M+.- El nuevo negocio puede comenzar mucho antes: importar los componentes de la gasolina, pagar menos impuestos mediante declaraciones falsas, procesarlos en instalaciones clandestinas y terminar el producto para venderlo prácticamente al mismo precio que el combustible legal.
Ese es el modelo que, de acuerdo con un experto internacional en hidrocarburos consultado por MILENIO, podría estar detrás de las plantas clandestinas desmanteladas recientemente por la Fiscalía General de la República (FGR) en San Luis Potosí, Hidalgo y Morelos.
La lógica es sencilla y altamente rentable: mientras producir un litro de gasolina en una refinería puede costar entre seis y ocho pesos, el margen aumenta cuando las materias primas ingresan al país a un precio artificialmente bajo por la evasión o elusión de impuestos y después el combustible se comercializa a valores cercanos a los del mercado legal.
“Partiendo de una materia prima que pudo haber entrado pagando muchos menos impuestos, prácticamente viene a precio de origen. Eso le da rentabilidad al proceso posterior. Se ahorran impuestos en la importación y también en la venta al público; ahí está buena parte del negocio”, explicó el especialista.
La frase que mejor resume este nuevo esquema también es la más simple: “Importaron los ingredientes y aquí armaron la receta”.
Del robo de gasolina a fabricar el combustible
Durante años, el huachicol estuvo asociado principalmente con la extracción ilegal de combustibles de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex).
Pero el hallazgo de instalaciones con infraestructura industrial apunta, al menos en los casos investigados por las autoridades, hacia un modelo distinto: organizaciones que ya no dependen exclusivamente de robar gasolina terminada, sino que buscan controlar una parte de la cadena para transformar materias primas y obtener un producto susceptible de comercializarse como combustible.
Los cuatro centros de procesamiento asegurados por la FGR estaban distribuidos en tres estados: dos en San Luis Potosí, uno en Tizayuca, Hidalgo, y otro en Cuautla, Morelos.
Las autoridades localizaron líneas de producción, tanques industriales, cientos de miles de litros de hidrocarburos, sustancias químicas, maquinaria especializada, equipo de cómputo y documentación relacionada con las operaciones.
Los operativos fueron realizados con apoyo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Guardia Nacional y Pemex Logística.
En uno de los inmuebles de San Luis Potosí fueron asegurados ocho tanques con capacidad aproximada de 80 mil litros cada uno, ocho cilindros horizontales, seis verticales, 894 contenedores de mil litros, maquinaria industrial y entre 500 mil y 600 mil litros de petrolífero.
En un segundo predio fueron localizadas dos líneas de producción de hidrocarburos, 18 tanques verticales y alrededor de 40 mil litros de petróleo crudo y diésel.
En Tizayuca, Hidalgo, la FGR reportó el aseguramiento de 32 contenedores con capacidad para mil litros, otros 25 de cinco mil litros y 456 mil 300 litros de posible hidrocarburo o productos químicos.
En Cuautla fueron encontradas muestras de hidrocarburos, documentación y otros indicios relacionados con la operación del inmueble.
No son refinerías clandestinas
Aunque las imágenes de las instalaciones pueden hacer pensar en pequeñas refinerías, el experto consultado por MILENIO advierte que técnicamente no corresponden a ese tipo de complejos.
“Definitivamente no es una refinería. Una refinería son unas 20 o 30 unidades de proceso diferentes y produce diésel, turbosina, lubricantes, combustóleo, asfaltos y otros derivados”, explicó.
Lo observado, añadió, sería más parecido a una planta industrial que podría formar parte de una cadena de refinación, pero que por sí sola no tiene las características de una refinería completa.
La diferencia resulta fundamental para entender el posible negocio.
Estas instalaciones no tendrían que convertir petróleo crudo en gasolina desde cero. Podrían trabajar con productos que ya fueron sometidos a procesos de refinación.
“Probablemente lo que estaban procesando era un derivado del petróleo que ya había sido previamente refinado. Una materia prima muy común es la nafta, que es un producto intermedio antes de convertirse en gasolina. Es decir, aquí estarían trabajando con una fracción del petróleo ya procesada”, explicó.
La “receta” de la gasolina
Una de las operaciones que puede realizarse en instalaciones de este tipo es el "blending", un proceso mediante el cual se mezclan distintas corrientes de hidrocarburos con oxigenantes y aditivos para obtener un combustible que cumpla determinadas características.
En ese punto estaría una de las claves del modelo clandestino.
De acuerdo con el especialista, la nafta por sí sola no necesariamente tiene las características del combustible que llega al tanque de un automóvil.
“La nafta no se llama gasolina hasta que se le agrega un compuesto oxigenado. Una vez incorporado ese componente ya puede funcionar como combustible dentro del motor”, señaló.
Sin embargo, la calidad final depende de la tecnología utilizada.
Una simple mezcla de componentes puede producir un combustible de menor calidad, mientras que la elaboración de gasolinas de alto octanaje requiere procesos más sofisticados, como la reformación catalítica, que involucra reactores y unidades de procesamiento especializadas.
El especialista incluso advierte que el octanaje podría modificarse mediante la incorporación de determinadas cantidades de compuestos oxigenados, aunque eso no necesariamente significa obtener una gasolina con las mismas características que la producida bajo estándares industriales.
Aquí comienza el verdadero negocio
El procesamiento es sólo una parte de la ecuación. El mayor margen de ganancia, de acuerdo con el especialista, podría encontrarse antes de que la materia prima llegue a estas plantas.
Ahí aparece el llamado huachicol fiscal.
El esquema consiste, entre otras modalidades, en introducir al país combustibles o componentes mediante declaraciones que no corresponden con su verdadera naturaleza o valor, con el objetivo de reducir las obligaciones fiscales.
“Puede haber importado nafta u otros componentes declarando otra cosa. Si la materia prima entra muy barata porque se ahorraron impuestos, automáticamente el proceso posterior se vuelve altamente rentable”, explicó.
El modelo cambia por completo la lógica del huachicol tradicional.
“Antes el negocio era robar gasolina. Ahora pueden importar los ingredientes, fabricar el combustible y venderlo prácticamente al precio del mercado. Es un modelo mucho más rentable”, sostuvo.
En otras palabras, el negocio no necesariamente está en producir barato, sino en conseguir barata la materia prima, reducir los costos fiscales y vender caro el producto terminado.
Una actividad que requiere permisos
La legislación mexicana contempla la existencia de combustibles formulados y de procesos de mezcla, pero estas actividades están sujetas a permisos y al cumplimiento de especificaciones técnicas y de calidad.
Por ello, la presencia de líneas de producción, grandes tanques, sustancias químicas y volúmenes considerables de hidrocarburos en instalaciones presuntamente clandestinas adquiere una relevancia distinta a la del simple almacenamiento de combustible robado.
“Ya no estamos hablando solamente de vender combustible robado. Estamos hablando de fabricar combustible utilizando materias primas que pudieron haber ingresado irregularmente al país y terminar aquí el proceso para colocarlo en el mercado”, resumió el especialista.
El huachicol, en esta nueva modalidad, deja de ser solamente una historia de tubos perforados y pipas cargadas con combustible robado.
Puede convertirse en una cadena mucho más sofisticada: importar, evadir, procesar y vender.
Y mientras más cerca llegue esa cadena clandestina del mercado formal, más difícil resulta distinguir dónde termina el combustible legal y dónde comienza el negocio criminal.
