Política

Endulzan enero con el sabor de la rosca artesanal

San Rafael Comac. Con precisión y cariño, la familia Cuautle preparó el pan tradicional, y algunas con rellenos diferentes

En San Rafael Comac, cada año, desde el 31 de diciembre, la panadería San Juditas se llena de aroma a masa recién horneada, mantequilla y azúcar caramelizada. Allí, la familia Cuautle se preparó para una de las celebraciones más esperadas del año: la llegada del 6 de enero, cuando la Rosca de Reyes se convierte en la protagonista de los hogares.

Filiberto Cuautle, maestro panadero con más de 30 años de experiencia, abrió las puertas de su panadería para mostrar cómo se elabora cada rosca.

“Empezamos a trabajar desde el último día del año, preparando tanto la rosca tradicional como la rellena de crema, pasas y nuez. Elaboramos alrededor de 200 piezas, con precios que van desde 170 pesos la mediana tradicional, hasta 600 la rosca rellena completa”, explicó en entrevista para MILENIO Puebla.

Pero la elaboración de la rosca no es solo una cuestión de números y precios. Es un ritual familiar, un proceso que combina paciencia, precisión y cariño.

Cada carrito que sale de la panadería, con 36 charolas de masa, tarda entre hora y media y dos horas. La preparación comienza desde la masa: se forman las porciones, se colocan los muñecos, se unta mantequilla, se agregan ate y cerezas, y finalmente, cada rosca recibe su punto final en el horno. Para los Cuautle, cada rosca es un monumento que celebra la llegada del niño Jesús y el compartir con la comunidad.

La tradición no es solo de Filiberto. Toda la familia participa: primos, cuñados, hermanos y sobrinos se suman a esta labor artesanal que lleva más de 30 años.

“Aprendimos a hacer pan en las panaderías de San Rafael Comac desde el año 2000. Llevo 30 años elaborando pan dulce y tortas”, dice Filiberto, con la emoción de quien ha visto crecer esta tradición a lo largo de los años.

La pasión por la panadería se transmite de generación en generación. Lizeth Cuautle de Campo, integrante clave, recuerda cómo desde joven trabajó junto a su esposo y sus hijos, quienes hoy, con 19 y 17 años, también venden las roscas que han aprendido a elaborar desde la infancia.

“Es un trabajo muy bonito, un gusto enorme. Algunos colocan al niño Dios, otros las cerezas, cada detalle es una emoción”, dijo.

En la panadería San Juditas, lo artesanal es un principio sagrado: cada huevo, cada mantequilla y cada relleno son cuidadosamente seleccionados, y se usan ingredientes locales siempre que es posible. Entre las opciones más demandadas se encuentran la tradicional y la rellena, pero también hay roscas con cremas de avellana, zarzamora y queso, que muestran la creatividad de la familia y su amor por el buen pan.

“No queremos que se vayan satisfechos solo la primera vez, sino que regresen, porque cada paladar es distinto y hay que conocer”, expresó Filiberto.

Así, entre harina, mantequilla y sonrisas, los Cuautle no solo hornean roscas, sino también recuerdos y vínculos que cada enero llegan a los hogares de quienes comparten esta tradición. La Rosca de Reyes no es solo un postre: es la esencia de la familia, el amor por su oficio y la celebración de una comunidad que, año tras año, se reúne para disfrutar de este delicioso legado artesanal.


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Nancy Camacho
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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