"No salgan, parece que está pasando algo fuerte", fue la advertencia que Eduardo y sus familiares recibieron la mañana del 22 de febrero de 2026, cuando se alistaban para recorrer las calles de El Grullo, un municipio ubicado en el suroeste de Jalisco y cuya población oscila los 26 mil habitantes.
Habían llegado al pueblo un par de días antes para celebrar una gran fiesta y disfrutar de una convivencia familiar que hace mucho no ocurría. Lo que no estaba contemplado en su itinerario era que ese mismo fin de semana, El Grullo se convertiría en el centro operativo desde donde el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ordenaría múltiples bloqueos tras la muerte de su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho.
En entrevista exclusiva para MILENIO, Eduardo —seudónimo utilizado para resguardar su identidad— narró cómo fue su experiencia y la de su familia en medio de la incertidumbre y la imposibilidad de salir del municipio que horas antes había albergado un ansiado festejo.
Un autobús y una fiesta: el inicio del viaje a El Grullo
Los preparativos del viaje iniciaron, según mencionó Eduardo, a finales de 2025. Uno de sus hermanos deseaba celebrar su cumpleaños en compañía de sus familiares más cercanos, pero la invitación se extendió hasta rebasar las 40 personas.
"Tenía mucho tiempo que no nos veíamos y no nos reuníamos todos", explicó Eduardo.
Con la finalidad de agilizar los traslados del grupo y facilitar su llegada, decidieron rentar un autobús que los trasladara desde distintas partes del país a El Grullo.
El viaje inició la noche del jueves 19 de febrero y terminó, sin ningún inconveniente, la mañana del día 20, cuando la familia llegó a una propiedad del municipio. "Por mi profesión tengo que estar al tanto de las noticias para enterarme de qué sucede en México y no hubo nada que me alarmara ni me hiciera pensar que pudiéramos tener un problema en el viaje", relató Eduardo.
La fiesta fue, en palabras de Eduardo, "maravillosa". "Nos reunimos, platicamos, bebimos tequila, cantamos y todo lo que se pueda imaginar", narró durante la conversación. Además de la compañía de su familia, Eduardo disfrutó la oportunidad de conocer una región de Jalisco muy distinta a la que lo vio nacer.
'Domingo negro' en El Grullo: entre el suspenso y la preocupación
Eduardo y su familia tenían planeado que, después de aquella gozadera, pudieran salir de la propiedad el domingo por la mañana para recorrer el pueblo, comer algo y alistarse para su viaje de regreso. Todo quedó en suspenso cuando pobladores de El Grullo le advirtieron a una integrante de la familia que estaba ocurriendo algo inusual.
"No salgan al pueblo hasta que las cosas se tranquilicen", fue la recomendación que recibieron alrededor de las ocho de la mañana de aquel 22 de febrero.
Para ese momento, aún no había señales de movimientos anormales en El Grullo, por lo que la familia organizó un almuerzo en total tranquilidad, aprovechando la comida restante de la fiesta.
Un par de horas después, Eduardo y sus familiares comenzaron a enterarse, vía redes sociales, del operativo que las fuerzas federales habían desplegado en Tapalpa, a casi 100 kilómetros de distancia.
"Lo que nos decían los pobladores era que ellos temían que pudieran comenzar a ocurrir enfrentamientos ahí", recordó.
El Grullo es un municipio pequeño, de apenas 157 kilómetros cuadrados de extensión, que tiene cuatro puntos principales de entrada y salida: uno por la vía Autlán-El Grullo, otro por la carretera de El Aguacate y dos más por la Carretera Estatal El Grullo-Ciudad Guzmán.
La inquietud se hizo presente en la familia de Eduardo cuando supieron que, en medio de la compleja situación de seguridad en Jalisco, ya se había confirmado la presencia de automóviles incendiados en dos de los caminos que dirigen a El Grullo.
Informes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) revelaron que el operativo para capturar a El Mencho fue planeado el 21 de febrero, luego de confirmar su presencia en un exclusivo fraccionamiento de Tapalpa. Durante las primeras horas del día siguiente, el personal militar estableció un cerco en la zona y fue agredido por los escoltas de Oseguera Cervantes.
Luego de una persecución por una zona boscosa, El Mencho resultó herido y, finalmente, falleció a las 10:30 horas del 22 de febrero, mientras era trasladado para recibir atención médica, según los reportes oficiales.
Esa misma mañana, personal de inteligencia militar identificó que en El Grullo estaba Hugo César Macías Ureña, alias El Tuli, mano derecha de Oseguera Cervantes que fungía como su operador logístico y financiero.
Este hombre, según reveló la Defensa, convirtió a El Grullo en su centro operativo para coordinar bloqueos sobre las vías de comunicación, incendios a vehículos y ataques a militares. "Ofrecía 20 mil pesos por cada militar que asesinara el personal de este grupo delincuencial", precisó el secretario Ricardo Trevilla Trejo.
Con el transcurso de las horas, el temor de Eduardo y su familia creció ante la posibilidad de que el autobús en el que habían llegado al municipio fuera tomado por miembros del cártel. "Nosotros íbamos en un tipo de transporte muy atractivo para tomarlo y bloquear alguna carretera o cosas por el estilo", reconoció en entrevista con MILENIO.
A dicha sensación se sumó la preocupación por las responsabilidades académicas y profesionales con las que cada integrante de la familia debía cumplir al día siguiente.
"Conforme corría la tarde, no había noticias sobre la posibilidad de movernos y eso nos empezó a preocupar. Eso se volvió alarma cuando comenzamos a escuchar los helicópteros del Ejército, era muy agresivo el ruido, eran dos helicópteros volando en los alrededores. En un momento se oyó una descarga muy fuerte de disparos", contó Eduardo.
Acorde con los reportes militares, El Tuli fue localizado en El Grullo por una unidad aeromóvil de Fuerzas Especiales de la Brigada de Fusileros Paracaidistas. Aunque intentó escapar a bordo de un vehículo y agredió al personal militar, fue abatido en la zona.
Las horas más críticas para la familia
Sin poder dimensionar aún el impacto de lo que había ocurrido ese día, Eduardo y su familia supieron que la instrucción del gobierno local era mantenerse bajo resguardo e incluso les recomendaron que apagaran la música y evitaran cualquier escándalo dentro de la propiedad.
Para la mañana del lunes 23 de febrero, la familia se enfrentó a una nueva angustia: la escasez de alimentos. "No podíamos salir a comprar comida porque todo estaba cerrado, no había nada qué comprar y no había qué comer", recordó Eduardo.
De algún modo, la extensa familia tuvo que organizarse para distribuir el alimento y la bebida que aún restaba del fin de semana. "En un espacio así, pues empieza a agotarse la comida, el agua potable y el agua para bañarse. La experiencia fue traumática y fue peor cuando pudimos tomar el camino de regreso", sostuvo.
No fue sino hasta el martes 24 de febrero, alrededor del mediodía, que la familia pudo corroborar que había condiciones para salir de la propiedad y tomar la carretera para regresar.
La primera señal fue la recomendación directa de los pobladores; la segunda fue la confirmación de que había corridas de autobuses en la terminal del municipio; y la tercera fue la notificación de que las carreteras ya estaban liberadas y la Guardia Nacional ya se encontraba en la zona.
"Desde la salida de El Grullo el panorama era aterrador. Autos quemados, camiones con carga todavía ardiendo, comercios, farmacias, talleres mecánicos, todo ese comercio que hay sobre la carretera eran espacios quemados […] Fue un viaje muy angustiante y altamente estresante", compartió Eduardo.
En palabras de Eduardo, la formación y los valores de su familia fueron un aspecto clave para evitar que ocurriera una crisis en el grupo, pues en todo momento se atendieron y respetaron las decisiones de quienes eran mayores. También fue de gran ayuda el hecho de que una de las integrantes de la familia es psicóloga e implementó distintas herramientas para mantener la calma.
De igual forma, la familia estableció un protocolo sobre cómo actuar en el momento en que tuvieran la confirmación de que podían abordar el autobús y salir del municipio. "También debo decir que si eso se hubiera alargado, yo no sé qué hubiera sucedido, porque no puedes mantener tanto tiempo ese nivel de comunicación, de disciplina y de calma en un grupo tan grande", apuntó Eduardo.
El impacto a dos meses del 'domingo negro' en Jalisco
Pese a las escenas de automóviles y comercios incendiados, el momento de mayor alivio para Eduardo dentro de esta experiencia fue cuando el autobús ingresó a la autopista, pues ya todo había quedado atrás.
"Nunca me había sentido amenazado y no había tenido la sensación de no tener un resguardo de a quienes les corresponde resguardar tu seguridad [...] El evento nos marcó, nos hizo sentir lo que pueden estar sintiendo personas de una manera cotidiana en muchos lugares de México".
A dos meses de las afectaciones generadas por la respuesta del CJNG al abatimiento de El Mencho, Eduardo reflexionó acerca de la "marca permanente de miedo y frustración" que puede quedar entre quienes han vivido experiencias similares, ya sea de forma cotidiana o eventual.
"Me ha dejado muchas huellas. Me hace sentir empequeñecido y totalmente impotente, por no tener la capacidad de defender a mi propia familia de un riesgo como ese ni los medios para procurarle a mi familia o a mí mismo un modelo de contención ante este problema tan grave de inseguridad", sentenció.
BM.