Política
  • De las bardas a los memes: ¿por qué la propaganda política ya no conecta con la Gen Z?

  • Mientras la propaganda electoral sigue tapizando muros, puentes y avenidas, muchos jóvenes ya no la miran. Para la Gen Z, la política circula a través de los memes.
La propaganda política se entromete como virus en la ciudad. | Octavio Hoyos

DOMINGA.–  La Ciudad de México habla desde sus muros. En los rótulos hay ingenio y oficio; en el ‘graffiti’, una manera de luchar por el espacio. Todo eso se mezcla y se vuelve la carta de presentación. Un día cualquiera aparece un enemigo. Una lona amarrada a un puente. Una barda todavía oliendo a pintura.

Aparece en el trayecto diario, cuando cruzas la calle, cuando levantas la vista y no ves el cielo. La propaganda política se entromete como virus, se impone y borra lo que había antes.

En su camino a la universidad, Martha cruza todos los días frente a muros intervenidos. Es territorio invadido. Los restos de las campañas electorales de 2024 sobreviven aún con pintura descascarada. A veces se alcanza a leer una palabra vieja, una promesa que nadie cumplió

“Es como si la ciudad nunca se limpiara”, dice a MILENIO.

Tiene 20 años y no recuerda un solo periodo sin propaganda política. Para ella ya es parte del paisaje permanente de la urbe. En la esquina de su casa, en la alcaldía Benito Juárez, hay un muro con el rostro de Santiago Taboada. Lo reconoce sin saber bien de dónde. No ubica una propuesta ni un discurso, pero sabe que es alguien importante porque ocupa mucho espacio

Es así como funciona la propaganda: quien ocupe más tiene más jerarquía.

Diego recuerda la última campaña electoral con desprecio

“Toda la colonia estaba tapizada de lonas de Lía Limón”. 

Tiene 22 años, vive en la alcaldía Álvaro Obregón y dice que ya ha aprendido a ignorarla. 

“Ninguna llama la atención. Se me hace una falta de creatividad del equipo de marketing. Todos se ven iguales: tienen la misma tipografía y mensajes muy parecidos; lo único que cambia son los colores, según el partido”, explica.

Los jóvenes de la Gen Z miran cada vez con más desencanto la propaganda física que deja a su paso las contiendas electorales. Se preguntan si, para los próximos comicios, en el año 2027, se las ingeniarán para buscar nuevas formas de presentarse al joven electorado y acercarles sus propuestas; quizás la respuesta está en el mundo digital.

Quizás no haga falta una gran fotografía colgada de un puente o un eslogan atractivo cubriendo un muro. Quizás la respuesta esté en los memes y el lenguaje del internet.

La propaganda política física deja a su paso residuos que se perciben como permanentes
La propaganda política física deja a su paso residuos que se perciben como permanentes. | Octavio Hoyos

Contaminación visual y física de la propaganda política

La propaganda política no solo ocupa paredes. Se trepa a puentes, se estira sobre avenidas, bloquea vistas, tapa ventanas. La contaminación visual se acumula sin consecuencias para quien la produce. La ciudad se vuelve un pasillo de anuncios donde nadie pide mirar, pero todos están obligados a hacerlo. 

Luego está lo otro: el plástico. Las lonas están diseñadas para resistir la lluvia, el sol, el polvo y el abandono. Cuando acaba la campaña, no desaparecen. Se rompen y se arrastran con el viento, terminan en la calle bloqueando coladeras. Desafortunadamente, la basura electoral no se recoge con la misma disciplina con la que se multiplica.

Alonso tiene 23 años y opina que odia la política. Dice que la propaganda no solo estorba, también abre un pleito absurdo entre la gente y la política

“Siempre hay un buen en cada esquina”, dice. 

“La gente dice ‘vamos a quitarlos’, los quitan, pero igual se genera desperdicio”. Para él no hay diferencia entre una lona colgada y una lona tirada en el suelo. El daño ya está hecho. No ve que haya un sistema claro para reciclarlas, ni una lógica detrás de toda la basura generada. 

“Eventualmente los quitan y los dejan ahí. Es lo mismo”.

Alonso no se imagina cuánto dinero se gasta en todo eso. Por eso algo le llamó la atención en esta temporada. 

“Me cayó bien el tipo este… ¿cómo se llama? El del partido naranja”, dice refiriéndose a Jorge Álvarez Maynéz, de Movimiento Ciudadano. 

No porque coincidiera con sus ideas, sino porque fue el único que no tenía propaganda colgada por todos lados

“En cambio, del Partido Acción Nacional (PAN) o del Revolucionario Institucional (PRI), no sé de quién era, pero en cada puestecito había uno”.

Para Bruno, estudiante de la carrera de Administración de Empresas, el problema es presupuestario. Dice que cada lona que cuelga, cada espectacular que aparece de la nada, le recuerda que ahí hay dinero público gastándose sin vergüenza

“Es un desperdicio”, dice. “Y además nadie habla de quién imprime todo eso”. 

Los contratos para imprimir propaganda, para diseñar anuncios, se repiten elección tras elección. 

“Es una mafia”, insiste. “Y es una locura. Siempre ganan los mismos”.

Cuando se les pregunta por propuestas, la conversación se va por otro lado. No es que no les importe la política, es que los mensajes de propaganda se parecen tanto entre sí que se vuelven reemplazables. Podrían venir de cualquiera. 

“No sabría decirte qué propone cada quien”, dice Pablo, estudiante universitario de 20 años. 
Lo único claro es quién aparece más”.

Jóvenes señalan que con la propaganda notan que  "hay dinero público gastándose sin vergüenza
Jóvenes señalan que con la propaganda notan que "hay dinero público gastándose sin vergüenza". | Octavio Hoyos

La política sí conecta a través de los memes de internet

En cambio, la atención sí se enfoca en otros espacios. La política circula cuando se filtra en memes, en redes sociales. 

Martha dice que ahí sí se detiene porque se siente menos forzado. “Ahí la gente habla como habla”, dice. Sin frases ensayadas, sin poses de campaña. La propaganda tradicional llega tarde y, cuando llega, suena falsa.

Muchos jóvenes ven con desconfianza a quien parece demasiado producido o demasiado consciente de que quiere caer bien. La idea de lo “orgánico” surge varias veces para algo que no se siente impuesto. La creatividad importa más que el tamaño de la lona.

Cuando alguien menciona a Claudia Sheinbaum, lo hace porque su imagen es imposible de esquivar. El reconocimiento funciona para existir, pero no necesariamente para conectar. La propaganda tradicional solamente demuestra quién tiene los recursos para llenar la ciudad y sostener esa presencia durante meses. Es una muestra de fuerza más que un intento de comunicación.

La nota de DOMINGA que puso a discusión los objetos hechos con propaganda reciclada de Mizael Perea, que incluso se presentó en Salón Acme durante la Semana del Arte, muestra lo que pasa después, cuando la lona deja de servir para lo que fue pensada y se convierte en residuo resignificado

Pero antes de transformarse en bolso, la propaganda ya hizo su recorrido completo. Ya saturó el paisaje y se impuso sobre muros que antes decían otras cosas.

Cuando se les pregunta a los jóvenes cómo imaginarían una campaña distinta, nadie habla de algo espectacular. Hablan de menos invasión y más creatividad

“No necesito que me bombardeen”, dice Diego. “Necesito que no se sienta falso”.

La Ciudad de México seguirá hablando desde sus paredes. Eso no va a cambiar. La pregunta es si la propaganda política va a seguir ocupando todo el espacio o si algún día va a entender que estar en todos lados no es lo mismo que ser escuchada.

MD

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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