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Martes , 21.05.2019 / 09:58 Hoy

El Estado contra el ‘Subcomandante’ (Primera parte)

Historia

Traición a la patria, terrorismo, sedición y rebelión fueron las acusaciones del gobierno de Zedillo al líder del EZLN, según el expediente obtenido por MILENO, donde se evidencian fabricaciones, conspiraciones, infiltraciones y otras intrigas.
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Al calor de los años ochenta, cuando México se alistaba para instaurar el modelo económico neoliberal que recorría una parte del mundo, a la par que el presidente Carlos Salinas de Gortari y su equipo cabildeaban en las altas esferas de Washington y

Ottawa a favor del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, activistas, catequistas y guerrilleros lo hacían en contra del mismo en decenas de comunidades lejanas de la Selva Lacandona de Chiapas, entre otras formas, usando comics en los que se afirmaba que los países más ricos del planeta -Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y Japón- se habían unido para dominar al mundo.

-Fíjate, los 7 países están en el Norte y la mayoría de los países pobres quedan al Sur-decía uno de los personajes de la historieta clandestina titulada “¡Ay, qué mundo este!”.

-Ahora el problema no es entre Este y Oeste, sino entre Norte y Sur- contestaba otro personaje del panfleto repartido en una de las regiones más pobres de México habitada por miles de indígenas descendientes de los mayas.

-¿Qué sucede entre Norte y Sur?

-Los pobres no tienen participación. Son los mirones de lo que otros deciden, hacen y disfrutan. Los ricos concentran la riqueza, el poder y disfrutan de los bienes. No dejan que los pobres se desarrollen.

Al margen del diálogo, se resaltaba la siguiente consigna: “LOS POBRES NUNCA DISFRUTARÁN DE LOS BENEFICIOS DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO-TLC”.

“¿Qué hacemos los pobres?”

Para el 1 de enero de 1994, fecha de entrada en vigor del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá (que actualmente está en proceso de renovación), miles de los indígenas que se alzaron en armas, ya habían reflexionado y discutido antes en torno a datos como estos: “-América Latina tiene 140 millones de personas en extrema pobreza- Muere un millón de niños al año antes de cumplir su primer año -Hay un soldado para cada 250 personas y un médico para cada 2 mil 700 personas -Mientras que para mantener y preparar un soldado se gastan 31 mil dólares, para educar un niño se gastan 520 dólares -Al año mueren 15 millones de niños por faltarles lo necesario para vivir…”.

Estos folletos de propaganda atribuidos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se pueden conocer ahora de manera oficial ya que forman parte de la Causa Penal 18/1995 del Juzgado Primero de Distrito de Chiapas, la cual se inició en el arranque del gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León en contra del líder del grupo guerrillero, entonces llamado Subcomandante Marcos (ahora Galeano), así como de otros miembros de la organización armada.

Traición a la patria, terrorismo, sedición, motín, conspiración y rebelión son algunos de los delitos por los que acusó al Subcomandante la Procuraduría General de la República -en ese momento por primera vez a cargo del PAN, a través de Antonio Lozano Gracia- según se registra en el expediente judicial, ya sobreseído y obtenido mediante una solicitud de acceso a la información. 

Fabricaciones, traiciones, solidaridades, infiltraciones y otras intrigas de diversos personajes del México actual también quedan en evidencia en la documentación integrada en 10 mil hojas divididas en 7 tomos.

El expediente muestra el precipitado proceder de la instancia judicial antes del 9 de febrero de 1995, fecha en la que el gobierno de Zedillo lanzó de manera sorpresiva una ofensiva también militar, política y mediática en contra de los zapatistas, cancelando la negociación que sostenía el entonces secretario de Gobernación (hoy de Educación Pública), Esteban Moctezuma Barragán, así como la tregua que había establecido el gobierno de Salinas de Gortari con el grupo. También están contenidos algunos testimonios, documentos e imágenes que fueron filtrados en su momento por los órganos del poder para la escritura de libros, trabajos académicos y columnas periodísticas en contra del EZLN.

Después de varias páginas de adoctrinamiento, el cómic “¡Ay, qué mundo este!”, concluye con la pregunta: “¿Qué hacemos los pobres?”.

Judiciales zapatistas 

Entre los argumentos legales que usó la PGR para justificar la orden de aprehensión emitida el 9 de febrero de 1995 en contra del Subcomandante, se encuentran una serie de reportes y fotografías tomadas por los agentes Manuel Alfonso Canseco Rojano y Miguel Ángel López Bohorquez, quienes se hicieron pasar como simpatizantes de la organización para acudir a algunos eventos, como por ejemplo la Primera Convención Nacional Democrática celebrada por el grupo en agosto de 1994 en el poblado de Guadalupe Tepeyac.

“Los compañeros de la Policía Judicial Federal -se lee en uno de los reportes- lograron infiltrarse a esta misma convención después de pasar una serie de filtros puestos por los mismos militantes del EZLN desde la salida de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas hasta el Ejido Aguascalientes”.

También abundan descripciones detalladas del armamento que portaban cada uno de los dirigentes zapatistas. Por ejemplo, está una del Comandante Felipe, figura emblemática en aquellos años, al ser quien leyó la Declaración de Guerra en contra del gobierno mexicano, durante la toma de San Cristóbal de las Casas. En su reporte, los policías comentan que cuando encontraron al insurgente zapatista “vestía una carrillera con cartuchos para escopeta de color rojo; al frente, cruzadas sobre el pecho, dos carrilleras más sobre los hombros con cartuchos útiles; una pistola tipo revolver la cual llevaba en la fornitura de color verde, a la altura de la cintura del lado derecho, así como en la mano izquierda portaba una escopeta recortada, la cual depositó sobre la mesa”.

Los pasamontañas de los zapatistas también son mencionados una y otra vez por los agentes, así como otros detalles de sus atuendos: 

“(Comandante Felipe) lleva dos relojes de color negro uno en cada pulso de la mano, vestía una camisola de color café, un pantalón de color verde, un paliacate de color rojo amarrado al cuello, tenía el rostro cubierto por una tela de color negra tipo pasamontañas, una gorra de color beige ruída (rasgada) con tres estrellas al frente”.

Una serie de fotografías de varios miembros del grupo fueron tomadas por los agentes infiltrados, quienes las entregaron para la causa penal como pruebas de portación de armas prohibidas, otro de la casi docena de delitos que se les adjudicaron a los rebeldes. Así mismo se incluyen reportajes de la revista Proceso, el documental Viaje al Centro de la Selva, producido por Epigmenio Ibarra y otras notas periodísticas locales, en las cuales se hace énfasis de la supuesta alianza de los zapatistas con la Diócesis de San Cristóbal de las Casas que encabezaba el Obispo Samuel Ruiz, quien fungió como mediador de paz, aunque en el expediente se le señala de manera directa como uno de los líderes de la insurrección. “Monjas, curas y catequistas con los zapatistas. Promovieron las ideas de la lucha armada”, se titula una de las notas del expediente.

Armas benditas

Además de las notas periodísticas, en el expediente se registran una serie de declaraciones de supuestos militantes zapatistas que aseguran que el Obispo Ruiz García era uno de los líderes del movimiento. Buena parte de estas testimoniales fueron integradas el 8 de febrero de 1995, apenas un día antes de que el gobierno de Zedillo cancelara el diálogo e iniciara lo que se conoció en su momento como “La Traición de Febrero”.

“El declarante -dice uno de los testimoniales- pertenece al grupo rebelde denominado EZLN desde el año de 1986 y que dicho movimiento fue iniciado por el Obispo de la Iglesia Católica con residencia en el poblado de San Cristóbal de las Casas, de nombre Samuel Ruiz García, así como el padre de la iglesia católica que se encuentra en la población de Morelia en donde celebran misas en las que inducían tanto al de la voz como a los demás miembros de la comunidad para que se unieran al grupo antes mencionado y fueran preparados en el manejo de armas de fuego de las más sofisticadas hasta las más sencillas, así como en el arte de la defensa personal, llevándolos a la selva para darles la instrucción antes mencionada, que esto lo hacían cada quince días siempre y cuando el declarante tenía tiempo”.

Otro testimonio afirma que “en 1987 se presentó Obispo Samuel Ruiz y nos dijo: Miren, hermanos, ahorita todos ustedes están totalmente preparados y no vayan a decir que nosotros los preparamos. Van a decir que ustedes mismos se prepararon como campesinos y nosotros vamos a tratar de retirar a los sacerdotes, a los maristas y únicamente se van a quedar los catequistas y vamos a nombrar a un campesino para que se prepare y venga a celebrar las misas, matrimonios y bautizos y por nombre vamos a ponerle Pltanum, se dice Coltanum, o sea un indígena preparado”.

El sacerdote Jorge Trejo también es mencionado en la causa penal. “En las misas les dice [el padre Trejo] a los fieles, frases como: “Dios no quiere ayudar a los campesinos si no se levantan en armas”; y “El rico nos está chingando más junto con el gobierno, por lo que métanse a pelear y vayan a entrenar”.

También se afirma que el Obispo Ruiz, “después de las misas, aconsejaba a la población que vendiera su ganado por que había necesidad de comprar armas puesto que los ricos los tenían aplastados”. 

En específico se relata que en el Ejido Guadalupe Victoria, el líder religioso hizo una misa para bendecir las armas (escopetas calibre .16) que acababan de comprar los ejidatarios después de vender su ganado. 

“Inclusive en la pared de la iglesia colocaron una pantalla con una manta y ahí proyectaban películas que referían la organización y disciplina militares”.

Guatemaltecos, salvadoreños, despojos...

El intento de vincular a los zapatistas con las guerrillas de Guatemala y El Salvador que existían en los ochenta, es otro de los elementos presentes en la causa penal. 

“Se enteró que [el Subcomandante] pertenece a la guerrilla que opera en Guatemala y que además es de nacionalidad guatemalteca; que el declarante tiene conocimiento que esta persona vivía en la ranchería denominada Ibarra dentro de la selva y que además el declarante ingresó a dicho Ejército Zapatista por gusto y convicción, toda vez que desde las pláticas y misas que les daba el Obispo y las otras personas que intervinieron les hacían saber la conveniencia de integrar dicho ejército ya que le indicaban que iban a contar con mejores tierras, dinero, vestido, atenciones médicas y un sinfín de beneficios para sus familias que principalmente los convencían por medio de la religión”.

También hay un amplio apartado en el que se recaban testimoniales sobre los policías y soldados caídos durante los enfrentamientos de los primeros días de enero de 1994, así como imágenes de ranchos y comunidades invadidas por los zapatistas durante la revuelta. Todas estas pruebas son aportadas por miembros de la Unión Ganadera Regional de Chiapas, un organismo vinculado al PRI que gobernó el estado durante la mayor parte del siglo pasado.

Pero de todas las evidencias del expediente, hay una que fue central para la PGR: el testimonio de un hombre que por entonces tenía 34 años, era originario de Santiago Tangamandapio, Michoacán, y laboraba como diseñador gráfico en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco cuando se enlistó en 1978 a las Fuerzas de Liberación de Nacional primero y luego al EZLN en Chiapas, donde tenía también el cargo de Subcomandante y el nombre clandestino de Daniel, aunque era apodado El Azabache por sus compañeros.

Fue Salvador Morales, el otro subcomandante poco conocido del EZLN, quien luego de desertar de la organización en el transcurso de 1994, ayudó al gobierno de Zedillo y a la procuraduría de Lozano Gracia a señalar que detrás del pasamontañas del Subcomandante Marcos (ahora Galeano) estaba su antiguo amigo y compañero: Rafael Sebastián Guillén Vicente.

(Continuará…)

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