Con subidas y bajadas, el Partido del Trabajo (PT) anda en el ring electoral desde 1990. O de subsistir de asideros. Y por ello hoy esta fuerza política está en un dilema que parece contradicción: por un lado bloquea reformas electorales de sus aliados para mantener esa tablita de salvación y, por el otro, busca afianzar su política de coaliciones. Así son sus cálculos de cara a los comicios de 2027.
Conservar el registro como partido y los privilegios a los que ha accedido son las prioridades en la cúpula del PT.
Pero los números pesan en su historia. La subsistencia en el sistema de partidos la han cosechado en parcelas ajenas. En las últimas tres décadas ha participado en 10 elecciones federales, en donde el llamado ‘Partido de la estrella solitaria’ ha metido un total de 237 legisladores al Congreso de la Unión.
Es ahí donde se observan los flotadores que han evitado el naufragio del PT: 118 de esos diputados y senadores, es decir, la mitad, han sido “prestados” por otros partidos. Morena, PRD, PES, PAN y PRI han sido los institutos políticos más generosos para la sobrevivencia de esa fuerza política.
Los planes A y B de la reforma en materia electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo terminaron de desnudar por completo a la franquicia propiedad de Alberto Anaya Gutiérrez.
En una investigación de MILENIO se desprende que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) es el que ha cedido más candidatos al PT para integrar sus bancadas, con un total de 51.
Algunos de los casos más significativos de esas “donaciones” morenistas fueron los de la actual gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva; la de la ministra de la Suprema Corte y fundadora de Morena, Loretta Ortiz Ahlf, o la del ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, Pablo Gómez Álvarez.

El extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD) también donó cuadros de peso a la causa petista para conformar grupos parlamentarios. Ahí están los ejemplos de los fundadores de ese partido, en 1989, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Laura Itzel Castillo, actual presidenta de la Mesa Directiva del Senado, o del gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero.
Pero los datos pueden ser engañosos en este sumario. Los 119 “candidatos propios” que ha logrado meter el PT al Congreso en las últimas tres décadas (fundadores, militantes o cuadros) tienen la costumbre de repetir en esos cargos legislativos.
Tan solo 13 líderes fundadores de ese partido se han colado en 39 ocasiones al Senado o a la Cámara de Diputados. Los campeones son Alberto Anaya, seis veces, y Alejandro González Yáñez, en cinco oportunidades.
Salvando al soldado Anaya
De permanecer seis meses sin registro, luego de las elecciones federales intermedias de 2015, donde no alcanzó el tres por ciento de la votación nacional, para después recuperarlo por un proceso electoral extraordinario en el Distrito 1 de Aguascalientes, a conformar bancadas en San Lázaro de casi 50 legisladores, el Partido del Trabajo ha vivido de oxígeno artificial en las últimas tres décadas.

Aquí la pregunta es: ¿ocurrirá lo mismo en las elecciones de 2027?
El partido de Alberto Anaya encontró una veta de oro con la llegada al poder de la llamada cuarta transformación. De 1994 a 2015, la presencia del PT en el Congreso fue marginal. En ocho elecciones federales y como principal aliado del PRD, esa fuerza política obtuvo 89 legisladores, 77 diputados federales y 12 senadores.
En los últimos tres procesos electorales, en donde ha acompañado a Morena (2018, 2021 y 2024), sus ganancias casi se triplicaron, aunque en la mayoría de los casos lo hizo con sombrero ajeno: 148 legisladores en total, de los cuales 136 corresponden a diputaciones federales y 12 a senadurías.
Tan solo en la última elección federal de 2024, y resultado de las negociaciones con el entonces dirigente de Morena, Mario Delgado Carrillo, el PT metió al Congreso seis senadores y 36 diputados federales, de los cuales 16 son cuadros de Morena, tres del PRI, dos del PAN, uno del extinto Partido Encuentro Social (PES) y uno del Partido Unidad Democrática (PUD) de Coahuila.
El resto, es decir, 23 legisladores, son fundadores, militantes o cuadros del PT. Y dos de ellos, cómo no, son Alberto Anaya y Alejandro González Yáñez, hoy senadores.
Algo similar ocurrió en los comicios de 2018, durante la presidencia interina de Yeidckol Polevnsky, militante del PT desde 2022. El Partido del Trabajo ingresó el mismo número de senadores y diputados federales que en las elecciones de 2024, es decir, 36 congresistas en San Lázaro y seis en el recinto legislativo de Paseo de la Reforma e Insurgentes.
Sólo que en esa ocasión fueron 26 cuadros de Morena los que gozaron de esas curules y escaños bajo el membrete petista.
Un paso en falso y adiós
Ya sea por figuras como Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador o Claudia Sheinbaum Pardo; por partidos como el extinto PRD o Morena, o por “préstamo de candidatos”, el membrete de Alberto Anaya, hoy aliado legislativo del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, se topó frente a su propia realidad en las últimas semanas: mantener una coalición parlamentaria-electoral con el partido en el poder o dar un paso en falso que lo proyecte al precipicio de perder el registro en los comicios de 2027.
Los cálculos en la sede nacional petista, en la colonia Roma de la Ciudad de México, y en las oficinas de los máximos dirigentes de ese partido arrojan una realidad, pero los escenarios político-electorales dicen otra. El tema central es que en Morena también hacen sus cálculos de cara a la elección del próximo año.

El rechazo al llamado plan A de la reforma electoral le dio oxígeno temporal al PT para mantener sus prerrogativas como partido político nacional con registro, que este año son por 723 millones de pesos, pero además para que prevalezca el esquema de los legisladores plurinominales en el Senado, y la negativa de incorporar la revocación del mandato presidencial en 2027 en el llamado plan B, también le abrieron la posibilidad a Morena de replantear su estrategia de alianzas.
El PT priorizó su supervivencia a mediano plazo sobre una alianza incondicional con Morena: consideró que los ajustes a las reglas electorales eran una trampa para ceder más espacios plurinominales y financiamiento futuro.
Hoy la pregunta en Palacio Nacional y en las oficinas de Luisa María Alcalde, presidenta de Morena, es si todavía conviene darle continuidad a coaliciones electorales con partidos como el PT o el PVEM.
Por su parte, el PT parece coquetear con una alianza selectiva que preserve su registro sin diluirse en el movimiento de la 4T. Anaya, así, podría otra vez evitar el precipicio inmediato y posicionar a su partido como bisagra legislativa. O podría pagar el costo de bloquear las reformas electorales de la presidenta Sheinbaum. Las urnas dirán la última palabra.
Fact checking: JRH
