencia de prensa de Iván Cepeda en Bogotá han tenido lugar en se han llevado a cabo en el Hotel Tequendama | Diego Legrand

Tampoco Tamara Argote oculta esta alianza que han tratado de consolidar las fuerzas de izquierda progresista en el continente frente al avance de una derecha populista, profundamente liberal en lo económico y conservadora en lo social. “Yo creo que nosotros venimos construyendo una convergencia sobre un proyecto regional progresista con México, con Brasil y con sectores políticos de otros países. Sabemos que tenemos que avanzar en derechos en toda esta región, pero también somos conscientes de que hay una injerencia o intervención de los gobiernos de Estados Unidos y de quienes intervienen en su nombre por acá cerca, como Ecuador, como Argentina, que no quieren dejar avanzar este proyecto”, dijo.

Esa injerencia se manifestó en esta ocasión de varias maneras. Primero, cuando la administración de Trump sancionó al presidente Petro y lo incluyó en la Lista Clinton de personas vinculadas al narcotráfico, argumentando que no había logrado controlar el aumento de cultivos ilícitos –253 mil hectáreas en 2023, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito–. Petro respondió que las incautaciones también subieron de manera histórica durante su gobierno, pero vivió incluso bajo la amenaza de una intervención similar a la que derivó en la captura de Maduro en Venezuela en 2026, pese a que fue elegido democráticamente.

Luego, por las decisiones del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, que impuso aranceles de hasta 100% a productos colombianos durante semanas, argumentando que el vecino no hacía lo suficiente para controlar a los grupos armados en la frontera. Noboa sólo aceptó retirarlos después de una discusión pública con De la Espriella. Considerado por medios ecuatorianos de oposición como “el lacayo de Trump”, este joven presidente neoliberal y de talante autoritario no esconde su rivalidad con Petro, quien tardó en reconocer su victoria electoral. Ni con México, de quien invadió en 2024 la embajada para capturar a un expresidente socialista refugiado allí tras haber sido condenado por corrupción.


Bogotá amaneció con la cruda electoral

Al día siguiente del sufragio, el lunes 1 de junio pasado, Bogotá amaneció con cruda electoral. El viento se colaba en las calles habitualmente bulliciosas del centro durante la mañana, hasta que la vida cotidiana fue retomando el paso contra la morosidad. En las conversaciones de la gente se repetían las razones del fracaso de la izquierda –al menos comparado con lo que auguraban las encuestas– como un mantra.

La altivez de un movimiento que, después de convertirse en la principal fuerza política al ganar las presidenciales de 2022 y las legislativas de 2026 (con 23% de los votos), quiso competir en solitario, fue un tema recurrente entre quienes esperaban en un restaurante de comida corrida, en medio de ruidos de platos y tenedores, que ahora Iván Cepeda se acercara a los candidatos de centro, Sergio Fajardo y Claudia López, prácticamente desaparecidos frente al filósofo de izquierda de 63 años y el abogado de 47.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella superó a Iván Cepeda, el candidato de Petro, por más de 669 mil votos
Guerrilleros de las disidencias de las FARC | EFE/ Ernesto Guzmán


Con una diferencia tan mínima entre los dos finalistas, tanto ese caudal de votos del centro como el del 42% de colombianos que no quisieron pronunciarse, serán sin duda el objetivo de ambos en las siguiente vuelta. Además de ser vehementes –Abelardo comenzó la campaña prometiendo “destripar a la izquierda”–, estos defienden proyectos mutuamente excluyentes.

Mientras Cepeda promete profundizar la política social, económica y de defensa de Petro, impulsando el campo y la defensa del medio ambiente, así como las negociaciones de paz, en un programa de cientos de páginas, su competidor ofrece achicar el Estado, bajar los impuestos e impulsar los hidrocarburos en un programa que cabe en dos páginas y que promete combatir a sangre y fuego a los grupos armados y endurecer las penas para la delincuencia común.

De esta contienda también se podrá desprender el avance del combate regional que opone a una derecha autoritaria y modernizada, cobijada por el ala amplia de Donald Trump, con una izquierda que aún busca su rumbo tras el derrumbe del socialismo del siglo XXI que gobernó el continente durante un par de décadas. Los dados están lanzados, arranca la siguiente partida.


GSC


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Diego Legrand
  • Diego Legrand
  • Periodista franco-mexicano. A sus 35 años vive viajando de coyuntura en coyuntura entre varios países de centro y Sudamérica. Investiga y narra lo que no está siendo suficientemente visibilizado.
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