En los próximos meses, antes de junio de este año, el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) tiene el reto de definir cómo identificar si una persona es afromexicana o no, pues para las próximas elecciones en la capital, los partidos políticos deberán garantizar candidaturas específicas para integrantes de esa comunidad.
La tarea debe ser precisa para que nadie intente usurpar identidades y pretenda ocupar espacios políticos garantizados para ese grupo de población, mediante una nueva “acción afirmativa”, que es un mecanismo para incluir a comunidades que históricamente han sido ignoradas.
Para ello, el IECM ya realizó, durante 2025, una consulta entre algunos miembros de la comunidad afromexicana para preguntarles cómo consideran que se debe identificar a quienes podrán representarlos en el Congreso local o en las concejalías de las alcaldías capitalinas.
La consejera Cecilia Hernández está a cargo de estos trabajos, que fueron ordenados por sentencia de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y del Tribunal Electoral de la Ciudad de México, como resultado de quejas presentadas en años anteriores, y explica que todavía no se ha llegado a un consenso sobre la mejor manera de identificarlos.
“Tenemos que generar una regulación que garantice que los partidos políticos no inscriban a una persona que no es reconocida por las personas afrodescendientes. Es muy difícil”, explica en entrevista con MILENIO.
“Nos enfrentamos a una cuestión muy interesante porque el meollo del asunto tiene que ver con la autoadscripción simple y la autoadscripción calificada”, dice la consejera.
“Para el caso de las comunidades en los pueblos y comunidades indígenas, resulta relativamente fácil (identificarlos) porque están en una organización, se basan en espacios geográficamente definidos y tienen asambleas, tienen autoridades tradicionales que pueden otorgarles algún documento que avale que esas personas forman parte”, expone Hernández.
Sin embargo, declararon que en el caso de las personas afrodescendientes no es así, no necesariamente cuando una persona se autoadscribe como afrodescendiente tiene que estar en una organización de la sociedad civil o en algún tipo de organización con autoridades tradicionales.
“Entonces, es muy complicado porque tendríamos o tenemos que pedirles algún documento que avale que forman parte de la comunidad. Esa es la esencia de la consulta: cómo acreditar realmente que las personas forman parte de la comunidad y evitar la usurpación”, comenta.
Según las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la Ciudad de México viven 186 mil 914 personas que se identifican como afromexicanas, lo que equivale al 2 por ciento de la población capitalina.
“La Ciudad de México y el Estado de México tienen una gran población afromexicana que evidentemente puede o no decir que pertenece a un pueblo o comunidad afromexicana, porque las conformaciones territoriales son distintas”, asegura Briana Gálvez, activista de la organización Racismo MX.
Prueba científica o participación en comunidad
El debate es arduo. Las diferencias de opiniones se dan incluso entre integrantes de esa comunidad.
Hay quienes, como Francisco Mariano Pérez, director del Centro de Estudios de las Culturas Africanas, consideran que una prueba genética puede ayudar a determinar si una persona es de origen afromexicano y descartar a las que no.
Él es afrodescendiente. Su madre era de Guerrero. Tiene costumbres y tradiciones de los pueblos afro de esa entidad, como la Danza de los Diablos. Y sostiene la idea de que lo afro puede determinarse científicamente.
“Si nos vamos por el lado científico… que muchos no están de acuerdo con ello, pero en la actualidad hay tantos adelantos genéticos que con una simple prueba puedes saber cuántos genes afro tienes. Y si no los tienes, no puedes decir que eres afro”, afirma.
“Una buena prueba y, ahora sí, ahí no hay de que no eres afro. Y eso es a lo que le tienen miedo todos, a la prueba”, asegura Pérez en entrevista con MILENIO.
El investigador considera que la identidad afromexicana se puede definir por la fisonomía, como el color de piel, y los valores culturales de las personas.
“Hoy le llaman bullying, le llaman discriminación, racismo, pero antes nos hacían llorar y los maestros no decían nada. Y en ese instante te das cuenta que eres afro. O como cuando te dicen ‘¿por qué no rezas esto?’ Si mis familiares, mis padres y mis abuelos, tenían a una divinidad distinta, ¿por qué voy a pensar igual que tú? En ese momento me doy cuenta de que soy afro”, explica.
Por otra parte, está la postura de activistas como Briana Gálvez, de Racismo MX, también descendiente de mujeres afro, de Veracruz, que afirma que lo genético no es determinante para identificar a alguien como integrante de ese sector, sino que debería tomarse en cuenta la participación comunitaria.
“Yo no puedo pensar todavía en una respuesta concreta para decir ‘esto es lo que debería pasar o así es como podemos comprobarlo’. Pero sí creo que podemos darnos cuenta qué no debe pasar y qué no debe ser el proceso por el cual identificar quién es o no afrodescendiente. Entonces, por el fenotipo (la apariencia) ni al caso; por cuestiones de ADN o genéticas mucho menos. Se ha comprobado que no es real, no hay diferencias genéticas entre una raza y otra, porque las razas biológicamente no existen, entonces, eso sería un desacierto”, asegura en entrevista por separado.
Aunque celebra la acción afirmativa que está por crearse porque “la estructura de negación de lo afro en México es profunda y es necesario que las instituciones tomen parte justamente de estas reparaciones históricas”, considera que el reto es complicado y deben afinarse los mecanismos de identificación.
“No queremos o al menos yo no pensaría en un mecanismo punitivo para decirte si eres o no eres, como tal vez decirte ‘ven, vete en el espejo’ y que cinco expertos en la afrodescendencia te digan si pareces o no afro; esas son cosas que evidentemente no funcionan y que no serían tampoco efectivas”, opina.
Para ella, el mecanismo que podría ser más efectivo sería el de la validación comunitaria, es decir, el reconocimiento dentro de las comunidades, más que las validaciones de las autoridades electorales.
“Que se hagan asambleas y que, a partir de estos procesos, vayamos identificando a nuestras candidatas y nuestros candidatos que, además, sepamos que van a llevar las afrodescendencias a su cargo, porque una cosa es que entren por la acción afirmativa de personas afrodescendientes y otra cosa muy diferente es que lleven esa bandera con orgullo una vez que se encuentran en ese lugar”, expone la activista.
Acabar con el racismo, la coincidencia
En lo que ambas visiones coinciden es que quien logre ocupar espacios vía las acciones afirmativas por la vía electoral deben impulsar el combate institucional al racismo.
Gálvez afirma que todos los esfuerzos deben encaminarse hacia la vida en dignidad de las personas afromexicanas, tomando en cuenta sus diferentes realidades.
“Que termine el racismo. Que se nombre, para después terminar con él”, dice.
“Este país en general tiende a vernos a los pueblos afrodescendientes y a los pueblos indígenas como un monolito, como si fuéramos una sola cosa y como que a todos nos pueden atender igual y todos nos vamos a sentir muy felices con lo que sea que pase, pero pues la verdad es que no es así; las necesidades son territorialmente contextualizadas, o sea, las necesidades de las personas afrodescendientes en la costa son diferentes a las necesidades de las personas afrodescendientes en Morelos y son diferentes a las de las personas afrodescendientes aquí en la ciudad”, asegura la activista.
Mariano Pérez considera que parte de la agenda que deben impulsar quienes lleguen a cargos públicos con la acción afirmativa es la educación y el respeto.
“Tenemos diputados, tenemos senadores, que a lo mejor hacen iniciativas, pero las hacen en general, no pueden decir que lo hacen para la comunidad, porque si lo hicieran para la comunidad, hay mucho trabajo en lo que es la educación… No nos ayudan contra la dichosa pigmentocracia, esa desigualdad (que se vive) cuando llegas a pedir un trabajo y se lo dan al güerito, no se lo dan al prieto, aunque tú tengas un montón de títulos. Entonces, ¿dónde están trabajando esos legisladores? ¿Por qué no hacen una ley que impida eso?”, expresa.
HCM