A finales de mayo de 2025 la instrucción para autoridades federales en Michoacán fue clara: un convoy debía realizar un operativo contra grupos criminales que operan en municipios colindantes con Jalisco. Personal de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) y de la Guardia Nacional (GN) se dirigieron a la comunidad de El Santuario sin esperar que, para algunos de ellos, esos serían sus últimos momentos con vida.
En cumplimento a su deber, aquel grupo de soldados se adentró a la que es considerado un territorio de choque para dos organizaciones delictivas que se disputan el control tanto de la zona como de diversas economías criminales: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Los Reyes.
Si bien el personal castrense sabía que podrían encontrarse con alguna unidad sicarial de cualquiera de los grupos en conflicto, el verdadero riesgo se escondía bajo tierra de Los Reyes, aquel municipio michoacano del cual líderes criminales como Alfonso Pérez Magallón -alias Poncho o Quiringua- y Luis Enrique Barragán Chávez -alias El R5 o Wicho- hicieron su bastión.
Al estruendo le siguió el caos. Debajo del vehículo blindado que transportaba a los soldados explotó una mina terrestre que arrasó con todo a su paso. ¿El saldo? Seis militares fallecidos y múltiples lesionados. El episodio no sólo fue condenado por autoridades de los tres niveles de gobierno sino que también, exhibió la capacidad de fuego con la que organizaciones criminales cuentan para enfrentarse entre ellas y contra las fuerzas del orden en Michoacán.
Días después, por dicho hecho fueron arrestadas 17 personas presuntamente integrantes del Cártel de Los Reyes, una organización delictiva que ha redibujado el mapa criminal en el estado y que, al igual que otros grupos, tuvo su origen en las autodefensas que algún día prometieron defender su territorio y expulsar al crimen organizado.
¿Cuál es el origen del Cártel de Los Reyes?
En la dinámica criminal que ha prevalecido en Michoacán convergen múltiples factores. Si bien hay patrones de comportamiento criminal similares en algunos municipios, en algunos otros su ubicación geográfica o actividades económicas marcan la diferencia. Tal y como ocurrió en Los Reyes.
Ubicado en el noroeste del estado y colindante con Jalisco, el municipio michoacano se caracterizó durante la década de los noventa por la producción de azúcar hasta que la crisis de dicho producto a nivel mundial obligó a los pobladores a diversificar su giro. Fue entonces cuando, de acuerdo con el artículo Violencia y autodefensas comunitarias en Michoacán (2015) en Los Reyes se inició el cultivo de berries, es decir, zarzamoras, moras, frambuesas y diversas bayas.
En poco tiempo, la producción de dichos frutos prospero al punto de posicionar al municipio como el mayor productor de zarzamora en el mundo. Fue entonces como el cultivo de berries, cañas de azúcar y aguacate se convirtió en la principal actividad económica de la región y, en consecuencia, en foco de interés para los grupos criminales que comenzaban a proliferar en el estado.
"Los Caballeros Templarios mantenían el control de las cadenas productivas en el proceso productivo de la zarzamora y el aguacate. Al ser una región donde la actividad comercial y la agricultura de exportación son relevantes, también existía una fuerte presencia, a decir de los pobladores, del crimen organizado", apunta el artículo académico publicado en la revista de ciencias sociales, Iconos.
Fue entonces como los Caballeros Templarios comenzaron a cobrar a las empresas comercializadoras trasnacionales un peso por cada caja de zarzamora, un modus operandi similar al que instauraron en la Meseta Purépecha en la producción de aguacate.
El asedio del crimen organizado orilló a las comunidades a solicitar ayuda a autoridades municipales de Los Reyes para frenar las extorsiones. La solicitud fue ignorada y entonces se tomaron las armas.
"En marzo de 2013, los grupos delincuenciales secuestraron al encargado del orden de Cherato como represalia por no acceder al pago de las extorsiones. Esta situación derivó en la formación de un grupo de defensa en estas cuatro localidades contra el crimen organizado", detalla el artículo Violencia y autodefensas comunitarias en Michoacán (2015)
Las policías comunitarias establecieron retenes en la carretera que conectaba el valle con la sierra, un corredor estratégico para el acceso a las comunidades y el paso de la producción de aguacate a Uruapan pero, también, para los jornaleros agrícolas que se dirgían a las huertas de zarzamoras.
En julio de 2013 cinco miembros de la policía comunitaria fueron asesinados mientras se manifestaban frente a la Alcaldía de Los Reyes. La agresión no pasó por alto y, ante el abandono institucional, dicho grupo de autodefensas buscó refuerzos en el mismo mal que buscaban combatir.
El vínculo con Cárteles Unidos y el combate al CJNG
En Los Reyes uno de los encargados del levantamiento de autodefensas fue Alfonso Fernández Magallanes alias Poncho o La Quiringua. Si bien en el estado surgieron otros líderes del movimiento como Hipólito Mora o José Manuel Mireles, en Tierra Caliente destacó como cabecilla Juan José Farías Álvarez, alias El Abuelo.
El objetivo de dichas policías comunitarias era tan claro como peligroso: expulsar a los Caballeros Templarios de Michoacán. Para lograrlo, El Abuelo no sólo consolidó una base social en distintos municipios sino que buscó financiamiento en un capo que años atrás había sido expulsado del estado y que buscaba retomar el control de diversas plazas clave para su naciente organización criminal: Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho.
"Múltiples fuentes entrevistadas a lo largo de los últimos años han confirmado que, desde 2013, el líder del CJNG apoyó activamente a las autodefensas, en particular a través de una alianza con el grupo de Juan José Farías, El Abuelo en Tepalcatepec, para acabar con los Caballeros Templarios", plasmó en un artículo el investigador Romain Le Cour Grandmaison.
Desde su autoproclamación como autodefensas, Poncho se convirtió en un colaborador de relevancia para El Abuelo, según da cuenta información del Gabinete de Seguridad. De este modo, ambas supuestas autodefensas recibieron financiamiento del crimen organizado, específicamente del cártel de las cuatro letras.
La investigación de Le Cour Grandmaison publicada a través de Global Initiative Against Transnational Organized Crime refiere que desde 2013 y hasta 2018, Juan José Farías y El Mencho mantuvieron una alianza sólida que se fue deteriorando progresivamente hasta su ruptura definitiva alrededor de 2019. ¿El motivo? Las ambiciones del CJNG por establecer un control directo en amplias zonas de Michoacán. Dicha separación desató una violencia en el estado que, hasta la fecha, prevalece.
Para hacer frente a la organización delictiva fundada por El Mencho, El Abuelo, Poncho y otras células criminales y supuestas autodefensas cerraron filas en un conglomerado que se presentó en el hampa mexicano bajo el nombre de Cárteles Unidos.
Dicha organización mantuvo prácticas propias de las autodefensas como el control a través de feudos, los retenes carreteros e incluso la excavación de trincheras, al tiempo que tejieron redes de contrabando de drogas a Estados Unidos. Se convirtieron en lo que juraron destruir.
Fue así como la disputa que inició como policías comunitarios contra crimen organizado terminó convirtiéndose en una de narcotraficantes contra narcotraficantes. Carteles Unidos contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Si bien dicho conflicto ha sido atendido por las distintas dependencias que conforman al Gabinete de Seguridad en México, las operaciones de tráfico de drogas a Estados Unidos que tanto Cárteles Unidos como el Cártel de Los Reyes mantienen llevó a sus líderes al radar de distintas agencias de seguridad del país vecino.
Las acusaciones en Estados Unidos
Cárteles Unidos, cuya estructura contempla al Cártel de Los Reyes, fue designado como organización terrorista por parte del gobierno estadunidense. Si bien El Abuelo y sus aliados enfrentan sus respectivas acusaciones, en el caso de Poncho y su jefe de sicarios, identificado como Luis Enrique Barragán Chávez, alias R5, sus nombres quedaron plasmados en una acusación formal presentada ante una corte del Distrito de Columbia.
El documento judicial, consultado por MILENIO, refiere que al menos desde enero de 2011, Alfonso Fernández Magallón y su colaborador participaron en actividades de tráfico de cocaína y metanfetaminas a Estados Unidos. Tanto Poncho como El R5 también fueron acusados de delitos relacionados al uso de armas de fuego vinculados a actividades del narcotráfico.
Del mismo modo, el Programa de Recompensas del Departamento de Estado anunció una compensación de hasta 5 millones de dólares para quien proporcionara información que condujera al arresto del líder del Cártel de Los Reyes mientras que por El R5 la oferta de 3 millones de dólares se mantiene vigente.
Haberse convertido en objetivo prioritario para autoridades estadunidenses tuvo también impacto en México donde las diligencias del Gabinete de Seguridad dieron resultados positivos el pasado sábado primero de agosto. Aquel día, el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, informó el arresto de Alfonso Fernández Magallón.
Además de vincularlo a delitos como el robo de vehículos, privación ilegal de la libertad, extorsión y narcotráfico, se detalló que la organización delictiva de Poncho conservaba una alta influencia en municipios como Cotija, Tocumbo, Los Reyes, Buenavista Tomatlán y Peribán de Ramos. Adicionalmente, se le vinculó con ataques a personal militar con drones en el estado.
La caída del líder del Cártel de Los Reyes representó un golpe a su propia estructura y a la de Cárteles Unidos, no obstante, en el estado aún conservan operaciones e influencia algunos líderes que un día se proclamaron autodefensas y que terminaron por convertirse en un actor criminal más de los que proliferaron en Michoacán
ATJ