Desde hace años, el Día de las Madres se transformó en una jornada de protesta, de memoria y de exigencia. Mientras en muchas casas se preparan reuniones y festejos, otras mujeres salen a las calles con fotografías colgadas al pecho, playeras impresas con rostros ausentes y pancartas que repiten una misma consigna: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.
Las historias que contaron a MILENIO Verónica Rosas, madre de Diego Maximiliano; Vanessa Gámez, madre de Ana Amelí García; y Ceci Flores, líder del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, coinciden en un mismo punto: el Estado les ha fallado.
Las tres mujeres describen un país donde buscar desaparecidos se convirtió en tarea de las familias y donde las autoridades, dicen, responden con burocracia, indiferencia o simulación.
Este año, nuevamente, las madres buscadoras realizarán marchas pacíficas y actividades de visibilización para recordar que en México persiste una crisis de desapariciones que continúa creciendo.
Entre la incertidumbre y la burocracia
Vanessa Gámez busca a su hija Ana Amelí García Gámez, estudiante de la UNAM de 19 años desaparecida el 12 de julio de 2025 en el Pico del Águila, en el Ajusco.
La joven realizaba senderismo en uno de los puntos más altos y boscosos de la Ciudad de México cuando se separó del grupo con el que iba. Nunca regresó.
A casi un año de su desaparición, Vanessa resume el proceso de búsqueda como una lucha agotadora no sólo contra el tiempo, sino contra las propias instituciones encargadas de investigar.
“Lo más difícil es entender que las autoridades nos han fallado desde un principio. Nos han fallado porque cualquier persona tiene derecho a salir de casa y regresar sana y salva”.
La madre denuncia que desde el inicio enfrentó revictimización y desinterés institucional. Dice que las autoridades minimizaron el caso bajo argumentos recurrentes: que su hija “seguramente se fue con el novio”, “que se fue por voluntad propia” o que “ya aparecería”.
Para Vanessa, ese tipo de respuestas reflejan una grave indiferencia frente a un problema que considera ligado directamente a la criminalidad.
“No queremos buscar con palas y picos esperando encontrar restos. Queremos investigar. Queremos localizarlos con vida”, sostiene.
La madre critica que las instituciones hayan normalizado que las familias hagan búsquedas en terrenos, carreteras o fosas, mientras las investigaciones criminales avanzan lentamente o simplemente no avanzan.
Un día que duele
Para Vanessa, el Día de las Madres se ha convertido en una fecha profundamente dolorosa.
“Ni siquiera quisiera salir de casa porque no va a ser igual. Me hace falta mi hija”, expresa.
Sin embargo, sabe que permanecer en silencio tampoco es opción. Por ello volverá a marchar y participar en actividades de protesta.
“Tenemos que seguir visibilizando esta crisis de lesa humanidad”, afirma.
Vanessa denuncia que las autoridades han mostrado más interés en proyectos turísticos, conciertos, remodelaciones urbanas y eventos internacionales que en resolver la crisis de desapariciones.
“Sí hay dinero para un Mundial, para conciertos gratuitos y remodelaciones, pero para nuestros desaparecidos no hay voluntad”, reclama.

Trabas institucionales
Otra de las exigencias de las madres buscadoras es poder ingresar a hospitales psiquiátricos, anexos, cárceles y otras instituciones donde sospechan que podrían encontrarse personas desaparecidas.
Vanessa asegura que, incluso cuando las brigadas son autorizadas, las instituciones obstaculizan el acceso mediante procesos burocráticos interminables.
“Te mandan con funcionarios sin experiencia, sin oficios, y no te dejan pasar”, relata.
La madre considera urgente establecer lineamientos que obliguen tanto a hospitales públicos como privados a colaborar con las búsquedas.
“¿Qué esconden?,¿Por qué no permiten que uno localice a sus hijos?”, cuestiona.
“Las madres no tenemos nada que festejar”
Desde Sonora, Ceci Flores mantiene viva una de las luchas más visibles del país en materia de desapariciones.
La líderesa de Madres Buscadoras de Sonora explica que este año realizarán una marcha pacífica y una misa para honrar a los desaparecidos.
“No tenemos nada que festejar. Ya no hay días felices desde que perdimos a nuestros hijos”.
Para Ceci, el dolor no desaparece, pero las madres siguen adelante porque saben que son la única esperanza de encontrar a sus familiares.
“Las familias somos la única esperanza de que nuestros hijos vuelvan a casa”, afirma.
La activista insiste en que el miedo no puede paralizarlas.
“Que no nos amedrenten, que no nos intimiden”, pide a otras madres.
???? 10 DE MAYO… NADA QUE CELEBRAR ????
— Ceci Flores 6623415616 (@CeciPatriciaF) May 9, 2026
Otro 10 de mayo sin ti, hijo.
Mientras muchas madres abrazan a sus hijos, yo sigo abrazando tu recuerdo y esperando el día en que pueda volver a verte.
Alejandro Gpe. Islas Flores desapareció en Los Mochis, Sinaloa, el 30 de octubre del… pic.twitter.com/rWjrlyb983
Las víctimas invisibles
En tanto, Ceci Flores pidió no olvidar a los hijos de las personas desaparecidas, a quienes definió como “las víctimas invisibles”.
La activista lamentó que el sufrimiento de niñas y niños quede relegado tanto por las autoridades como por la sociedad, pese a las profundas consecuencias emocionales y sociales que enfrentan tras la desaparición de sus padres.
“Los niños son la orfandad, son las víctimas invisibles para autoridades y sociedad. Nadie los busca, nadie se fija en ellos, nadie les da la visibilidad que necesitan”, expresó.
Flores confesó que una de sus mayores preocupaciones son precisamente los menores que crecen en medio del dolor y la incertidumbre.
“Son los que tienen más sufrimiento, más preguntas, menos respuestas y menos apoyo”, dijo.
Recordó que su propio hijo dejó cuatro hijos pequeños, una experiencia que le permitió dimensionar el impacto que las desapariciones tienen sobre toda una generación de niñas y niños que viven marcados por la ausencia.
“Es un dolor que no solamente sufren ellos, sino otros miles de niños en nuestro país, que son ignorados por la misma familia, por autoridades y por la sociedad”, concluyó.
El primer 10 de mayo sin Diego
Verónica relata que, cuando comenzó a buscar a su hijo, se encontraba completamente sola y desorientada. Fue entonces cuando conoció a Ana Enamorado, madre migrante cuyo hijo desapareció en tránsito hacia Estados Unidos.
“Ana me mandó el cartel de la marcha del 10 de mayo. Yo no entendía qué iba a hacer ahí. Fui y fue horrible, porque desperté a una realidad muy dura: había muchísimas mamás con fotos de sus hijos e hijas desaparecidos”, recuerda.
Aquella experiencia cambió por completo su percepción del problema. Lo que en un inicio veía como una tragedia personal, pronto entendió que era una crisis nacional.
“Ahí comprendí que no solamente era Diego. Eran miles de madres en todo el país viviendo lo mismo”, señala.
Desde entonces, cada 10 de mayo se prepara para marchar junto a otros colectivos en la llamada Marcha por la Dignidad Nacional de Madres Buscando a sus Hijos, Hijas, Verdad y Justicia.
Verónica cuenta que Diego, su único hijo, desapareció cuando tenía apenas 16 años. Recuerda las cartas, las flores y los pequeños regalos que él le daba con sus ahorros cada Día de las Madres.
“Me realicé como mamá con Diego. De pronto todo eso me lo arrebatan y me quedo preguntándome qué hago con todo este amor”, dice.
El dolor de esta fecha no desaparece, pero la marcha y la organización colectiva le han dado un nuevo significado al 10 de mayo.
“La marcha le da sentido al día. No como yo quisiera, pero así he sobrevivido estos diez años”, afirma.
Incluso durante la pandemia, las madres buscadoras mantuvieron sus actividades de denuncia mediante videos y mensajes difundidos en redes sociales.
“Ni en pandemia nos callamos”, enfatiza.
Reclamos a las autoridades: “Nos dejan solos”
Verónica también lanzó fuertes críticas hacia las autoridades por la falta de apoyo en las búsquedas.
Relató que recientemente realizó jornadas de búsqueda en el Río de los Remedios y nuevamente enfrentaron carencias de equipo, personal y herramientas.
“No había máquinas, no había trajes de protección, no había personal suficiente. Parece que para otras cosas sí hay presupuesto, pero para buscar desaparecidos no”, denuncia.
La activista considera que existe un grave desinterés institucional y acusa que las desapariciones han dejado de ser prioridad para el Estado.
“Siento que las autoridades ya se están deshumanizando. No entiendo cómo no quieren encontrarles si las instituciones fueron creadas para eso”, afirma.
“Que el amor siga siendo nuestra fuerza”
Por último, Verónica envió un mensaje a las madres buscadoras de todo el país, a quienes llamó a no rendirse pese al dolor.
“Seguimos siendo mamás de una forma que nunca pensamos vivir. Pero que el amor, la esperanza y la fe sean nuestra fuerza para seguir resistiendo y buscando hasta encontrarles”, concluye.

LG