Cada 8 de marzo, el color morado tiñe el paisaje, las calles y los espacios públicos de la Ciudad de México, donde miles de mujeres marchan para exigir sus derechos.
La movilización de este 2026 se transformó —como cada año— en un espacio de resistencia, memoria e indignación. Desde temprano, las principales avenidas de la capital se pintaron de verde y morado. Algunas mujeres portaban estos colores en pañuelos, ropa y accesorios.
En otros casos, las tonalidades se reflejaban en pancartas en las que se plasmaron fotografías de hijas, amigas, hermanas y madres cuyo paradero sigue siendo una incógnita o cuyas vidas terminaron en feminicidio, aunque muchos casos no se investiguen como tal.
el datoAsesinatos de mujeres en México
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante 2025 en México se registraron 2 mil 798 asesinatos de mujeres, de los cuales 725 se investigan como feminicidios y 2 mil 73 como homicidios dolosos.
Una marcha, una sola voz: el color del 8M
“Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”, se escuchaba en un contingente reunido a un costado de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, donde las asistentes coreaban al unísono consignas impulsadas por diversas causas.
Por ejemplo, desde el gremio cinematográfico se alzaron voces que exigían: “Fuera acosador del set y del monitor”, al tiempo que reclamaban dignidad laboral y el fin del acoso y el abuso persistente en la industria.
La movilización del 8M tiene raíces históricas. Si bien las protestas de mujeres existen desde el siglo XIX, fue en 1975 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instauró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en recuerdo de las movilizaciones obreras que marcaron la lucha por los derechos laborales y sociales de las mujeres.
Mujeres marchan por diferentes causas, pero todas unidas
Aunque el feminicidio es uno de los delitos que más convoca a las manifestantes, también existen otras problemáticas que impulsan la protesta. La violencia no sólo se manifiesta a través de golpes o agresiones físicas, sino también mediante acciones psicológicas, emocionales y de control que buscan dañar a la víctima.
Por ello, ondeando colores morados y anaranjados, a la marcha también acudió la colectiva Madres Exigiendo Justicia Contra la Violencia Vicaria (MEJCLVV), que denunció una forma de abuso en la que el agresor utiliza a los hijos e hijas para dominar a la mujer y causarle el mayor daño posible.
Los efectos de este tipo de violencia incluyen privar a la madre de la custodia e incluso provocar daños físicos o la muerte de los menores.
Al frente del contingente, una mujer sostenía un cartel en el que, junto a la fotografía de un niño, se leía:
“455 días separados. Mi pequeñito: no hay un día que no le pida a Dios volver a verte. Sé que me escuchará. Te amo por siempre. Mamá”.
Detrás de ella, varias mujeres la acompañaban con una pancarta en la que se leía:
“Violentar la vulnerabilidad de hijos y madres es un delito. ¡No más violencia vicaria!”
La concurrencia incluye cada vez más rangos de edad. Es común ver a adultas mayores y a niñas que no llegan ni a los 10 años conformando una multitud que refleja la realidad de un país donde el 70 por ciento de las mujeres mayores de 15 años ha sido víctima de algún tipo de violencia, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
“¿Dónde están?”, gritaba una lona en la que figuraban los rostros y nombres de personas desaparecidas, entre ellos Jeshua Cisneros Lechuga, Yesenia Carolina Hernández Guerrero y Mónica Denisse Rodríguez Castro.
Las sostenían madres que sufren la ausencia de sus hijos, cuya presencia en la marcha es otra muestra de la incansable lucha que mantienen para encontrarlos.
Además de rostros de violadores y abusadores, en la marcha también aparecieron las fotografías de hombres señalados como deudores alimentarios, quienes se niegan a cumplir con sus responsabilidades.
Junto a su nombre y domicilio, en algunos letreros se contabilizaba “una infancia” o “tres infancias en abandono”.
8M, un día de sororidad
Conforme avanzaba la movilización, la protesta se hizo visible de distintas maneras. Frases como “No fue mi culpa” y “Yo sí te creo” quedaron grabadas en las vallas de madera que resguardaban comercios y sucursales bancarias, las cuales optaron por cerrar sus puertas y suspender temporalmente sus servicios ante el paso de los contingentes.
La lucha de las veganas también se hizo presente
A la par irrumpió el sonido de una consigna que proclamaba: “Las hembras no humanas también son mis hermanas”. Sus banderas eran fotografías de animales —principalmente de la industria cárnica— como vacas, cerdos y gallinas.
“La revolución feminista ha de ser antiespecista”, gritaban en rechazo a la idea de que los intereses humanos valen más que los de los animales.
En entrevista, una joven —quien desde hace cinco años practica el veganismo— explicó que la dominación sobre estas especies y la ejercida contra las mujeres está relacionada, por ejemplo, en la explotación reproductiva o en la producción de huevos y leche.
Los contingentes llegaron con tambores y canciones hasta la plancha del Zócalo capitalino, llevando pancartas envueltas en tonos morados.
La marcha del 8M volvió a recordar que la lucha continúa y que la transformación comienza cuando las injusticias se visibilizan y se enfrentan.
RM