M+.- El mundo del narcotráfico no es como lo narran los corridos y un claro ejemplo de ello es la historia de la familia Torres Félix. Oriundo de Los Llanos en Cosalá, el clan familiar se convirtió durante la primera década de los 2000 en un referente del crimen organizado al sumarse a las filas del Cártel de Sinaloa, específicamente de la facción que durante décadas encabezó Ismael El Mayo Zambada.
Su ascenso en la organización delictiva no fue casualidad sino el resultado de las habilidades que demostraron tener para operaciones vinculadas al tráfico de drogas, así como a la lealtad que juraron al también llamado Señor del Sombrero y que, incluso, años más tarde terminó por convertirlos en parte de su familia política.
Para las generaciones que se fueron sumando a las filas de la organización delictiva, los también llamados JT y M1 son leyendas. Los hermanos encarnaron el falso estereotipo de lo que implica entrar al mundo del narcotráfico. Acorde a su época: caballos pura sangre, joyas, armas, fiestas y lo que ellos entendían por respeto. La realidad: una cruda violencia que no sólo se replicó sino que también se potenció y no da tregua, incluso en la actualidad.
Los orígenes de los Torres Félix
Si se tuviera que ubicar un lugar de origen al clan familiar de los Torres Félix, ese es el corredor de comunidades rurales que conforman Los Llanos en el municipio de Cosalá en Sinaloa. Reportes del Gobierno de México dan cuenta que, desde la década de los noventa, se involucraron en actividades de tráfico de drogas.
Sus redes operativas, entonces pequeñas, entraron en el radar de un ambicioso pero tenaz líder: Ismael Zambada García. En aquel entonces El Mayo se perfilaba a crear junto a su socios Joaquín Guzmán Loera y Juan José Esparragoza Moreno, a la que años más tarde se convirtió en la organización narcotraficante más prolífica y peligrosa del mundo: el Cártel de Sinaloa.
El acercamiento de los Torres Félix con el Señor de los Sombrero quedó grabado en las memorias de Vicente Zambada Niebla, hijo del capo:
"En 1999 y principios del 2000 mi padre se asoció con una persona llamada Javier Torres Félix. Javier era cliente de mi padre y también realizaba algunas funciones para el Cártel de Sinaloa. Uno de los trabajadores de Javier en este periodo era su hermano Manuel Torres Félix, a quien conocí como M1", plasmó El Vincentillo en un diario reconstruido y editado por la periodista Anabel Hernández en su libro El Traidor (2019).
La asociación con los Torres Félix le permitió a El Mayo potenciar sus redes de tráfico de drogas al tiempo que ganó aliados leales dispuestos a defender su lucrativo negocio, incluso con su libertad y vida de por medio.
La caída del JT
Javier Torres Félix llegó a las filas del Cártel de Sinaloa ya con un historial delictivo como precedente. Reportes de la Agencia de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) dan cuenta de que en octubre de 1993, el JT fue sentenciado a ocho años de prisión por el Tribunal Superior de Los Ángeles por conspiración para el transporte, venta o administración ilícita de sustancias controladas, sin embargo, tres años más tarde -en 1996- un juez de inmigración ordenó su expulsión de Estados Unidos, por lo que para noviembre de ese año Javier Torres Félix regresó a México.
Pese a dicho antecedente, el lugarteniente del Mayo Zambada no desistió de involucrarse en actividades delictivas, por lo que en 2003 fue acusado formalmente junto a El Mayo y El Vicentillo por un jurado federal en el Distrito de Columbia por conspiración para importar y distribuir cocaína.
"Se han presentado acusaciones federales separadas contra Torres-Félix en el Distrito de Columbia y Los Ángeles. La acusación del Distrito de Columbia alega que Torres-Félix es un lugarteniente de alto rango de Zambada-García responsable de organizar el transporte de cargamentos de varias toneladas de cocaína a asociados en los Estados Unidos. La acusación también alega que Torres-Félix fue responsable de la recepción y distribución de millones de dólares en ganancias de drogas obtenidas de las actividades de tráfico de drogas", reza un documento del archivo del Departamento de Justicia.
Además de ser un operador logístico, el JT también era un lugarteniente que, de acuerdo con lo plasmado por el hijo del Mayo, tenía un equipo de al menos 50 personas a su mando. A pesar del alto rango que ostentaba en la organización delictiva y el poderío que acumuló, la suerte de Javier Torres Félix no tardó en agotarse.
Una versión difundida por el semanario Ríodoce apunta a que El JT asesinó a un militar cuando trataba de escapar de una revisión. El hecho habría desatado un intenso operativo que culminó con su arresto el 27 de enero de 2004 en el fraccionamiento Colinas de San Miguel en Sinaloa.
El socio y operador del Mayo Zambada fue acusado por delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita, si bien se perfilaba a enfrentar su destino en una prisión mexicana, en 2006 fue solicitada su extradición a Estados Unidos por los cargos que también pesaban en su contra del otro lado de la frontera.
El 9 de septiembre de 2008, El JT fue hallado culpable, por lo que se le condenó a pasar 126 meses recluido en una prisión estadounidense. A sus 53 años, Javier Torres Félix saldó su deuda con la justicia del país vecino, por lo que fue deportado nuevamente en México.
La noticia de su regreso no tardó en correrse entre las filas del Cártel de Sinaloa que ya no era el mismo que dejó años atrás, no obstante, con lo que el socio de El Mayo no contaba fue que en México aún tenía deudas pendientes. ¿Una de ellas? El homicidio de Prudencio Portillo Lizárraga.
El expediente, retomado por el semanario Ríodoce, señala que la víctima trabajaba como albañil en un rancho y fue privado de su libertad el 20 de octubre de 2003. Un día después su cadáver fue localizado con heridas de armas de fuego.
Dos testigos de los hechos aseguran haber visto a Javier Torres Félix durante el "levantón" de Prudencio Portillo Lizárraga, un señalamiento que resultó suficiente para que en julio de 2006 se girara una orden de aprehensión en su contra por el caso. Si bien en dicho año, el JT enfrentaba su destino ante la justicia estadounidense, fue en 2013 -durante su regreso a México- que dicho mandato se ejecutó.
Acusado de homicidio, el socio del Mayo Zambada fue nuevamente arrestado y recluido en el Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 1 en Almoloya de Juárez, Estado de México. Entre amparos y una prolongada disputa legal, el JT permanece recluido mientras que su legado criminal continúa contándose en el actual y fragmentado Cártel de Sinaloa.
El Ondeado y los pistoleros de los Zambada
Pese a que fue por Javier que Manuel Torres Félix se involucró en las actividades criminales del Cártel de Sinaloa, tras el arresto y extradición de su hermano, El M1 se encargó de forjar por el mismo una sanguinaria trayectoria delictiva que lo llevaría a ser conocido también como El Ondeado.
El testimonio de Vicente Zambada Niebla, recopilado por la periodista Anabel Hernández, refiere que desde 2004 Manuel Torres Félix y su gente comenzaron a reportar directamente a El Mayo Zambada. Cuatro años más tarde, cuando estalló la guerra en contra del Cártel de los Beltrán Leyva y Los Zetas, El M1 se consolidó como uno de sus principales lugartenientes.
Con Manuel Torres Félix al mando, el grupo de 50 personas que en el pasado dirigía su hermano se multiplicó. El Vicentillo señaló a El M1 y a su gente de ser directamente responsables de muchos enfrentamientos en los que resultaron muertas muchas personas y de múltiples actos de violencia. Su padre, El Mayo, era el responsable de pagar directamente el salario de los pistoleros de Torres Félix.
"Él no pagaba en dinero al M1, sino que le daba una parte de los cargamentos de cocaína y él, M1, la vendía a clientes. Generalmente mi padre le daba a M1 50 kilos por cada cargamento que mi padre movía. Mi padre usaba este mismo sistema para pagar a otras personas, incluyendo a mí", se lee en una parte del testimonio de Vicente Zambada Niebla en el libro El Traidor (2019).
El Vicentillo recordó haber ordenado personalmente entregarle al M1 aproximadamente 30 kilos y en otras tres ocasiones 50 kilos.Un informe del Gobierno de México también precisa que, junto a Ovidio Guzmán López -hijo de Joaquín El Chapo Guzmán-, El Ondeado coordinaba para su organización la recepción y trasiego de droga proveniente de Sudamérica por vía marítima en Chiapas y Oaxaca.
el dato...Socios y familia
Al viejo estilo de la mafia italiana, en el hampa mexicano los negocios también se sellaban con matrimonios y en la facción del Mayo Zambada no fue distinto. Una de las hijas del M1, identificada como Karime Yameli Torres Acosta, se casó con Serafín Zambada Ortiz, hijo que el cofundador del Cártel de Sinaloa tuvo con Leticia Ortiz.
El rol de pistolero del M1 le valió también el alias de El Ondeado. Sanguinario y despiadado, las atrocidades a los que sometía a sus rivales se presentaban con escenas del crimen públicas por calles de Culiacán, no obstante, hubo un episodio que terminaría por detonar su violencia: el asesinato de su hijo Atanasio Torres Acosta, alias M4.
Fue en 2008, en pleno auge de la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el de los Beltrán Leyva, cuando el también llamado Tachío fue acribillado cuando circulaba en una camioneta acompañado de su esposa y una niña de seis años en el fraccionamiento Montebello en Culiacán. El crimen se lo atribuyeron pistoleros al servicio de Alfredo Beltrán Leyva, alias El Mochomo.
De acuerdo con reportes del semanario Ríodoce, meses después en el mismo lugar donde fue asesinado el M4 fueron abandonadas tres personas decapitadas y con las extremidades cercenadas al interior de un vehículo junto con una víbora de cascabel. Junto a la cruda escena, un mensaje de Manuel Torres Félix dirigido al Mochomo. El Ondeado buscaba a toda costa su venganza.
La temida reputación que se creó, sumado al amplio portafolio criminal que ejecutaba hicieron de Manuel Torres Félix un objetivo prioritario dentro del Cártel de Sinaloa por lo que su caída no tardó en llegar. El 13 de octubre de 2012 la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) informó:
“Tras una agresión a personal militar es abatido JOSÉ MANUEL TORRES FÉLIX alias El Ondeado y/o El M-1, operador del Cártel del Pacífico. Se desempeñaba como lugarteniente de Ismael Zambada García (a) El Mayo Zambada”.
Según detalló el reporte, desde días anteriores, personal del Ejército Mexicano seguía el rastro de El Ondeado en Sinaloa, primero fue en Cosalá, donde lograron la detención de Francisco Javier Acosta Franco -alias El Picho-; Mauricio Mesa Angulo y Guadalupe Franco Azueta. Los tres eran sus escoltas.
No fue sino hasta el 12 de octubre que finalmente El Ondeado fue ubicado en las inmediaciones de la comunidad El Oso Viejo en la sindicatura de Quilá en Culiacán. Manuel Torres Félix fue abatido tras abrir fuego en contra de los soldados con la intención de escapar.
La muerte del M1 no detuvo su legado pues, además de que algunos de sus familiares continuaron involucrándose en actividades delictivas, él trascendió como un personaje de la ‘narcocultura’.
Los ‘narcocorridos’
La trayectoria delictiva que acumularon los hermanos Torres Félix los llevaron a enfrentar sus respectivos destinos entre rejas y bajo tierra, no obstante y por surreal que parezca, sus historias trascendieron a un entorno controversial y alarmante: la narcocultura.
Las que debieron ser una advertencia de no repetición encontraron un lugar en temas musicales no solo que ensalzaron el estilo de vida de sus protagonista sino que lo presumieron con todas las letras de su brutalidad.
"Con cuerno de chivo y bazuka en la nuca, volando cabeza a quien se atraviesa, somos sanguinarios, locos, bien ondeados, nos gusta matar. Pa' dar levantones somos los mejores, siempre en caravana toda mi plebada, bien empecherados, blindados y listos para ejecutar", se escucha en las primeras letras de un narcocorrido titulado Sanguinarios del M1, alias al que respondía Manuel Torres Félix.
El tema, por crudo que parezca, no tardó en cobrar popularidad entre la opinión pública retratando así no sólo un cambio en el hampa mexicano donde los perfiles ultraviolentos se volvieron comunes sino también en la misma cultura en donde los corridos tradicionales pasaron a ser progresivos.
Letras crudas, sin una estructura fija y con una composición musical con acordes distintos los consolidaron como un propio subgénero del regional mexicano. Sanguinarios del M1 se consolidó como un referente de este estilo musical y prueba de ellos son las más de 30 millones de reproducciones que su video oficial acumula en YouTube a más de 15 años de su estreno.
Aunque Javier Torres Félix continúa en prisión, su regreso a México también motivó uno de los narcocorridos más famosos de Calibre 50. En 2013, la aclamada agrupación estrenaba un tema que presagiaba el regreso del socio del Mayo Zambada al hampa mexicano.
"Una banda que me de la bienvenida, un abrazo que me cure las heridas. Los tiempos malos ya pasaron, soy Javier y he regresado porque ahora, ahora va la mía. Tengo ganas y no las tengo por viejo, traigo ganas de chambear y no derecho, que no se les haga extraño se los juro este es mi año que si vuelvo, vuelvo por el mando. Se los dice Javiercito, Javier Torres de Los Llanos", se escucha en una de las estrofas interpretadas por Edén Muñoz.
Aunque el tema combina recuerdos de la vida rural del JT en Sinaloa, la alusión a sus actividades criminales no sólo es explícita sino que también le ha valido multas a sus intérpretes que, de frente a la controversia que han desatado los narcocorridos en México, han tenido que pagar multas u omitir la canción de los setlist de sus presentaciones.
El argumento central en contra de los narcocorridos es la apología al crimen organizado que sus composiciones contienen y que han abonado para que personajes como Javier y Manuel Torres Félix se consoliden como falsos ídolos del narco. No obstante, su historia continúa siendo relevante no sólo para entender los niveles que la violencia ha alcanzado en Sinaloa, sino también los caminos que se recorrieron para llegar a ellos.
ATJ